Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Apuestas


Me gusta el método de las apuestas para tomar algunas decisiones en mi vida. Cuando me encuentro entre varias opciones y he de tomar una decisión muchas veces me paro a pensar –incluso decimas de segundo- y  me digo: ¿si tuvieras que apostar ahora mismo por esto o aquello o lo otro que harías? Y apuesto yo contra mi mismo por una de las opciones, la que a mi personalmente me parece no la más probable, sino a lo mejor la más atractiva o mas novedosa o quizá mas estrafalaria y estrambótica, pero que es la que en ese momento me tira de las cuerdas del alma y me hace sentirme vivo y dueño de mis actos.

Por eso hoy y ahora quiero apostar en voz alta y sin miedo a perder mis apuestas en estas cuestiones que me asaltan redundantes en mis entretelas y me desenfocan la percepción de asuntos mucho mas mundanos y consuetudinarios (¡ole!)

Empiezo:

  • Apuesto que los responsables de mas alto nivel de los EREs de nuestra queridísima Comunidad Andaluza se van a ir de rositas a sus cuarteles de invierno sin tener que pasar ni siquiera la pena de banquillo.
  • Apuesto a que el popular Juanma Moreno del PP de Andalucía se marchará pronto a su chalet de verano debido a su falta de popularidad.
  • Apuesto que el alcalde Espadas todavía nos tiene que dar mas de un disgusto económico a todos los sevillanos, en nombre de dios sabe que impuestos.
  • Apuesto que el ciudadano Marín del partido Ciudadanos en Andalucía termina con carnet del PSOE y sentado en el Senado antes de su jubilación.
  • Apuesto a que nuestra líder socialista de Andalucía le quita la silla social antes o después a Snchz y este se mete un español jardazo de urgencias de traumatología.
  • Apuesto a que Pablo Iglesias termina cortándose la coleta.
  • Apuesto que Arturo Más nunca se nacionalizará catalán por menos de un 3%.
  • Apuesto a que ningún Pujol de los Pujol de toda la vida de Barcelona va a ir a la trena.
  • Apuesto que Isabel Preysler todavía se quedará viuda cuatro o cinco veces más.
  • Apuesto que en mi queridísima Huelva cualquier día va a pasar una tragedia gorda por mor del Polo Químico y Apestoso.
  • Apuesto que los biciclistas aceristas no tienen ni idea de las normas de circulación que deben respetar, y cualquier día atropellan a un chiquillo.
  • Apuesto que (el coche de) Cristiano Ronaldo pierde aceite.
  • Apuesto a que el coche de Fernando Alonso pierde aceite.
  • Apuesto que mi Sevilla FC este año tiene que luchar mucho para no bajar a segunda.
  • Apuesto que Unai Emery tiene ya equipo para entrenar el año que viene, extranjero y todo. (¡Ojalá!)
  • Apuesto que el Pregón de mi amigo don Rafael González Serna va a ser el mejor Pregón de Semana Santa Jamás Escuchado.
  • Apuesto que Morante de la Puebla bordará el toreo en la Plaza de Toros de Sevilla el próximo abril.
  • Apuesto que el año que viene por estas fechas, a pesar mis apuestas disparatadas, vamos a estar mas o meno igual que estamos ahora…



Y que ustedes lo vean.

Tranvias y Setas

Publicado en XYZ

Opinión personal e intransferible (aunque recojo el sentir de muchos amigos y conocidos):

Sevilla cada vez es una ciudad menos agradable para lo sevillanos. No digo yo que no sea una urbe buena para vivir, con sus muchos días de sol y cerquita de las playas y de la sierra, muy bien comunicada con el resto de España y envidiada por el resto de las ciudades de Andalucía por ser de hecho “la capital” de la Comunidad Autónoma, -aunque le pese a nuestros vecinos regionales y les duela la poca importancia que le damos los “miarmas” a sus celos y duelos-.

Pero los sevillanos que vivimos en Sevilla y la usamos pateandola a diario de barrio en barrio -ya sea en busca de tabernas o de capillas- la estamos viendo transformarse a peor cada año que pasa, estamos notando como se va desmoronando poco a poco la Sevilla sevillana a la vez que va emergiendo otra ciudad diferente, una ciudad que no tiene nada que ver con la Sevilla de sus vecinos habitantes, sino mas bien la Sevilla/Ciudad de los Políticos y de sus caprichos y ocurrencias, de sus desmanes y dislates, la ciudad de los disparates, que por cierto rima con botarate.

