Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

La Verdad

¿Que sabemos de la Verdad? No mucho en mi opinión, aunque muchos botarates dicen estar en posesión de ella como si fuera un trofeo que lucir y otros pelagatos la nombran continuamente sobre todo como inicio de sus frases mentirosas y pedantes.

Yo opino que el conocimiento de la Verdad como concepto es el motivo de la filosofía, el origen del pensamiento científico y el arcano oculto -principio y final- de las religiones.

La Verdad no se puede definir, no es cuantificable ni tiene intensidad, no brilla ni reluce. La Verdad es transparente.

La Verdad no tiene género, no es una coincidencia ni una afirmación, no es una teoría ni una hipótesis. Si acaso conocemos alguna otra característica de la Verdad es su dualidad objetiva-relativa. Igual que el espacio-tiempo puede verse modificado por la velocidad de la luz, la Verdad puede ser percibida de maneras diferentes dependiendo de el punto de vista del observador. Un suceso cualquiera que sea relatado por dos o más personas nos dará a conocer diferentes verdades sobre lo sucedido. Y no todas coincidirán absolutamente sin ser ninguna falsa.

Existe una Verdad lógica (epistemológica) o científica que se define como un concepto matemático, más cercano a las leyes de la física y la química que a cualquier otra ciencia. A nivel atómico los científicos la persiguen con enormes aceleradores de partículas. A nivel cosmológico la intentan vislumbrar con enormes catalejos y amplificadores de ecos ancestrales. Buscamos con métodos científicos –razón, entendimiento y experiencia- La Verdad original.

En Medicina sabemos muy bien que la Verdad es esquiva y difícil de atrapar la mayoría de las veces. Aprendí pronto que en mi profesión dos más dos no tiene por que ser cuatro. No hay dos pacientes por muy similares que sean, que sufran de la misma manera una misma enfermedad. Pero sin duda el dolor y el sufrimiento nos acerca siempre a la Verdad porque todos somos iguales ante la muerte. Eso es Verdad.

“Yo soy el Camino, y La Verdad y La Vida” leía yo en el altar de mi Iglesia. Me gusta esta frase que pronunció Jesucristo respondiendo a Tomas. Me imagino que lo que quiso explicar a sus discípulos es que el camino a seguir es el de Verdad, el de la Vida, en contraposición a perdernos confundidos en el sendero tortuoso de la mentira y de la muerte. Esta Verdad es común a todas las confesiones religiosas.

Hace poco he visto un película francesa llamada “El Juez” en el que el Presidente del Tribunal explicaba a los jurados que su obligación era ser honestos consigo mismo a la hora de decidir sobre los hechos juzgados, nunca intentar conocer “la verdad” de lo sucedido, ya que eso comprometería su correcta decisión. Creo que por eso a la Justicia se la representa como a una señora con los ojos vendados precisamente para no tener que ver como manipulamos los humanos a la Verdad.

Curiosamente quienes más hablan de “la Verdad” gratuitamente son nuestros entrañables políticos y sucedáneos. No se les cae la palabra de la boca, todos creen que están “en posesión” de la verdad y acusan de “faltar a la verdad” a los que no están de acuerdo con ellos.

Deberíamos prohibirles de alguna manera que mancillarán una palabra tan bonita y de tanta belleza sonora como “Verdad”, porque está claro que no conocen su significado ni la seriedad que merece su uso. Me atrevería a decir que ni uno solo de nuestros “honrados gobernantes” le tiene respeto a la Verdad. En estos meses que llevamos desde la últimas elecciones hemos sido testigos de una farsa disparatada donde ninguno de los actores ha sido respetuoso con la verdad. Sinceramente creo que todos mienten y nos van a seguir mintiendo con promesas electorales del tebeo, hablando de coaliciones variadas según convenga, de nuevas libertades y progresismo reformista como si estuvieran descubriendo la democracia, de imposibles bajadas de impuestos, de falso estado del bienestar y de otras frases totalmente vacías de contenido real.

La verdad es que es muy difícil conciliar la vida política con La Verdad.

¿Verdad?


