Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

La memoria del asesino.


Escojo el titulo de una interesantisima película que he visto no hace muchos días y os recomiendo a todos. Es una película belga del año 2003 magnífica, de las mejores que he visto últimamente, la historia de un asesino a sueldo que se da cuenta que siempre a estado manejado como una marioneta a la vez que empieza a sufrir síntomas de Alzheimer.

Y quiero hacer uso del título porque creo que existe un enigma no aclarado por la ciencia que es cuales son los procesos que ocurren en la mente de los asesinos para que sean capaces de matar friamente a una o a cientos de personas inocentes, antes, durante y después de cometer los asesinatos.

Cualquier persona, cualquiera digo, es capaz de matar a otra. Yo mismo por ejemplo, que soy un acérrimo defensor de la vida y estoy en contra de la “pena de muerte”. Pero estoy seguro que en determinadas circunstancias de estrés o de pánico, por defender mi vida o sobre todo por defender la vida de mis hijos sería capaz de hacer lo que fuera… pero no sería capaz de matar ni a una mosca con premeditación y alevosía, ni siquiera alistarme para ir a la guerra, por ejemplo, para tener que disparar contra alguien a quien no conozco de nada y salvarle el culo a unos cuantos políticos o militares que estarían seguros en la retaguardia tomando cafelito calentito… ¿se me entiende?

Y lo que no me cabe en mi cabeza es lo que debe de reinar en la mente de los asesinos que estos días vemos que están saliendo de las cárceles por motivos de las cagadas habituales de nuestros “honrados gobernantes”. Esas personas asesinaron a sangre fría a civiles inocentes con bombas en los supermercados, en bares, en coches enmedio de calles concurridas, a padres delante de sus hijos, a niños que jugaban a la pelota...

Y no han sido uno ni dos ni tres... sino cientos de asesinos cortados todos por la misma tijera. Personas que decidieron incorporarse a  una "guerra" ficticia contra todos los españoles para matar a inocentes con excusas "políticas" basadas en patrañas ideológicas.

En España muchos vascos -terroristas- han matado en nombre de ETA a miles de personas inocentes, mujeres y niños, civiles, militares, policías, todo en nombre de una “libertad” o “independencia” o que se yo… Yo creo que ni ellos mismos, los asesinos, no saben muy bien con que excusa han asesinado a tantos inocentes.

Unas mentes manipuladas desde a infancia por otras mentes perversas que han convertido a jóvenes vascos en asesinos despiadados programados para matar sin remordimientos cuando y donde les indicaran, para luego hacerlos vivir como hienas escondidas en zulos y llevar una vida oscura y tétrica, como alimañas, esperando la oportunidad de poder salir a matar de nuevo a más inocentes…

¿Qué tipo de “política vasca” es esa? ¿Qué ocurre en las mentes de esos hombres y mujeres vascos que toleran, justifican, perdonan y olvidan tantos asesinatos de inocentes? ¿Qué ocurre en las mentes de los asesinos? ¿Qué ocurre en las mentes de los que han orquestado y ordenado tantas muertes gratuitas, inútiles, insensatas…? ¿Cómo se puede justificar tanto daño como el que ha producido ETA y los que la han mantenido y tolerado?

Como médico, me causa una impresión tenebrosa la frialdad de esos asesinos cuando los veo por la tele sentado en los juicios, sin aparentar el mas mínimo arrepentimiento ni remordimiento aunque hayan pasado ya veintitantos años de sus horrendo crímenes. Parece como si no tuviesen capacidad de darse cuenta del mal que han causado ni de las consecuencias de absurdos asesinatos. Es más, a veces los veo sonreír y parecen alegrarse al recordar el dolor que siguen causando en los familiares de las víctimas mortales. Y ahora que salen de la prisión parece que salen aún con caras de tener ganas de mas sangre y más horror. Como cantando victoria por estar vivos después de haber matado tanto.