No puedo negar que desde mi infancia he visto como se derribaban palacios y casonas señoriales para construir verdaderos bodrios en las zonas más céntricas y antiguas, el asfalto acabó con avenidas preciosas de adoquines con alamedas llenas de árboles que daban sombra al tranvía que llegaba desde el mismo centro a los arrabales de chalecitos de la expo del 27; que durante muchos años viví las molestias del intento del construir el primer metro que socavó la ciudad entera para después enterrarlo de nuevo, que etcétera, etcétera…

Pero lo que hemos presenciando los sevillanos en los últimos años, primero con el carísimo (y absurdo) Metrocentro que no resuelve nada pues estorba más que otra cosa y para mi es una inconsciencia hacerlo circular por una Avenida atestada de peatones paseantes que sorteamos veladores, ciclistas contra reloj individual y por equipos, artistas y músicos variados, truhanes especializados en el burle y descuido del turista etcétera, y sobre todo con el bodrio Metropol-Parasol vulgo Las Setas de la Plaza de la Encarnación es de autentico despropósito, un monumento al mal gusto y un desastre urbanístico.

Bajo mi punto de vista se trata de como dilapidar una fortuna para no aportar absolutamente nada a la ciudad. ¿Para que sirven? ¿Qué necesidades de los sevillanos cubren? ¿Qué beneficios nos aporta? ¿Cuánto han costado? ¿Qué se podría haber hecho con esos dineros? ¿Quién tiene la culpa? ¿Quién se ha beneficiado? ¿Por qué? Lo único que sabemos es que los alcaldes se pelean en público por quitarse de en medio de tamaños desaguisados. Vergonzoso. Que dejen el centro como está y no lo toquen ya más, por favor.

Miren ustedes honrados gobernantes: lo que necesitamos los sevillanos no es una Torre Pelli, sino cincuenta, todas juntitas una al lado de la otra en la Cartuja, llenas de oficinas de negocios y de industrias y de puestos de trabajo para cuantos más sevillanos felices y contentos, mejor.


¡Y déjen de tocarnos los compañones, hombre!

Caca y Pipí...


Al parecer cuentan los forasteros turistas que vienen de visita a nuestra bendita Sevilla capital que se lo pasan divinamente visitando sus monumentos, alimentándose con las tapas y disfrutando con el ambiente de la calle y de los barrios, pero entre las cosas que echan de menos es que no haya retretes públicos en las zonas turísticas. Yo estoy completamente de acuerdo.

Los oriundos capitalinos no tenemos ese problema pues si nos apremia una meada inoportuna o nos ataca un rebelde y traicionero apretón sabemos defendernos en el primer establecimiento privado que nos coja a mano, ya sea el bar de toda la vida o cualquier otro restaurante que se cruce en nuestro rumbo sin desdeñar hoteles, tiendas modernas o incluso oficinas bancarias afines a nuestro pecunio (¿verdad Cesar?).

Pero claro, el turista no tiene estas costumbres nuestras y es mas dado a los urinarios y retretes públicos que a cambio de una moneda puede acceder a un espacio privado y automatizado dotado de taza inodora, higiénico papel y lavabo con su jabón y toallita efímera. Una delicia para los turista jartos de paella y de sangría.

La verdad es que no tengo ni la más remota idea de si existen en Sevilla este tipo de retretes públicos… lo voy a mirar en el internet. Un momento…. ¡Vaya tela, parece que no están en uso desde 2013 mas o menos…!

Pobres guiris, me los imagino por el parque de las palomas, por el barrio Santacruz o por el entrono de la Catedral meandose vivos y con la carga atrás, sin saber donde meterse… ¡Con lo fácil que sería para nuestros honrados gobernantes dotar a esta ciudad que quiere ser cosmopolita de unos modernos urinarios de última generación como existen en las más distinguidas ciudades europeas!

Porque además les cuento lo que me pasó no hace mucho, sirva de ejemplo de lo que quiero decir.