Publicado en ABC de Sevilla 

El niño pegón

Algunas tardes me gusta ir con mis nietas al parque cercano a su casa. Allí entre arbolitos y jardines bien cuidados, junto a un bar cafetería con mesas en el exterior, hay una zona delimitada con columpios, toboganes, balancines, una especie de laberinto de cuerdas y barrotes además de otros artilugios que no sé como se llaman. Los pequeños se lo pasan estupendamente subiendo y bajando de los cacharritos, columpiándose, deslizándose por toboganes todos en fila uno detrás de otro, los más pequeños vigilados siempre de cerca por sus padres o abuelos, como es mi caso.

Mi hija ya me había alertado que tuviera cuidado con el niño pegón, un pequeño de entre dos y tres años que por lo visto acude casi todas las tardes al parque acompañado de su madre. Esta se sienta tan tranquila en el bar con su copita por delante, su tabaco rubio entre los labios y su móvil desde el que siempre está chateando o hablando mientras el pequeño se dedica con total libertad a aterrorizar a los otros niños que disfrutan jugando. Empujones a diestro y siniestro, tirones de pelo, algún bocado y otras hazañas bélicas son actividades habituales del niño pegón ante la absoluta indiferencia de la madre absorta en sus gesticulantes discusiones telefónicas. Al parecer si alguien se queja del comportamiento del pequeño ella no presta atención y ni se levanta del asiento. Pasa del niño, según cuentan.

La otra tarde disfrutaba yo en los columpios con mis dos nietas mayores: Celsa tiene ya cinco años y Leonor tres recién cumplidos. Llega un padre de unos treinta y largos años con un pequeño y al momento me percato que la criatura debe ser el niño pegón pues inmediatamente comienza a perseguir a otros niños que juegan tan tranquilos dando empujones, propinando manotazos, queriéndose subir a la fuerza en todos los columpios ocupados despreciando los que están libres, gritando y molestando a todos incluso a los mayores que él que no entran en las provocaciones.

Su papá –un tiarrón fuertote- se ha quedado de pie, inmóvil,  muy serio, observándolo todo desde detrás de las negras gafas de sol pero sin intervenir. A veces da unos pasos a un lado y a otro, mira el reloj con desgana y deja que pase el tiempo entre posturas.

Mi nieta Leonor se tira por el tobogán deslizándose cabeza abajo y riéndose. Yo la espero a ras del suelo para recogerla. De pronto, como salido de la nada, aparece el niño pegón y sin venir a cuento le pega un patadón en la cara a mi niña y huye corriendo a molestar a otros sin mirar atrás. Leonor llora desconsolada y sangra por el labio. Afortunadamente no le ha roto ningún diente. Miro al padre de la criatura que no se ha movido de su sitio y observa impávido a mi nieta sangrando.

Me dirijo hacia él con Leonor en brazos mientras la voy calmando y limpiando la sangre con un pañuelo.

- Oiga, ¿no cree usted que debería tener cuidado que su hijo no pegara a los demás niños? Ya ha visto lo que le ha hecho a mi nieta…
- Son cosas de niños. -Me dice como disculpando a su hijo. – Están jugando…
- No señor, está usted muy equivocado. No son cosas de niños. Estas cosas son de los padres.
- Es solo un niño, ¿qué quiere usted que haga, que lo amarre?
- Ni mucho menos. Su hijo no necesita estar amarrado, necesita que usted lo cuide, que esté cerca de él y lo eduque. ¿No se da usted cuenta que su hijo lo que hace es llamar la atención? ¿No se da usted cuenta que su hijo está reclamando que su padre esté pendiente de él, que lo suba a los columpios, que lo monte en los toboganes, que le hable, que juegue con él? Si se fija, los demás padres estamos todos pendientes de nuestros hijos y nietos, les hablamos, los tocamos, jugamos con ellos, los cuidamos, los ayudamos a divertirse sin molestar a los demás…
La expresión de su cara se endurecía por momentos.
-Además –le dije- su hijo está en la edad en que es obligación de sus padres estar continuamente protegiéndolo y educándolo, es decir, dando ejemplo con mucha paciencia y cariño hay que ir enseñando a los pequeños lo que esta bien y lo que no esta bien. Hay que corregirles los malos hábitos, hay que enseñarles a comportarse y a compartir, a respetar, a obedecer, a entender las órdenes y el significado de sí y no… Y eso usted  no lo está haciendo de ninguna manera, por eso su hijo se comporta así. El daño que su hijo a hecho a mi nieta es solo responsabilidad de usted, no se equivoque. De usted y de la madre del niño… ¿Cuándo tienen pensado empezar a educarlo, eh? -Yo ya estaba lanzado y medio acojonado por la posible tragantá que me iba a pegar el de las gafas de sol-.

