Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

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Ni yo me lo creo. Doscientas mil visitas ya en este humilde Cuaderno que sin saber como ni por qué lo titulé Casos Clínicos, quizá pensando que solo comentaría asuntos relacionados con mi práctica médica. Pero cabe la posibilidad que traicionado por mi subconsciente rebuscara un nombre para el Blog que en Andalucía tiene el significado oculto de adjetivo: “fulanito es un caso clínico” como queriendo decir que es alguien que se sale de lo normal, o “el asunto tal o cual se está convirtiendo en un caso clínico…” En realidad el nombre no sé si viene al caso en este Cuaderno/Blog donde escribo tantas cosas diferentes y donde estoy volcando poco a poco mis recuerdos de la infancia, mis opiniones, mis estados de ánimo, mis dudas, mis poemas tan malos, mis recuerdos familiares, mis cuentos, mis embustes, mis oraciones, mis temores, mis alegrías y mis confesiones.

Mi primer articulo o “entrada” lo escribí el 4 de enero de 2011 y lo corto y pego para repetirlo textualmente:


Hola amigos, creo que es un buen año para empezar a publicar mi blog "Casos Clínicos", que, aunque el título haga referencia al mundo de la Medicina y casualmente yo sea médico especialista en Medicina Interna, mi intención es que este cuaderno por escribir este abierto a todas las Ciencias y las Artes, que sea un foro de Libertad, Igualdad y Fraternidad, un escenario donde pensar en alto, exponer ideas, discutir experiencias profesionales o personales, contar cuentos, recitar poesías, cantar canciones, llorar emociones.....
Creo en el dialogo y en la discusión porque todo puede tener (debe tener) varios puntos de vista, creo en las tormentas de ideas, creo en los idealistas sinceros, creo en los que creen con fé, creo en los que me transmiten confianza, creo en las personas que sufren y callan, en los humildes, en los bien educados, en los revolucionarios pacíficos, en los ecologistas auténticos, en la naturaleza virgen, en los jipis, en los poetas, en los majaretas... creo sin duda en los hombres y las mujeres LIBRES.
No me gusta los que gritan, los que no escuchan, los que no leen, los que no oyen la música, los que no estudian ni aprenden porque creen que lo saben todo, los presuntuosos, los mal educados, los falsos de doble cara, los que no se ganan el pan con el sudor de su frente, (es decir la mayoría de los políticos de profesión), los que se acomodan entre mentiras.....
No me gusta hablar de religiones y creencias, creo que desunen mucho mas que unen. A la Historia de la Humanidad me remito. Que cada cual crea y profese los ritos o religiones que quiera, en privado y en silencio, sin tratar de imponerlo a los demás.
Me molestan los llamados "políticos", la clase política en general salvo escasas y honrosas excepciones no son santo de mi devoción ya sean del color y partido que sean. No los entiendo cuando hablan, no los creo cuando algo entiendo, no los admiro, no comparto sus modales ni sus ideales, me molestan sus modos y sus maneras, su discurso fatuo me cabrea, y además han sacrificado por un puñado de prebendas materiales lo más importante que deben conservar los hombres y mujeres: La Dignidad y la Libertad.

Cuando releo esto que escribí me sigo identificando conmigo mismo exactamente igual que entonces y espero que ustedes piensen que este humilde Cuaderno esta cumpliendo lo escrito en este primer testimonio de mis intenciones.

Doscientas mil visitas no lo esperaba yo jamás en la vida. Y menos tantos comentarios que habéis dejado grabados a fuego en estas páginas, tan importantes para mi. Lo típico y fácil es dar las gracias a tod@s por leerme y por participar. Por supuesto que estoy infinitamente agradecido y satisfecho de vuestro reconocimiento, pero voy a deciros a cada uno de ustedes y de forma “personal e intransferible” -como me gustaba leer en esos papelitos que nos daban cuando alquilábamos una silla metálica en la Plaza Nueva-, que sin vuestra presencia no hubiera tenido ánimo para seguir en muchos momentos de bajona física y mental. Que este Cuaderno, gracias a vosotros, me esta sirviendo de terapia psicológica para conocerme mejor, que gracias a vuestra ayuda y vuestros comentarios tanto en el Blog como en la calle me siento acompañado siempre incluso en mis más duros momentos de soledad. Y eso no se olvida. Solo por eso pienso seguir aquí mientras tenga fuerza, salud... y algo que contar.

