Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Resultados electorales

Hablaba hace unos días con un amigo que me pronosticaba los resultados electorales las elecciones al Parlamento Europeo y comprobé que no se equivocó en casi nada. Desastre del bipartidismo absurdo que se comporta como un matrimonio que lleva treinta años casado y siempre están acusándose de "¡y tu mas..!"... es algo tan esperpéntico que no se como nos le da vergüenza comportarse así delante de todos los españoles. 

En el fondo yo creo que como ellos (los políticos) son cortitos de entendederas pues llevan toda su vida laboral comiendo y rumiando del mismo pesebre y sin cambiar de postura postrada con el culete al aire, aire pútrido de las oficinas de las sedes de los partidos políticos mayoritarios y que por mas colonias que se pongan trasladan esa peste al Parlamento, sede de los absurdos representantes del pueblo porque además se piensan ellos que nosotros los electores somos gilones, que somos tontos, que no sabemos lo que queremos, y por eso se pegan estos costalazos electorales que acabamos de protagonizar con abrumadora abstención, con caídas espectaculares del PP y del PSOE y con el lógico resurgir de minúsculos partidos políticos que recogen la ilusión y la esperanza de muchísimos desencantados a los que les importa un pito la teatral pantomima de los telediarios diarios con sus marionetas y sus monigotes engominados y predispuestos a decir consignas que nadie se cree y nunca nadie se creerá, pero largan discursos y frases embusteras y repetidamente manidas y sin valor, como si cada palabra o frase de ellos fuera uno de los diez mandamientos indispensables para ser buen ciudadano: "vote usted a mi partido, los de enfrente son unos embusteros, yo se donde esta el camino, los de enfrente están perdidos, hágame usted caso y yo le compensaré, los otros solo quieren lo peor para usted", etcétera etcétera, y no dicen ni una sola palabra que tenga que ver con la realidad, con los sentimientos, con las necesidades urgentes de los ciudadanos desfavorecidos por la falta de trabajo y por los impuestos abusivos, con los problemas de una juventud que no siente ningún interés por estudiar y menos por esforzarse en aprender un oficio, y no digamos por trabajar a destajo por una miseria, tanto es así que los jóvenes se están convirtiendo en armas que carga el diablo contra ellos mismos... y veremos a ver lo que sucede dentro de pocos años con tanto indignado contra todo y contra todos, pues no vamos a tener inteligencias útiles ni técnicos ni mano de obra para reconstruir la infraestructura política y social de este país que cada vez cae mas bajo en el fango de la podredumbre y de la corrupción.

Pero los "políticos" siguen alegrándose y felicitandose por el resultado de las elecciones.

Y punto.

El miedo.

Leí en El Pais del domingo 11 de mayo de 2014 el articulo “¿Quién teme al miedo feroz?” escrito por Manuel Cruz, Catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona y desde entonces vengo dando vueltas al tema del “miedo” como motor y freno de nuestras vidas, a veces impulso de actos heroicos y las más veces responsable de parálisis de la voluntad y en casos especiales hasta de las funciones motoras.

¿Qué es el miedo? Sin duda los médicos y científicos sabemos que es una reacción fisiológica producida en un área del interior del cerebro de los humanos llamada “sistema límbico”. En este sistema complejo de neuronas específicas y sustancias químicas (hormonas y neurotransmisores) se producen además las emociones básicas, la alegría y el placer, la ira y la agresividad, el instinto y atracción sexual… Y curiosamente en este sistema límbico radica también el centro de la atención al entorno externo y la memoria a corto y a largo plazo.

Una definición fácil para el miedo podría ser la reacción producida ante el peligro de perder la vida. Esta definición incluye el instinto de supervivencia de los animales cuando “huelen” el peligro y se defienden o se ponen instintivamente a salvo. Pero en el ámbito humano esta definición ha de extenderse a la reacción cerebral ante la amenaza de perder algo que se cree poseer, ya sea la seguridad o integridad física, psíquica, económica, familiar, la salud…

Pero este Catedrático profundiza en una cuestión muy interesante como es el origen de los miedos en el ser humano. De hecho opina que los niños nacen sin miedos y que el grueso de estos son inducidos en el cerebro mediante el proceso de la educación: “educar a un niño implica también traspasarle un repertorio de miedos que actúen a modo de mecanismos automáticos en tanto no pueda utilizar su propia capacidad deliberativa.” Es lógico. Ejemplo: el miedo de los padres a que a nuestro hijo lo atropelle un coche nos hace inculcarles el miedo a cruzar las calles sin  nuestra ayuda.  Cada sociedad crea sus estereotipos de miedos para asustar a los niño; mi Tata Meme con toda su buena intención, pero supongo que harta de niños a las diez de la noche, nos daba un buen repertorio de sustos para que nos durmiéramos antes de que llegaran el coco, el lobo, el ogro, el hombre del saco, la bruja, etcétera.