¿Cómo se devuelve a la sociedad herida, a los familiares -victimas vivas del terrorismo asesino-, al resto de los ciudadanos españoles la confianza en la Justicia? ¿Cómo se puede mitigar minimamente el dolor de tantos y tantos españoles inocentes que vieron sus vidas truncadas de raíz el día que se convirtieron en familiares de asesinados por el terrorismo de ETA?

Mi opinión particular es que hay algunas decisiones en la vida que se han de tomar con todas las consecuencias posteriores. Si yo decido convertirme en un asesino no debo esperar que terminar mis días viviendo como un ciudadano que no ha matado nunca, gozando de los mismos derechos y libertades.

¿O es que han perdido la memoria de sus crímenes?

Pienso igual que mi amiga Teresa Jimenez-Becerril:

“Que cumplan integramente la condena, con el único beneficio penitenciario de seguir vivos, y que salgan de la cárcel dentro de muchísimos años, ya viejos y como unos miserables, solos, no aclamados ni siendo acogidos como unos héroes…”

Y yo añado: que la Ciencia tenga luz para iluminar lo antes posible que es lo que ocurre en la mente de los asesinos…



1976 (1)


Terminó 1975 de una manera confusa con todos los españoles preguntandonos que es lo que iba a pasar después de la muerte de Franco, con Arias Navarro de luto riguroso llora que te llora, el GRAPO y ETA mata que te mata, los militares con la mosca detrás de la oreja, el Opus Dei maniobrando en la oscuridad, Don Juan en Estoril siendo testigo de la coronación por la cara de su hijo, el recién estrenado Rey Juan Carlos en el Madrid de los Austrias.

Yo viví todo este convulso tiempo sin implicarme demasiado. Era protagonista de un cambio sorprendente en mi vida; pasé de la comodidad de el Instituto a la vorágine de la Universidad, de la “seguridad” de no tener que pensar en asuntos de “política” a empezara cuestionarme mi postura ante temas tan nuevos para mi como la democracia, el papel del ejercito y los militares, de la Iglesia, las injusticias sociales, los partidos políticos, la libertad de opinión y de prensa, los derechos humanos, etcétera…

A la vez que estudiaba Biología o Bioquímica y empezaba las prácticas de Anatomía Humana en el depósito de cadáveres, también recibía mis primeras “clases” de realidad social y de democracia pues hacíamos votaciones para todo, paros, huelgas, manifestaciones, etcétera… aunque en realidad las “asambleas” en las aulas estaban entonces controladas por los super-rojos tronquistas marxistas leninistas y partidos afines… pero bueno, levantábamos la mano para decidir y eso ya era importante.

Aquel invierno de 1976 lo recuerdo muy frío en todos los sentidos. A lo mejor era porque me levantaba muy temprano para ir a clase y en la “amotillo” que entonces tenía –una vespa vieja- pasaba muchísimo frío o por el ambiente tan gélido que se respiraba en la calle todavía con muchas personas acojonadas por la muerte de Franco y otras acojonadas porque parecía que todavía su espíritu gobernaba en España.

En la Facultad de Medicina se pasaba bien, éramos muchos alumnos, demasiados creo yo, y aunque algunas asignaturas eran un poco aburridas, sobre todo la Bioestadistica y la Física Médica, el contacto con la Anatomía y sobre todo con la Bioquímica y la Biología me daba la impresión de estar aprendiendo grandes secretos ocultos.

De vez en cuando me ponía mi bata blanca y me daba un garbeo por el hospital observandolo todo. Me impresionaban los médicos con sus fonendoscopios colgados del cuello y sus carpetas y papeles bajo el brazo. Las enfermeras tan atareadas siempre. Descubrí una sala que tenía una mampara circular sobre un quirófano desde donde se podían ver intervenciones quirúrgicas. Muchas veces me colaba muy serio junto a otros estudiantes mayores y médicos residentes y veía operaciones que no entendía absolutamente nada, pero estar allí viendo a esos médicos tan atareados en medio de tantas máquinas y de tantos artilugios extrañísimos, de tantos botes de suero y de bolsas de sangre, me hacía sentirme diferente. A la vez sentía orgullo y envidia y un miedo pavoroso a enfrentarme a lo que estaba viendo allí abajo, a la enfermedad, a la vida humana y a la muerte.