Además creo que este Cuaderno esta siendo y servirá como parte del testamento que quiero dejarle a mis hijos Ana y Celso y a mis nietos, que quiero que sean muchísim@s, para que sepan bien como pensaba su abuelo Celso, por si les pudiera servir de algo.

Por supuesto quiero darle las gracias a mi familia entera, a mis primos, a todos mis hermanos, pero sobre todo a  mi “socia” y queridísima hermana Lourdes que es mi “alter ego” y coescritora. Sin ella este Cuaderno no sería el mismo. Un beso hermana.

Y no se me puede olvidar pedir perdón a mi santa María José, a la que he robado tantas horas de mi tiempo libre por este vicio de escribir y contar lo que uno piensa o lo que a uno le gusta o no le gusta. A ella le debo tanto y desde hace tanto tiempo que necesitaría un libro muy gordo para darle las gracias.

Señoras y señores, sin ojana ninguna: GRACIAS.

El Alquimista

Este año los Reyes Magos, tan listísimos ellos, me han traído un libro estupendo: La Tabla Periódica, un tratado escrito por el periodista e investigador Hugh Aldersey-Williams acerca de “la curiosa historia de los elementos”  en la que nos va contando con ciencia y arte como se fueron descubriendo cada uno de los elementos mas representativos de la Tabla Periódica, en su contexto histórico, científico, cultural y anecdótico. Un tesoro para las mentes curiosas y sin limitaciones científicas (como espero que sea la mía) que me está robando horas de sueño pues no encuentro el momento de dejarlo por las noches hasta que se me caen los ojos.



Todos nosotros estamos compuestos por una suma de los elementos de la Tabla Periodica, en realidad solo somos una mezcla de  compuestos químicos y minerales reaccionando continuamente entre si. Se supone que estamos compuestos por unos 60 elementos, pero los mas importantes son solo cinco o seis de ellos: Oxigeno (65%), Carbono (18%), Hidrogeno (10%), Nitrógeno (3%); Calcio (1,5%), Fósforo (1%) y en cantidades menores Potasio, Azufre, Sodio, Cloro, Magnesio y otros metales en proporciones infinitesimales… En realidad no somos nada de nada del otro mundo, solo somos agua, minerales y gases.

Si me defino como “Alquimista” es porque me di cuenta en cuanto tuve uso de razón que tenía alma curiosa y espíritu preguntón. Porque estoy convencido que los practicantes y devotos de la Alquimia nacemos con una curiosidad innata y extravagante por conocer los recovecos misteriosos de la tierra que pisamos del aire que respiramos del agua que bebemos y del fuego ancestral e hipnotizador que nos abriga, pues son estas maravillas tan corrientes y molientes el origen de la magia de la vida.

Tan es así que con doce o trece años empezó mi afición alquimista y monté en mi dormitorio un pequeño laboratorio usando el buró que supuestamente debería servir de mesa de estudios, pero que contenía el Cheminova nº3, con sus pipetas, pinzas, mechero, tiras reactivas y varios productos químicos inofensivos como Nitrato de Chile, Cloruro de Amonio o Permanganato Potásico con los que practicaba experimentos rudimentarios de oxido-reducción y cambios de colores de soluciones. Al principio me limitaba a seguir todos y cada uno de las explicaciones que mostraba el libro de instrucciones del fabricante, pero al cumplir catorce años y empezar a estudiar Química en quinto de Bachillerato, mi inquietud y curiosidad hicieron que me fuera instruyendo en procesos de química básica y comenzara a investigar por mi cuenta, a rebuscar en todas las droguerías de Sevilla adquiriendo sustancias extrañas como los ácidos sulfúrico, nítrico y clorhídrico, -que guardaba en sus tarros como tesoros prohibidos- azufre, clorato potásico y muchos otros elementos químicos y minerales con los que me pasaba horas y horas haciendo experimentos. Compré matraces y redomas, hasta un alambique para destilaciones.