El padre me escrutaba con cara seria, demasiado seria, le temblaban los labios. De pronto una lagrima gorda y densa apareció bajando por el surco de la nariz. El buen hombre no dijo nada. Sacó un pañuelo del bolsillo, se secó las lágrimas sin quitarse las gafas, se acercó al pequeño lo aupó abrazandolo y hablándole al oído se lo llevó mientras el niño pegón, aturdido, miraba a su padre con cara de extrañeza.


Animalistas

Mi hermana Lourdes escribe:

Tengo en mi patio florido una salamanquesa que ya ha asomado el hocico y eso que hay días de lluvia, pero ellas presagian el calor. No le deseo ningún mal ni ningún bien, aunque por aquí no puedo decir que le he dado un zapatazo para que no se cuele por la ventana de mi salón porque me he enterado que está prohibido atacar a las salamanquesas bajo multa; pues no, no la he tocado, espero que no cruce la frontera de la reja, persiana y cortina. 

Se que hay seres racionales que aman a los animales vivos, a todos.

Cierta vez di con una ser viva que amaba a los virus y bacterias y por eso no vacunaba a sus niños -juro que es así- y que tuve tres palabras con ella, artista por cierto de la pintura, (pista: O.ka L..). Esta persona es vegana que quiere decir que no come carne ni pescado porque no le da la gana, así que pensé que después de anunciar lo de la no vacunación, tendría una falta de alguna vitamina indispensable para las neuronas, le pregunté si tomaba leche y huevos y me dijo que no, que desayunaba un zumo de extracto de avena con dos cucharadas de polvo de maíz y un boniato hervido, de almuerzo verduras varias y tapioca y de cena pan de pita pero sin lagarto detrás y fruta del tiempo; bueno no está mal, con el tiempo se le pondrá cara de desamparo como dijo Gabo.

Amar a los animales desde una cucaracha que es un ser vivo que no pica ni se come a nadie hasta a un elefante pasando por la serpiente de cascabel, es una nueva corriente que estoy viendo cada vez más extendida. Yo comprendo que los tiempos cambian, todo lo que me ha rodeado en la vida de mi niñez y juventud tiene que ver con el mundo de los animales y del campo, todo o casi todo está o no va a tardar en estar prohibido.

En mi raciocinio y en la manera en la que estoy llegando a los sesenta y un años de vida, no me interesa mucho el mundo del toro ni de la caza, aunque no puedo dejar de estar agradecida a un arte que nos ha mantenido a toda la familia, porque mis ancestros son de ganadería de campos de arroz y de pichones. Son otros tiempos y lo sé, y me gusta que sea así, pero respetando enormemente a la afición, sobre todo a la del toro bravo.

Hoy me han llamado facha, si, y me ha dolido porque no lo soy, si lo fuera no me dolería. Me han llamado facha porque he entrado al trapo cuando han puesto un panfleto diciendo que algunos niños tendrían que salir de casa amarrados y con bozal.

Quién semejante cosa decía es dueña de un perrito al que le da de comer puturrú de fuá, arroz con faisán y jamón de york, le pone chalequitos aunque el perro es peludo y tiene camita -que no va a tardar en tener dosel con cortinas de damasco-. Le dije que no me parecía normal y me contestó que con el tema de los niños, que bien Herodes que volviera. Sin comentarios.