Andaba yo de paseo matutino un sábado por la mañana, mi chándal y mis babuchas deportivas, con marcha atlética y aeróbica cuando de repente me ataca un retortijón que anuncia inminente tormenta por la retambufa. Barrio de Heliopolis, bar con veladores al sol y parroquianos desayunando a media mañana, el interior del bar desierto. Me dirijo al camarero – sudamericano de aspecto y de acento más todavía como de recién llegado-  muy educadamente: por favor, el cuarto de baño? Y me responde el gachó sin mutarse: ¡Solo para aguas menores, para las mayores se va usted a su casa…! Así, sin anestesia.

Me quedo cortado y me voy al trote unos metros más allá a una moderna cafetería de toda la vida donde resuelvo el entuerto de mis tripas sin daños colaterales. Vuelvo al bar del de las “aguas mayores”, el sudamericano repeinado atiende a un par de clientes y me quedo mirándolo fijamente mientras prepara algo detrás de la barra. Me mira. “Espero que nunca te digan en España que cuando tengas ganas de cagar te vayas a tu casa, amigo…”


Y no dijo ni pio.

La Gestión Emocional


El cerebro humano es una fábrica maravillosa capaz de ir convirtiendo casi instantáneamente la información que le llega por los órganos de los sentidos en emociones. Las emociones van creando recuerdos que se van archivando en la memoria. 

Con el paso de los años somos capaces de ir analizando emociones y recuerdos y de ir “razonando” para adaptarnos a las circunstancias. Pero el mecanismo interno por el que esto acontece es mucho más complejo de lo que nos podemos imaginar y los neurocientíficos aún desconocen como se originan determinadas conductas y comportamientos adaptativos. 

Lo que sí intuimos es que no toda la información que llega al cerebro es utilizada emocionalmente, gran parte es “escaneada” y eliminada inmediatamente por ser considerada conocida y aceptada como rutina no útil. Por ejemplo si vamos conduciendo un coche con serenidad el cerebro va procesando el sonido del motor y del rodamiento, la visión de otros vehículos y de la carretera sin producir emociones duraderas, pero si suena un claxon o un chirrido inusual instantáneamente se desencadena un proceso de alerta cerebral que activará mecanismos emocionales hasta que pase el peligro. ¡Qué susto!

En nuestra vida diaria sucede algo parecido. No es bueno para la razón ir por la vida diariamente con el acelerador pisado a fondo siempre alertas, mas vale ir pasito a paso disfrutando del paisaje y gestionando las emociones de forma racional. Lo sensato es usar la razón para ir gestionando nuestras emociones y tomar decisiones certeras, pero en determinadas ocasiones el cerebro responde a estímulos externos o internos produciendo emociones que afectan a la razón. Y si actuamos –o conducimos- desbordados por las emociones ya sabemos lo que suele ocurrir.

El conflicto entre razón y emoción suele producir estrés. En el caso del estrés mantenido se genera ansiedad y angustia que afectan a la razón, y la persona afectada sufre y padece los síntomas del exceso de liberación de catecolaminas: inquietud, falta de concentración, palpitaciones, opresión de pecho, fatiga, sudores… Si este cuadro persiste puede afectar seriamente la calidad de vida de los afectados.

El descanso es necesario para la salud de nuestra mente. Durante las horas de sueño se restablecen circuitos cerebrales desgastados y se ordenan las emociones y recuerdos. Una vida saludable y ordenada, el deporte, el yoga, la meditación, la naturaleza, la lectura, el conocimiento, el arte, la conversación… generan emociones placenteras.

Yo aplico estos consejos conmigo mismo y con mis pacientes. Considero el estrés y la ansiedad como una patología de alta incidencia en mi practica médica, en una franja de edad entre treinta y cincuenta y tantos años, y le doy la máxima importancia. Me consta que muchos síntomas que se pueden interpretar como anginas de pecho o problemas neurológicos son atribuibles a crisis de pánico producidas por mala gestión de las emociones secundarias al estilo de vida estresante y angustioso que llevan estas personas.

Los médicos nunca debemos banalizar estos diagnósticos psicosomáticos ni quitarle importancia a los síntomas de estos enfermos. Al contrario, un diagnostico correcto y el adecuado tratamiento coordinado entre médico y psicólogo consigue la remisión de estos padecimientos además de evitar gastos innecesarios en pruebas médicas y en medicamentos.


Nos preocupamos diariamente y con el mayor interés de las gestión de nuestros dineros y bienes materiales. Preocupémonos igualmente de la gestión de nuestras emociones con la herramienta mas útil que tenemos: la razón.