Mis experimentos mas sonados consistieron en introducir las llaves de hierro del armario del cuarto de mis padres en una solución azul-verdosa de sulfato de cobre durante varios días para que transmutara. Conseguía soluciones ferrosas marrones de sulfato de hierro y las llaves se impregnaban de una pátina azulona como verdina sólida de cobre pobre. Los experimentos con los ácidos fuertes para conseguir gas hidrógeno y oxígeno me produjeron severas quemaduras en la piel, sofocos, asfixias y numerosos agujeros en la ropa que no pude disimular ganándome sonoras broncas y amenazas.

Pero el colmo fue mi afición a la fabricación de pólvora casera y la manufactura de “cohetes” a reacción. Un tubo de Redoxón empetado de pólvora casera (carbón vegetal obtenido de chamuscar alfileres de tender la ropa, nitrato, clorato de potasa, azufre…) y las pruebas que realizaba en el alfeizar de las ventanas que daban al patio interior, dieron como resultado varios visillos carbonizados y estrépito de cristales rotos, por lo que mi santa madre tomó cartas en el asunto y me prohibió seguir con mis experimentos “valencianos” bajo la amenaza de tirar a la basura mi “laboratorio”… Mis amigos se reían de mis “petardos” con los petardos, que no subían ni un palmo del suelo y no explotaban, tan solo soltaban un churriagazo de fuego fosforescente y apestoso, como una diarrea de dragón gastroenterítico.

Cansado de tanto fracaso artillero un día resolví descargar dos o tres cartuchos de escopeta y mezclé la pólvora explosiva de los Legia y Gevelot con mi pólvora casera mojonera. Introduje el mejunje en el tubo metálico Redoxón, preparé la mecha y lo lleve como siempre al campo de tiro que estaba en los montones de escombros donde ahora esta la avenida San Francisco Javier y Huerta del Rey. Lo preparé apuntando al cielo como siempre y le pedí a un amigo que hiciera el favor de prender la mecha. Yo me separe a distancia y acojonado me tapé los oídos. Ninguno me echaba cuenta. El estruendo creo que se escuchó en todo el barrio de Nervión y alrededores. Varios colegas quedaron sordos una temporada. Al día siguiente mi madre me clausuró el "Laboratorio de Alquimia".

Pero como les dije al principio, el que nace Alquimista…



Mi Parto


Señores míos, lo que les voy a contar y ustedes van a escuchar no es fruto de mi imaginación, no lo he soñado ni es una recreación en forma de cuento de hechos que me han relatado. El suceso que voy a narrarles me aconteció hace ya bastantes años, pero lo guardo en mi memoria con todo detalle así que seré lo más conciso posible ajustandome estrictamente a la realidad de lo que ocurrió aquella noche inolvidable. Presten atención.

Corría el año 1986. Era mi primer destino importante, como Médico General Hospitalario con plaza en el Servicio de Urgencias de Bollullos Par del Condado. Mi turno era cada tres días (uno de trabajo y dos de descanso) y comenzaba a las cinco de la tarde, cuando finalizaban su jornada laboral los Médicos de Cabecera del Ambulatorio,  y terminaba a las siete de la mañana. Durante ese horario, un celador, un ATS y el médico de guardia, teníamos la obligación de atender a todos los vecinos -tanto de Bollullos como de La Palma y Villarrasa- que acudieran con “urgencias médicas” que no pudieran esperar al día siguiente. Esa era la teoría, pero en la practica los parroquianos de estos pueblos usaban el “Servicio de Urgencias” como una continuación del ambulatorio matutino y se acercaban para ser atendidos por cualquier causa por banal o leve que fuese. Además debíamos acudir a las llamadas “urgentes” de los enfermos que no pudieran desplazarse hasta sus domicilios, esto lo hacíamos en nuestro propio coche y a cualquier hora de la noche…

