Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Las Tragedias

Ocurren en cualquier momento y en cualquier parte del mundo. Accidentes de carretera, de aviones de trenes, hundimientos de barcos, derrumbamientos de edificios, de minas, de puentes, tornados, tifones, huracanes, rayos, incendios, terremotos, inundaciones... 

Por no hablar de las guerras injustas, de los asesinatos diarios de inocentes, de las mafias asesinas, del terrorismo criminal, de las violaciones, de las desapariciones, de los ajustes de cuentas indiscriminados, de los atracos mortales, de los navajazos insensatos en las discotecas...

Por no hablar de las enfermedades traicioneras y certeras que se llevan la vida de una persona en menos que canta un gallo, de las epidemias devastadoras en países sin vacunas ni medicinas para todos, de la mortalidad infantil sobrecogedora de muchas zonas del planeta...

La Tragedia se presenta de improviso, sin anuncios previos, trae consigo La Muerte de una o de muchas personas. Cruelmente la Rueda de la diosa Tragedia se detiene muchas veces al día caprichosamente en un sitio o en otro, sin miramientos, sin sentimientos, sin dar explicaciones, solo ofrece el resultado de un número de víctimas mortales, heridos críticos, secuelas irreversibles, familias destrozadas, vidas truncadas... El Horror.

Y esto es una de los miedos ancestrales que nos aterrorizan a casi todos: la vivencia de la Tragedia en nuestras propias carnes y la huella de dolor que sabemos que conlleva el Horror visto de cerca, de frente, cuando nos mira cara a cara impasible pero certero y verdadero.

Y no podemos hacer nada para evitar ser un número más que participa en la dichosa lotería de la Rueda de la Fortuna y de la Tragedia. Yo creo que todos tenemos las mismas papeletas adquiridas para el sorteo.

Y también creo que no depende de nosotros el resultado, que no podemos manipular a la naturaleza, ni al caos en el que no movemos, ni a las circunstancias que nos rodean. Está bien que no crucemos un semáforo en rojo, pero eso no evita que esperando a que se ponga verde le falle la dirección al autobús y nos aplaste en un segundo. O que nos caiga una maceta en la cabeza. O el resbalón cabrón en la ducha. O la meningitis fulminante. O que descarrile el tren Alvia que no debe descarrilar...

Y creo que Dios no tiene nada que ver con el destino de los hombres en la tierra.

Dios no manipula los vientos ni las aguas para acá o para allá.
Dios no manda plagas ni epidemias. No provoca enfermedades.
No es responsable de las guerras ni de los actos de terrorismo.
No deja que los niños se mueran de hambre.
No permite las violaciones ni los crímenes.
No provoca los accidentes.

Porque esta claro que Dios no premia a los buenos y castiga a los malos. 

Por lo menos en la Tierra.

Y juro que yo rezo muchas veces y le pido a Dios que proteja a los míos de todo mal. Se lo ruego. Le pido que nos mantenga alejados de las Tragedias y del Horror. Se lo pido de una manera ancestral, con un egoísmo exagerado: ¡protégenos Señor de todo Mal...!

En realidad creo que lo que hacemos cuando rezamos es pedir para que en el mundo reine la Paz, el Orden, la Justicia, la Salud, el Bien, la Alegría, la Solidaridad, la Amistad... La Vida.

Ojalá sea así.

Dios dirá...

Veraneo 2013

El verano en Andalucía revienta de calor. Ya mismo está aquí agosto con su carga ancestral de vacaciones, sus veraneos más o menos largos, sus viajes, sus escapadas, sus planes soñados...

Lo típico es irse a refrescarse a la playa, pero también se puso de moda hace ya décadas lo de viajar al extranjero, los cruceros, los senderos montañosos, los hoteles con encanto, los monasterios cistercienses y hasta aprovechar para operarse de liposucciones varias y luego decir que no hemos parado de hacer deporte… ¡Que cada cual aproveche sus merecidas vacaciones como quiera y pueda!

Pero unas vacaciones, entendidas medicinalmente, deben de tener un efecto balsámico sobre nuestro sistema psicosomático. No deben ser las vacaciones un período de tiempo y/o un lugar del que al finalizar y/o volver nos encontremos más estresados y agotados física y psíquicamente que al inicio.

Y no me refiero a que debamos estar sentados a la orilla del mar mojándonos el culete todo el día, tirados en una hamaca en la piscina del hotel leyendo a Paulo Coelho (¡que horror!) o paseando bucólicamente por un sendero entre montañas y cascadas de ensueño escuchando el ruido del viento entre las ramas (¡que guay!)…

Me refiero a que hagamos lo que hagamos, aunque sea tirarnos en parapente desde un risco sin haber dado previamente clases de estrellamiento, nos sirva de terapia anti-estrés y anti-monotonia, que nuestra percepción de estar “descansando” (aunque estemos subiendo al Himalaya) sea cierta y reparadora de angustias y ansiedades acumuladas y traicioneras.