Estamos llegando a un punto de insensatez tan grande que la tierra se va a parar y va a empezar a dar vueltas para el otro lado porque ni las leyes de la física pueden ya con tanta tontera, tanta crueldad y tanta mentira. Otra cosa es la sensatez, tengo amigos que adoran a sus peros y mascotas y lo entiendo y lo comparto, mi amigo Gusy dice que cuando va por la calle con su perro, no es un hombre solo que va caminando, es un hombre que pasea a su perro, toda la razón y mi admiración por estas personas que aman a los seres que les acompañan, se acompañan mutuamente, eso es otra cuestión. Pero no se puede despreciar a un semejante por un animal porque síquicamente no es normal, es un desvarío de la mente, un frikismo una exageración que trae malas consecuencias para los mamíferos humanos.


Nos terminaran cazando a nosotros con sus perritos a cuestas, y eso tampoco.......

MasterChef

Reconozco que a continuación voy a escribir de un asunto que me viene cabreando desde hace años. Igual se me nota.

Me parece desproporcionada la importancia que se le está dando en los medios de comunicación a los programas de MasterChef (o como se escriba) y similares, esos adonde van unos aspirantes a cocineros, -jóvenes o niños- que se prestan a concursar para ver quien es el “chef” mas cualificado según los “entendidos” jurados de los programas televisivos. Allí los hacen competir cocinando contra ellos mismos y contra sus compañeros, guisando y presentando platos diversos. Los televidentes se entretienen viendo como utilizan a los concursantes para crear un ambiente competitivo como de telenovela, pero lógicamente los que miran (miramos) a la pantalla ni huelen ni degustan los platos preparados con lo que se tienen que creer lo que digan los “master chefs”. Absurdo. Es como si nos ponen un programa concurso de músicos tocando instrumentos sin escuchar como suenan, solo viendo como se mueven.

En otros medios como la radio y la prensa se da publicidad a bombo y platillo a estos concursos de cocineros y se ensalza a los vencedores mas o menos como si hubiesen finalizado con sobresaliente la carrera de Físico Nuclear y les esperara un prometedor futuro en la NASA.

Creo que esta comida de coco –nunca mejor dicho- que nos intentan realizar con la cocina de vanguardia y las nuevas técnicas de preparación de los alimentos no es más que una estrategia de márquetin para marear la perdiz (o el conejo) y que de aquí a unos meses todos compremos determinados cacharros de cocina robotizados o esferolíticos que no nos servirán para nada, pero que tendremos que tener si no queremos parecer unos catetos. Esa es mi opinión.

Y creo que la culpa de esta tontuna persistente que tiene amamonados a los cocineros aficionados la iniciaron personajes tan disparatados como el del “El Bulli” y similares que se aprovecharon del dinero de los nuevos ricos para vender humo a precio de quilates de oro en restaurantes donde había mas camareros que comensales. Y por supuesto los clientos snob que acudían como abducidos a que les metieran la mano en la faltriquera a cambio de dejarlos sentarse en la mesa de su restaurante para darles de comer lo que les daba la gana a los “creadores”, en forma de perlas nitrogenadas al aroma de algas, de esferas de camelo caramelizado, de pastel de mocos de búfala viuda, de  melindres de gilipolluá y de pasteles invisibles de aire marino. Así se mantuvieron varios años engañando al personal con estafa organizada en forma de menú “largo y estrecho” hasta que por pura lógica reventó la burbuja culinaria con pérdidas millonarias, tanto para los “sine nobilitate” como para los estrafalarios “masterchefs”.

Da vergüenza observar como estos estelares cocineros “creadores” de los restaurantes de moda se comportan como si fuesen catedráticos de química, ingenieros agrónomos, nutricionistas, filósofos y estrellas de rocanrol, todo a la vez. Y la mayoría no ha superado ni el COU. Patéticos.

Señores: no engañen ustedes a los chavales, que ganarse la vida siendo cocinero no es tan fácil. Merece la pena intentarlo –por supuesto- empezando por las Escuelas de Hostelería y aprendiendo el oficio junto a los cocineros honrados de toda la vida. Después como en todo en la vida hay que tener perseverancia, honradez y suerte.

Menos rollo y más manteca al bollo.