Mi equipo siempre era el mismo. Me invento los nombre, por supuesto. Antonio era el ATS, un maestro escuela reciclado en enfermero, entonces tendría unos 60 años, natural y vecino de un pueblo de Huelva famoso por sus anisados, anisados a los que mi compañero era muy aficionado y gustaba llevarse en unas botellas que guardaba celosamente en su taquilla. Antonio llegaba casi siempre el primero para tomar tranquilamente café en un bar cercano y su copita de coña. A continuación y ya en el ambulatorio, en el cuartito que usabamos para uso del personal con nuestra camilla, hornillo, una vieja radio, las taquillas y unos camastros plegables, sacaba su “pucherete” -como el llamaba a una cafetera vieja que llenaba de aguardiente- y se administraba con regularidad sus dosis correspondientes. El buen hombre tenía mucha disposición para el trabajo, pero a la caída de la tarde no era raro verlo roncar en su sillón reclinable… a veces hasta por la mañana.

Manolo el celador era un fenómeno de la Naturaleza. Natural de Beas, tendría unos veintilargos años, era fuerte como un mulo, noble a más no poder pero bruto no, “lo siguiente” (como dicen ahora)… y era tuerto. No veía por el ojo izquierdo. Y para colmo tenía el pelo mas bien largo y flequillo lacio hasta la nariz, que curiosamente le tapaba el ojo sano. Para poder ver con claridad lo que miraba tenía que dar un fuerte resoplido al visillo piloso que al levantarse hacía que se despejara momentáneamente su campo visual. Estos resoplidos continuos unido a que su deje linguistico no era muy fácil de entender, hacían que la comunicación verbal con Manolo a veces fuera dificultosa.

Las guardias nunca eran buenas. Tres pueblos acudiendo a un solo ambulatorio demandaban mucho trabajo, no solo por las consultas de todo tipo que no cesaban hasta la noche, sino los avisos domiciliarios, los accidentes de tráfico algunos con heridos muy graves o muertos, los drogadictos que acudían con “monos” muy agresivos, y las verdaderas urgencias médicas: cólicos, infartos, asfixias, etcétera. Lo que quiero decir es que se trabajaba a destajo y cuando llegaba la noche estábamos deseando tumbarnos un rato a descansar. (El ATS Antonio descansaba sin duda desde unas horas antes).

Una tarde cualquiera de un día de primavera me avisan para que atienda a una joven con dolor de barriga. Aspecto de familia humilde. Una niña de unos dieciséis o diecisiete años que viene acompañada por su madre, que es la que habla y me dice que “la niña tiene la barriga inflamada y dice que le duele y que la nota rara, que retiene líquidos”. Le digo que se tumbe en la camilla que voy a explorarla. Trae un traje suelto que al subirlo deja ver una faja apretada, que le indico que se la tiene que quitar. A retirar la faja a parece una barriga abultada y prominente. Tras palparla pregunto inocentemente: ¿De cuanto tiempo estas embarazada? Y no he terminado de preguntarlo cuando la joven esta llorando y la madre gritando. ¿Cooomoooo? ¿preñada? ¡Otra vez!... Resumiendo, que la jovencita estaba muy preñada “otra vez” puesto que ya tenía un niño de un año, que era soltera, que no tenía novio conocido, que había ocultado su embarazo y que la madre se estaba enterando en ese momento.

Yo calculé que estaría de unos siete meses, el niño parecía estar en su sitio, se movía y no había signos de complicaciones, la madre estaba sana y fuerte y todo estaba en regla por lo que le aconsejé que no se apretara la barriga y que al día siguiente pidiera una cita preferente con el Ginecólogo en Huelva. Se fueron caminando las dos tan tranquilas.