En realidad estaba completamente acojonado.

Continuaré…

1975. Medicina.

Cuando termino el curso de COU en el Instituto Martinez Montañés de Sevilla en junio de 1975 y debo optar por matricularme en una carrera Universitaria no tengo la más mínima duda: Medicina.

Entonces acabo de cumplir 19 años el 1 de julio. ¿Porqué quiero ser médico...? 

Todo empieza un día trágico el 20 de noviembre de 1964, el día en que una angelita llamada Reyes subió al cielo y yo tuve mi primer contacto cercano con la enfermedad y la muerte. 

"Dios me la dio y Dios me la quitó..." ...pero yo no quise conformarme con eso...

En realidad fue mi madre la que desde aquellos días en que yo tan niño y tan sin saber lo que decía dije que sería médico, la que desde entonces me lo recordaba y me lo imbuía cada vez que podía y yo me dejaba querer... "tu vas a ser médico... que no se te olvide..." 

Cuando llegó el día de matricularme en la Universidad de Sevilla me fui a la Facultad de Medicina con papeles, títulos y recibos, sin saber muy bien donde me estaba metiendo pero lleno de ilusión y de esperanza: quería conocer muchas respuestas y a la vez hacer muchas preguntas. Quería sacarme de dentro muchas espinas que tenía clavadas. Quería conocerme mejor y saber hasta donde yo sería capaz de llegar a pesar de tantos miedos como entonces guardaba dentro de mi. Y quería curar muchas enfermedades. Quería curar a mi hermana Reyes. 

Después de un veraneo glorioso de dos meses largos en El Rompido ejerciendo de "persona mayor" pues dormía fuera de casa en el apartamento de mis amigos "los catalanes", con coche propio (un Dyane 6), barcos, amigas varias, libertad sin ira, horarios cambiados, aventuras nuevas cada día y cada noche... llegó octubre despacito y un buen día comenzaron las clases de Medicina.

El Hospital Universitario Virgen Macarena acababa de construirse y de inaugurarse y las aulas estaban recién estrenadas, enormes salones de actos donde los profesores impartían clases magistrales sin preocuparse absolutamente nada de quien asistía o no. Cientos de jóvenes con ganas de conocernos y de hacer amigos nuevos. Mañanas interminables de clases y luego bares y luego charlas y luego risas y miradas y apuntes y fotocopias y cervezas y planes y risas... un mundo nuevo.

Ese primer año era bastante pesado con asignaturas tan feas como la Bioestadistica o la Física Médica; otras tan bonitas como la Bioquímica o la Biología y otras tan absurdas como la Anatomía Humana 1, pues la estudiábamos de memoria viendo fotos borrosas en libros y apuntes... ¡Donde se ponga un buen cadáver con sus huesos y tendones, sus músculos y aponeurosis, sus secretos mas ocultos, su cráneo abierto de par en par, sus arterias y venas expuestas, sus nervios grisáceos a la vista, su cerebro circunvalado de surcos, su médula espinal amarillenta, sus tripas correosas... ¡que se quiten todos los apuntes y fotos del mundo mundial!