Con el paso del tiempo vamos desechando los miedos infantiles (yo sigo teniendo miedo a la oscuridad…) para adquirir otro tipo de miedos mas juveniles basados en el tipo de educación familiar, religiosa, entorno social y político… estos miedos son inducidos por aquellos que tiene capacidad de hacerlo, es decir por los que ostenta El Poder: “…bien podría decirse que la historia de los miedos es la historia del poder y de sus formas.” De esa manera el miedo es usado por los gobernantes, los militares, los educadores, los profetas, los semidioses religiosos, etc, como la mejor arma para someter a cientos de miles de ciudadanos. La Historia de la Humanidad es la historia de la manipulación del hombre por el miedo al hombre.

Pero el miedo que a mi me interesa es el miedo nuestro de cada día. El miedo irracional y absurdo que no nos deja disfrutar de la realidad verdadera y normal de nuestra existencia. Es lógico que tengamos una alerta siempre de miedo en nuestra mente ante determinadas amenazas: catástrofes medioambientales, epidemias, inseguridad ciudadana, crisis económica, pérdida de empleos…esta alerta es útil y forma parte de nuestras experiencias de adulto.

Pero supongo que un exceso de miedos en la infancia y en la adolescencia suponen un lastre difícil de soltar para el resto de nuestra vida. Estoy seguro que muchos miedos infantiles se convierten (se pueden convertir) en inseguridad y amenaza constante en nuestra madurez. En el sistema límbico se procesan y archivan también los recuerdos, y el miedo a veces puede aparecer como un recuerdo… pero no sabemos por qué.

El “ser adulto” implica un riguroso control y racionalización de nuestros miedos. Superados los miedos infantiles y discriminados los miedos juveniles por nuestra capacidad de raciocinio, debemos afrontar nuestra etapa “adulta” con confianza y seguridad. Si no es así, no alcanzaremos nunca (yo el primero) la templanza necesaria para disfrutar de los placeres que nos pueda ofrecer el otoño de nuestras vidas.

Y existen soluciones para aquellos que padecen exceso de miedos irracionales que no les permiten llevar una vida “natural” acorde a sus circunstancias.


Los Psicólogos nos pueden ayudar a racionalizar y superar estos “miedos” que solo aportan angustia y ansiedad a nuestras vidas.

El Toro se defiende solo.

Ayer me convidó mi amigo Pepín Lirola a los toros. Dos entradas de primera fila de barrera en el tendido 11. Una tarde de primavera veraniega, muy sevillana, luminosa y refulgente sobre la cal y el albero de la Plaza de Toros de Sevilla, la más bonita del mundo. Y reconozco que fui sin ganas, como suelo ir desde hace ya años a ver las “corridas de toros”,  sin ganas y con espíritu crítico, incluso un poco con la intención de ponerme en el lugar de los antitaurinos que consideran una “crueldad” todo aquello que le sucede al toro durante su lidia y muerte en la plaza.

El cartel de toreros es lo de menos, tres toreros jóvenes que deberían de salir a comerse el mundo en forma de toro bravo. Los toreros merecen todo mi respeto y admiración pues sé que todos son unos valientes que se juegan la vida cada tarde que se ponen delante de una vaquilla, de un novillo o de un toro. 

Esta reflexión taurina no surge de nada que tenga que ver con el oficio ni con las personas-toreros-subalternos-picadores-etcétera, es una opinión sobre la conveniencia o no de defender la llamada “fiesta de los toros” y como hacerlo.

Y voy a empezar por el final, por donde quiero llegar: la única defensa cierta y lógica que tiene esto que llamamos “las corridas de toro” consiste en la bravura del toro. Si el toro no es bravo, todo se convierte en una farsa embustera, en una charlotada y en un esperpento que es muy posible que produzca rechazo vergonzoso por antinatural y sangriento. Por supuesto que sí. Es como si –imaginaros- para matar a un toro retinto criado para ser carne de restaurantes lo sacrificaramos en público y le pusiéramos banderillas, puyazos a caballo y luego estocadas y puntillazo. Y el público en los tendidos de la plaza, aplaudiendo y tomando copas o comiendo un guisote mientras el animal se desangra impotente y sin saber que es lo que ocurre a su alrededor. Ni más ni menos que eso es lo que aducen los vehementes antitaurinos que esta sucediendo en la corridas de toros que nosotros –los “taurinos”- defendemos e intentamos razonar. Y si seguimos así puede que el tiempo les dé la razón.