Transcurrió la tarde y la noche como siempre. Cuando pude me subí a una de las consultas vacías donde tenía ubicado mi camastro y me quedé traspuesto. Como a las cuatro de la mañana escuche el ruido familiar de un coche que se acercaba al ambulatorio a toda velocidad sobre los adoquines de la calle haciendo sonar la bocina, señal de que traían a algún accidentado grave, casi seguro accidente de tráfico, por lo que me levante corriendo y me puse bata y guantes. Cuando bajé el celador ya estaba abriendo la puerta.

Era un Taxi de Bollullos, un Chrysler 150 color blanco, que se había subido a la acera y estaba parado en la misma puerta del ambulatorio. Sentada delante al lado del chofer, la mamá de la criatura. En el asiento de atrás, tumbada y dando gritos la joven preñada. En cuanto abrí la puerta del coche y miré me dí cuenta de la situación: la embarazada estaba pariendo. No “de parto”, sino pariendo con todas las de la Ley. Tenía una considerable dilatación y casi se adivinaba la cabeza del feto. ¡Rápido –dije- avisen a un Ginecólogo! ¡Aquí no hay Ginecólogo! Me dijo Manolo soplando el flequillo con cara de búfalo. ¡Una matrona, seguro que hay una matrona! pedí. ¡Qué matrona ni matrona, aquí no pare nadie hace años…!

Yo daba vueltas y mas vueltas al coche sin saber lo que hacer, la niña gritaba de dolor, el taxista impávido, el celador hipnotizado por lo que estaba viendo, el ATS en brazos de Morfeo… y la madre que me mira muy seria y me dice: ¿por que no entra usted en el coche de una vez y atiende a mi hija, hombreeee…?

Cuando tomé posición lo mejor que pude dentro del auto, intentaba recordar los partos que presencié en mis practicas de Ginecología en sexto curso y repasaba mentalmente los pasos a seguir. Pero no se porqué dije: ¡sábanas, muchas sábanas…!

El celador entró en el ambulatorio y al poco tiempo apareció con muchas sabanas limpias, una gran linterna que iluminó el escenario, muchas compresas y gasas, pinzas y unos separadores quirúrgicos. Por detrás de el escuche la voz de Antonio el ATS que preguntaba : ¿es grave, es grave…? con voz aguardientosa.

El parto no fue difícil, gracias a Dios. Yo apreté un poco la barriga de la madre hasta que apareció la cabecita, la cual cogí con las dos manos y con cuidado la flexioné hacia los lados para que saliera un hombro y luego el otro, y de pronto el bebé salio enterito  acompañado de una ola de liquidos escurriendose como un pececito entre mis manos y cayendo encima de las sábanas. Lo cogí lo mejor que pude, vi que respiraba y empezó a llorar con ganas, era un machote. Todo el mundo gritaba de alegría. Le clampé el cordón umbilical y tiré de el apretando la barriga de la madre con fuerza hasta que vi salir la placenta que me pareció que estaba entera. La madre no parecía sangrar mucho y eso me tranquilizó. Después de cortar el cordón, y darle el bebé a la abuela, taponé con gasas y compresas el canal del parto y le dije a Manolo que llamara a Huelva que salíamos para el Hospital, la abuela sentada delante con el chofer y yo detrás junto a la madre y con el recién nacido en mis brazos reliado en sábanas.

Cuando íbamos para Huelva era una sensación que no podré olvidar mientras viva. Una felicidad asombrosa. Os aseguro que nunca como médico he vuelto a tener esa sensación tan bonita, tan espiritual, tan mágica. El pequeño bebé me chupaba el dedo con ganas mientras su madre lo miraba radiante de felicidad y la abuela no paraba de felicitarme. De pronto me dijo: ¿usted como se llama? ¡le vamos a poner su nombre! Y yo: no se preocupe usted señora, pongale el nombre del abuelo… Ella insistía: ¡que no, que yo le pongo el nombre de usted, que se lo merece, vamos! Mire señora yo tengo un nombre muy raro, me llamo Celso, y es un nombre que no es común ni bonito. ¿Comoooo ha dicho uste? Eso no le puedo yo poner a este niño, no… y se calló.

