Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Miedo al terror.

Tengo la certeza que hay muchas personas que no me conocen pero que desean mi muerte. Y la de mis hermanos, mi mujer, mis hijos, mis nietas, mis amigos... Esa certeza sé que me va a acompañar hasta el día que me muera o que me maten.

Y desean rabiosamente mi muerte por algo tan banal como haber nacido en Andalucía, en Europa, y por no pensar como ellos quieren que yo piense y actuar conforme a como he sido educado. Por eso debo morir. 

Por eso están asesinando impunemente cada día a personas -hombres, mujeres, niños- como si fuéramos piezas de caza o insectos perniciosos que debemos ser aplastados o exterminados. 

Y para llevar a cabo este propósito se valen de todo tipo de artimañas y de armamento, secuestrando aviones de linea para usarlos como misiles o derribándolos en medio del océano, usando camiones contra multitudes, coches con explosivos... Van a usar cualquier instrumento que sea capaz de producir muchas muertes en el menos espacio de tiempo. Si pudieran borrar de un bombazo atómico toda mi ciudad dandole a un botón no dudo que lo harían ahora mismo, en este instante.

Cada día asistimos atónitos a un carnaval de secuestros y muertes de inocentes, ya sean soldados de pacificación, periodistas, turistas, empresarios, religiosos y monjas, colaboradores de oenegés, médicos, enfermeros, voluntarios sociales o, simplemente alguien que pasaba por allí. 

Sabemos que a los prisioneros los torturan sin piedad ni remordimientos antes de degollarlos en vivo y en directo y que cuelgan esas escalofriantes grabaciones en las redes sociales para que las vean sus familiares. A veces son niños los que se encargan de ejecutar a los reos.

Se han ido infiltrando desde sus países islámicos sobre todo en Europa y en América para ir creando redes de terror que ataquen indiscriminadamente y maten con lo que encuentren a mano, incluso con cuchillos de cocinas, a personas que encuentran caminando hacia su trabajo, viajando en metro o tren de cercanías, paseando por un parque con sus hijos, curioseando en un mercadillo, sentados tranquilamente tomando una copa en un bar de moda, bailando en una discoteca o escuchando un concierto. 

Ningunos de nosotros estamos a salvo de esta macabra lotería de terror y muerte. Es más, creo que el riesgo de sufrir un atentado terrorista va en ascenso en todos los países europeos y conforme pasen los años menos seguros estaremos.

Porque en mis cortas luces pienso que los terroristas del Estado Islámico, Yihadistas, Al-Qaeda, etcétera, actúan por motivos religiosos, obligados por una especie de "guerra santa" contra los que no profesamos su religión ni seguimos los dictados de sus libros sagrados, llevando a exagerados extremos patológicos su fanatismo obsesivo distorsionando el verdadero espíriritu de su religión. Y esto va para largo. Por dos causas:

Si nosotros tenemos miedo al fanatismo del EI yahidista, de Daesh y otros, mucho más miedo tienen los que conviven con ellos a diario, sus paisanos, amigos, familiares, vecinos, pues saben que cualquier signo de desaprobación o crítica, no digo de colaboración con el "enemigo" acarrea inmediatamente la aniquilación de toda su familia ya sea en Europa o en su país de origen, sino también de clanes o poblados enteros si se sospecha que no colaboran con ellos.

Los católicos y cristianos europeos también tuvimos nuestros extremismos y fanatismos durante muchos años sobre todo desde la Edad Media por sacar de contexto y abusar de interpretaciones de la Biblia y nos costó Dios y ayuda acabar (no hace mucho tiempo por cierto) con las "Santas Cruzadas", los Papas fanáticos y criminales, la Inquisición con las torturas invocando el nombre de dios, las hogueras purificadoras y demás aberraciones realizadas en nombre de la religión. 

Salir de esa dinámica "religiosa" patológica cuesta mucho tiempo... y dinero.


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