Lo que diferencia a un toro manso de un “toro de lidia” es la bravura. ¿Y que es “la bravura”?

¿Diríamos que un león es bravo? ¿Un tigre? ¿Un cocodrilo? ¿Un tiburón? No señores. Estos animales son fieros solo cuando tienen hambre y además suelen ser cobardones y cazan solo en grupos o cuando ven que la presa esta desprotegida. A la menor dificultad se dan la vuelta y a esperar tiempos mejores. El concepto de “bravura” viene determinado por unos genes especiales que incluyen muchas cualidades asombrosas que se dan específicamente en el “toro de lidia”. La bravura no depende de los instintos del animal, del hambre o la sed, ni tiene que ver con el celo, ni con la defensa de su territorio… tiene que ver con la esencia misma del Toro Bravo, con miles de años de ser señor y dueño de las marismas y de los pastos hispanos sin tener otro depredador y enemigo que sus hermanos de manada... o el hombre con afán domesticador.

Y es este hombre con afán domesticador el único que puede modificar la genética brava del toro de lidia. Desde que hace ya cinco siglos los frailes terratenientes decidieran agrupar a las manadas de estos salvajes uros (Bos Taurus Hispánicus) en cerrados porque apreciaron en ellos estas cualidades específicas y más tarde decidieran cederlos para ser expuestos al público en espectáculos públicos (“corridas de toros”) y para luchas entre toros con otros animales o entre toros y hombres, hasta hoy día, la energía que mantiene viva y encendida esta unión entre toros y toreros es eso que llaman “la bravura”.

La bravura es lo que hace que esto bovinos especiales embistan una y otra vez sin descanso y con tesón al peligro que se les presenta en forma de invasión de su intimidad, de su territorio inmediato. No cesarán de embestir con codicia y tesón hasta que se le agoten las fuerzas, hasta la muerte… Es este instinto de acometer embistiendo sin desmayo con la cornamenta por delante buscando topar y desembarazarse del peligro (cornear), es lo que define al toro bravo.

Con el paso de los años las manadas de toros fueron pasando de manos de los frailes (Iglesia) y de la nobleza (Realeza) a manos de criadores particulares que fueron seleccionando aquellos ejemplares que mas les gustaban según sus caracteristicas externas (fenotipo) y su instinto y comportamiento (genotipo). Es lo que conocemos por “trapío” o aspecto externo y “casta” como sinónimo de bravura heredada supuestamente de su reata, de sus progenitores. A los toros de lidia hoy día se les supone la “casta” igual que a los solados el valor.

Desde que tengo uso de razón he sido testigo de la evolución fenotípica y genotípica del toro de lidia. Y perdonen mi inmodestia pero yo con cuatro o cinco años, sentado a las faldas de mi tia-abuela Doña Concepción de la Concha y Sierra  en la plaza de tientas de la Abundancia miraba através de un ventanuco las corridas que se iban a embarcar a las palzas de toros de Madrid, Zaragoza, Barcelona, etcétera, y lo que veía me parecían los animales mas bellos y terroríficos del mundo, berrendos en blanco y negro, ensabanaos, chorreaos, sardos… y más tardes en La Alegría con mi tío Juan de Dios y mis primos he admirado la belleza y grandeza del toro bravo libre en el campo.

Y por eso soy de la opinión de que la única defensa que tenemos los que admiramos a estos animales y los que nos gustaría que siguieran muriendo heroicamente en una plaza de toros luchando por su vida eterna (si, eterna he dicho) es que los señores ganaderos que tiene en sus manos las selección de esta especie animal tan excepcional salvaguarden su bravura y casta brava anteponiendo esta cualidad psicológica indispensable y patognomónica del Toro Bravo a otros aspectos menos necesarios como podrían ser la “bondad”, la “clase”, la “suavidad”, la “docilidad”… adjetivos que no concuerdan con la defensa que propongo del toro de lidia.

Dejemos que los artistas sean los toreros y no los toros. El toro tiene que ser un animal con instinto de embestir y la codicia de cornear. Y cuanto más mejor. Y tiene que tener peligro. Y tiene que defenderse en determinados momentos y atacar en otros. Y tiene que desarrollar instintivamente sentido de supervivencia. Y tiene que morir matando si puede…

Y que cuando salga un toro a cualquier plaza de toros de España, de Francia, de America o de cualquier rincón del mundo se haga un silencio de respeto y admiración al animal que por su tipo y por su carácter, por su lucha y por su muerte tan digna en cada Plaza de Toros, merezca el reconocimiento del público, todos puestos en pie y orgulloso de nuestras tradiciones.

De esta manera tendremos Toros toda la vida.