Cuando llegamos al Hospital de Huelva nos estaban esperando en la puerta todo el equipo de guardia de Ginecólogos y Pediatras que enseguida se hicieron cargo de la madre y del niño. Yo esperé un poco hasta que me dijeron que todo estaba correcto y nos volvimos en el Taxi para Huelva. Yo iba radiante de felicidad.

Mi mujer cuando se lo conté me preparó una canastilla con ropita de primera postura y otros regalitos de recién nacido que vinieron madre, bebe y abuela a recogerlos al ambulatorio, tan felices los tres.

Espero que todos sigan bien. Tengo mucho que agradecerles.


2014

Cada año "nuevo" que comienza trae implícito nuevas esperanzas y anhelos, casi todos esperamos cambios a mejor o por lo menos que las cosas no vayan a peor y que sigan como dice el chiste del paralítico en silla de ruedas que estaba subiendo con gran esfuerzo una larga y empinada escalinata para llegar al templo a pedir un milagro para sus deficiencias y se le acabaron las fuerzas, empezó a ganar velocidad cuesta abajo sin poder frenar la silla y comenzó a suplicar: "¡Virgencita, por lo menos como estaba... me conformo como estaba...!"

Pues eso es lo que yo vengo pensando es estos primeros días del presente mes de enero, que ojalá todos sigamos mas o menos igual que ahora mismito a principios del año que viene. Pero por supuesto se que es utópico pensar que eso va a ser así. Veamos.

Respecto a la Salud todos vamos a ser un añito más mayores, lo cual será muy buena señal si llegamos sanos y salvos -que es lo que yo les deseo a todos ustedes- y por lo les recomiendo que no dejen de acudir a sus revisiones médicas y sus chequeos habituales para sus edades y necesidades. Ni un cigarrillo más si fuma, que eso si que mata de verdad; vida activa y ejercicio aeróbico regularmente; dieta mediterránea y perder esos kilitos navideños de más. Yo desde mañana me pongo en marcha con la dieta y el ejercicio que tengo abandonados desde hace casi un mes y tengo la cara como un pan de Alcalá.

El doloroso tema de la falta de trabajo, del paro, de los jóvenes que se tienen que marchar al extranjero, de las familias que no llegan a fin de mes con una exigua paga, de los que tienen dificultades para conseguir alimentos o medicinas, de los que sufren deshaucios y de los pobres que viven en la calle, de los emigrantes sin derechos, de los enfermos que no tienen asistencia social, etcétera... Pues me avergüenzo de esta maldita sociedad que han creado aquellos que tienen El Poder en sus manos: los "políticos" de uno y otro color, que solo dicen paparruchas y hacen el paripé de solucionar los problemas anteriores; los banqueros que asfixian a los que les confiamos nuestros dineros y sobre todo a los que nos tienen cogidos por el gañote con la trampa de las hipotecas (maldita sea la madre de todas la Hipotecas y de quien las inventó); los empresarios de mentirijilla que se han forrado a costa de vender ladrillos a precios de oro timando a los compradores y ahora se quitan de enmedio para irse a vender la burra de la construcción a los países "emergentes", es decir a donde puedan estafar otra vez con el visto bueno de los políticos y los banqueros de turno... Yo espero sinceramente que estos políticos-banqueros-empresarios que han alentado y promovido la corrupción a todos los niveles (Barcenas, Diaz Ferrán, El Bigotes, Fabra y tipejos afines) dimitan y se expongan a las consecuencias de sus actos delictivos. Y aquellos políticos que sean honrados que lo demuestren y actúen  de una vez ya que tienen en sus manos la posibilidad de dar un cambio a esta manera de vivir actual tan injusta y absurda, tan inhumana y amoral, que den un paso adelante por pequeño que sea para  cambiar la "sociedad" actual por otra mas solidaria y justa. Podían empezar por suprimir los coches y conductores oficiales, las dietas millonarias, los gastos de viajes y representación, el absurdo Senado (aunque los pobrecitos Senadores ni tujen ni mujen...) y si me aprietan ustedes hasta las Autonomías que yo todavía no tengo muy claro cuales son las ventajas de estas diecisiete mamarrachadas que tenemos, a parte de ser un nido de ladronzuelos (lease EREs). Espero que en este año 2014 veamos como se hace Justicia y empiezan a ser juzgados y condenados tantos desalmados que son los responsables de la ruina de muchas familias.