Pero aquel año de 1975 estuvo marcado por desbarajuste en la política española. La Universidad era un hervidero de trasuntos políticos, (por ejemplo los últimos fusilamientos irracionales autorizados y firmados por Franco que estaba agonizando) y de grupos de "estudiantes" -muchos de otras Facultades-  que no cesaban de convocar asambleas y de proponer paros y huelgas y manifestaciones. Yo intentaba asistir a las asambleas y reuniones y enterarme de por donde iban los tiros... imposible. Las asambleas las acaparaban los comunistas troskistas de la Joven Guardia Roja y grupos mas o menos parecidos que no dejaban expresarse a ninguno que no pensara como ellos... Al final casi siempre terminaban gritando consignas revolucionarias y entonces llegaban los grises le daban una patada a la puerta del aula y nos invitaban a salir y a"dispersarnos" sin armar jaleo. Yo nunca corrí delante de los grises. Después de las asambleas me iba a un bar y me ponía feo de cerveza...

Cuando el 20 de noviembre se murió Franco se cerrarón las aulas una buena temporada. Yo seguía dando clases particulares de Bioestadistica con un profesor particular en un piso por allí cerca del Hospital Universitario.

Y llegó Navidad y el parón de vacaciones...

Continuaré...

Lo que me preocupa.

Lo que me preocupa de verdad, es difícil de explicar. Porque es difícil para mi explicarlo, pero lo voy a intentar... 

Yo me he preocupado tanto y por tantas nimiedades a lo largo de mi vida y he perdido tanto tiempo y tanta tranquilidad en preocupaciones absurdas que en realidad estoy casi vacunado contra los carajotes que intentan comerme el coco para que me ocupe y preocupe de algo que no me interesa lo mas mínimo pero que se supone que es asunto de obligado interés. Que les den por la retambufa a tanto político de mojones, a tantos voceros de pacotilla y a tantísimos agoreros mesiánicos que adoctrinan en los medios de comunicación... No me van a quitar ni un minuto de mi tranquilidad porque no los creo.

Yo lo que creo es que debo ocuparme de "mis cosas" valiosas y preocuparme por ellas.

Me preocupa la salud. Como ustedes comprenderán en este asunto juego con ventaja y con desventaja. Conozco los pasos que debo dar para mantenerme suficientemente saludable... pero también me agobia un poco el exceso de responsabilidad que tengo con los problemas de salud de mi gente cercana y querida. Y no me gusta ver sufrir a nadie. Menos a mis seres queridos, que son muchos. Eso me preocupa.

Me preocupa el paso del tiempo ya tan rápido y progresivamente acelerado (al menos para mi). Las semanas se suceden como si fuesen días, pasan los meses casi sin darnos cuenta, los años vuela. Esto corre cada vez más y más ligero (como decimos en Andalucía...). Y no hay quien pare este tren que nos lleva a cada uno a la estación de destino sin saber nunca cuando vamos a llegar.

Me preocupa dejar de hacer -cada vez con más frecuencia- cosas útiles por desidia. Hay días que no estoy "pa na..." y dejo pasar las horas como un autómata despatarrado en mi sillón mirando páginas web absurdas en el Mac, cuando debería estar charlando con mi santa o dando un paseo salutífero por el parque o visitando a mi madre o estudiando o escribiendo o pintando o...

Me preocupa no tener sensibilidad suficiente para apreciar a tanta gente buena y la gran cantidad de circunstancias agradables que tengo a mi alrededor y que pueda olvidarme de vez en cuando que soy un privilegiado en este mundo tan cruel en el que vivimos, donde infinidad de personas no tienen ni la mas mínima oportunidad de conseguir nada parecido a la vida que yo vivo... Me preocupa olvidarme de eso.

Me preocupa dejarme llevar por el miedo irracional, por la angustia y la ansiedad que a veces me acechan y me cercan. Me preocupa que en el futuro no sepa hacerles frente. (Sobre todo por no darle la lata a nadie...)

Me preocupa y me arrepiento de haber perdido a un gran amigo al que quiero mucho y no poder darle un abrazo. Y fue por mi culpa.

Me preocupa quedarme sordo y no poder escuchar las voces de mis nietas, las olas, las gaviotas y los charranes, la música... y las bicicletas asesinas, los autobuses, los coches... ¡ofu, ofú, ofú!

PD: Creo que continuaré....