Y espero que no salga a la calle ni un solo asesino más sin cumplir su condena completa. Aunque sé que este deseo es imposible gracias a a la magnifica gestión del "glorioso y nunca bien ponderado" expresidente Rodriguez Zapatero, el inefable ZP de la ceja alzada, de la alianza de civilizaciones, el de las minitras Bibiana Aido y Leire Pajín, nuestro Mr. Bean atolondrado, que pacto la ETA por su cuenta y riesgo todo lo que estamos viendo y padeciendo estos días, la legitimación y financiación legal de los partidos etarras, la entrega del poder absoluto en los ayuntamientos vascos y la progresiva excarcelación de todos los presos de ETA incluidos los delitos de sangre... sin pedir perdón a las víctimas y sin entrega de armas.

Espero que este año el cielo no caiga sobre nuestras cabezas por culpa de una mariquita loca coreana del norte que yo no se como  le tienen respeto los militares de su país.

Espero también que los extremistas de todas las religiones del mundo mundial se serenen y no se quieran matar entre ellos por ordenes divinas, llevandonos a todos por delante. ¡Que dioses mas pendencieros tenemos ultimamente!

Espero que salga el sol todos los días por su sitio y se esconda a la caída de la tarde por poniente, eso es señal de que todo va bien.

En realidad lo que yo espero es que llueva a gusto de todos. 

Feliz 2014 en Paz y con Salud para todos.



Juanito Familia.

He finalizado el 2013 y empezado el 2014 de una manera muy especial. Ayer en el Tanatorio casi todo el día y esta mañana en el Cementerio de Sevilla incinerando a un gran amigo, a un hermano del alma mía que era -y será siempre- Juan Vela Rios, "Juanito Familia" para todos sus amigos. Un cáncer agresivo y rebelde se lo ha llevado en poco más de un año. Tenía 60 primaveras, un verano y un otoño.

Conocí a Juanito hará unos 25 años, cuando todavía era representante artístico de Jose Manuel Soto. Unos años antes el Soto lo había conocido en El Rocio cuando Juanito apareció por su orgánica dando el camelo de vendedor de flores y lotería caducada y desde entonces no se separaron más. De hecho son compadres pues el Soto es el padrino de Bautismo de su hijo Carlitos. 

Juan nació en la calle Miño del barrio antiguo de Los Remedios. Hijo de Militar, se le notaba en que estaba muy bien educado y era muy responsable y cumplidor. Alguna vez me contó que en su juventud le gustaba brujulear por Triana y empaparse de la conversación de los viejos, era muy observador y aprendía de todos.

Con dieciséis años conoció a Inmaculada (Macu) que entonces tenía catorce. Para los dos fue el primer y único noviazgo, el primer y único amor. Se casaron en 1978 y se fueron a vivir al centro de Sevilla, a la antiquísima y preciosa Posada del Lucero -que era de la familia de Macu- una edificación antigua y majestuosa del siglo XVI que conservaba en su interior el aire de la Sevilla de las diligencias tiradas por caballos. Allí vivieron muy felices y nacieron sus tres hijos Belén, Juan Luis y Carlos. El apodo de "El familia" da una idea de como era Juan para con los suyos...

Hombre hecho a sí mismo desde muy joven, cuando acabó el Bachillerato empezó trabajando varios años de recepcionista del entonces Hotel Portaceli casi siempre con el turno de noche lo que le sirvió de "universidad laboral", ya que desde entonces destacó por su gran facilidad para conocer a la primera el carácter de las personas, sus anhelos y sus debilidades. Cuando algún cliente necesitaba algo, Juan era la persona indicada para resolverlo con eficacia y discreción. Me contaba que con las propinas ganaba más que con el sueldo...

Dejó el Hotel y la vida nocturna para -de la mano de Jose Manuel Soto- entrar en la oficina de representación artística de Gonzalo Garcia Pelayo. Se ocupaba de todo con autoridad y diligencia, y se convirtió en el hombre de confianza y mano derecha del Soto. Sabía más que el más sabio y lo  mismo organizaba una gira por sudamerica y firmaba contratos que tenía que ir a cobrar alguna gala atrasada a algún "desmemoriado"... Hombre justo y cabal, no creo que haya conocido a una persona más legal y honrada que Juan Vela.

Cuando lo conocí me impactó su personalidad al instante: una gracia trianera autentica y llena de sevillanía antigua con unos dichos y refranes como para escribir un libro, que soltaba en sus conversaciones con una gracia y una simpatía especial. Juan no era de dobleces y decía lo que pensaba y a quien fuera, pero lo hacía de una manera tan graciosa e inteligente, que te partías de risa por lo bajini viendo las caras de los "afectados"por sus comentarios. 

Era un gran rociero, desde hace veintitantos años siempre fuimos juntos con Triana, peregrinos a la vera de Carreta. Mis mejores Caminos y Rocios los he pasado con mi Juanito. De verdad que no cabrían en un libro las anécdotas de este hombre tan autentico y genial. Contaba tres o cuatro chistes, siempre los mismos, que eran algo más que chistes. Eran como cuentos representados con voces y gestos de verdadero artista y además tenían un final surrealista. Siempre contaba los mismo: El de los frailes y los cíngulos, el del viajante y la abuela sorda, el del marido infiel que va a confesarse... los contaba una y otra vez -siempre a petición nuestra- y los terminaba con una tumultuosa carcajada de risa contagiosa que era como una cascada de agua fresca, de vida bien vivida, de buen humor, de amistad y de cariño. Cuando se reía le gustaba abrazarse al amigo que estuviera a su vera. Un abrazo de Juanito era como si alguien te abrigara con una capa invisible de calor humano que duraba mucho tiempo. Era tela de bueno.

Cansado de viajar y de la farándula se buscó empleo cómodo y en los últimos años fue Conserje y Jefe de Personal primero del Museo Arqueológico y después del Museo de Bellas Artes, donde pensaba jubilarse ya mismo para disfrutar de una tranquila y larga vejez dando sus obligados paseos matutinos a pie o en bicicleta, tomando sus cervecitas en El Rinconcillo, en La Mina, en Los Claveles y en otras tabernas del centro donde todos lo conocían y querían, pero sobre todo disfrutando de sus hijos y de su nieta Lucía junto a su Macu de su alma, la mujer de su vida...

Descansa en paz Juan. Espero de verdad que haya un cielo lleno de tabernas sevillanas con Cruzcampo helada para ti y de paquetes de tabaco celestial para que disfrutes todo lo que te mereces, amigo.

Ya te echamos mucho de menos Juanito, sobre todo tu familia. Has dejado en los que hemos tenido la suerte de conocerte un recuerdo especial porque has sabido ganarte como nadie el cariño de la gente.

Ni yo ni ninguno de tus amigos te vamos a olvidar nunca.

Te quiero Juan.



De derecha a izquierda: Jose Manuel Soto, Federico Aguilar, Javier Bustamante, El Chuly, Juan de Dios Pareja-Obregón; Juan Vela; Javier Gonzalo; Carlos Vela (hijo de Juanito) y yo. Parada de Triana en Palacio, año 2013.