Y no estoy hablando de tener que salir siquiera de nuestro entorno cercano -pues me pongo en el actual momento económico de casi todos nosotros- para gastarnos un pastón que no tenemos en irnos a una playa atestada o a un hotel empetado o a un viaje mal planeado. Cada cual que aproveche sus oportunidades logísticas y económicas lo mejor que pueda, como le dé la gana y adonde le salga del bolsillo. Pero es fundamental que este periodo de vacaciones que es el más largo de todo el año y en el que más depositamos nuestras esperanzas de descanso y felicidad, lo sepamos enfocar con la lente apropiada para no perder la perspectiva y que nos demos un soberano tropezón psicológico con las consecuentes lesiones y laceraciones traumáticas secundarias. Es decir que acabemos las vacaciones con frustración, angustia y desesperación.

¿Cuáles son mis consejos? Son los que yo me aplico a mí mismo, año tras año al inicio de los días de asueto que yo me concedo a mí mismo como autónomo que soy. A saber:

Expectativas bajas. Es mejor no ilusionarse con lo bien que lo vamos a pasar y con lo bien que nos va a salir todo lo planeado. Yo prefiero ser incluso un poco agorero y no cantar victoria antes de tiempo. Sé por experiencia taurina que lo muy esperado al final decepciona. Esto creo que se va aprendiendo con la edad. Si conseguimos mantener nuestro nivel de expectación dominado, el hotel siempre nos parecerá más bonito, la playa más limpia, el agua más transparente, el crucero más idílico, la montaña más grande y el sendero más frondoso.

Hay que dejarse llevar. No luchar contra los elementos. Los elementos por supuesto suelen ser la señora de usted y la mía, la suegra o cuñadas, los familiares queridos, sobrinos, etc. Es de botarate querer llevar la voz cantante y además ser obedecidos en cualquier situación en la que el número de personas sea superior a dos (a veces superior a uno). Mantegámonos al margen de los elementos, cuanto más al margen, mejor. Solo así podremos tener algunos minutos de tranquila reflexión y paz interior (es decir de hacer lo que nos salga de los mismísimos sin darle cuantas a nadie…)

Desconectar. Esto es fundamental. Yo tengo algunos amigos que se van de vacaciones con la mente puesta en el jodido currelo y no paran de hablar por teléfono y de dar instrucciones y de contestar correos electrónicos y de hablar de cómo está la cosa… yo les contesto que sí, que la cosa está fatal y que peor se va a poner como no desconecten y disfruten unos días de un buen paseíto por la playa conmigo por mi playa particular para que les presente a mis colegas las gaviotas y les enseñe como los charranes defienden sus nidadas en la arena y luego me los lleve a un baño en mi yacuzi personal que tengo en la curva de desagüe del Rio Piedras encima de unos bajos por donde corre al agua con fuerza y si te descuidas te quita el bañador, pero lo que de verdad se lleva la fuerte corriente son las preocupaciones y los estreses y los malos royos y te deja el cuerpo salado y brioso y la mente relajada y luminosa.

Control de daños. Los daños que más duelen estos calurosos días no son las quemaduras solares ni las picaduras de los insectos. Son los daños producidos en la de Ubrique. Estos daños además son “colaterales” pues a la larga te dan luego por todas partes: los números rojos, los cargos de las tarjetas de plástico, tu “elemento” recordándote lo que te has gastado en el chiringuito todos los días, etcétera. “Más vale una buena compra en el supermercado que un rodaballo a la plancha”. Este refrán lo acabo de patentar, pero es una verdad incuestionable.

Y para terminar, me permito escribir unas letrillas que viene bien para este control de daños:

¡Vayas donde vayas: bocadillos de caballas
Ya sea el campo o la playa: bocadillos de caballas
En la manta o la toalla: bocadillos de caballas
Sea honrado o sea canalla: bocadillos de caballas

En El Rompido y Cartaya: bocadillos de caballas.!

Paz

Del cielo al purgatorio solo hay un tobogán.
Uno está tan tranquilo andando por la orilla del mar, y de repente se ve envuelto -como dijo aquel (y no Raphael)- en un fanál...
Y todo por explorar sin ser habitual en mi –yo soy poco aventurero-.
El mejor sendero siempre es el conocido, el atajo desconocido es una invitación al desastre.
Se que en días de bruma el rumbo se pierde a cada instante y por eso siempre tenemos que gobernar con mayor atención. No distraernos.
Hoy me pasó en mi paraíso. La duna equivocada. Y se llenó la mañana de zarzas y espinas, de cactus y avispas.
Pasé del agua fresca a la angustia, del bien al mal. A un camino sin huellas humanas. A un salvaje sendero sin final. A unas ramas secas que hieren, que han herido mi piel. Soledad.
Lo que cuento es literal. No busquen metáforas donde solo hay verdad.
Entre las dos orillas del río y de la mar hay un sendero que cruzar. Y yo me distraje y comencé a divagar entre ramas secas, entre espinas de zarzales, lentiscos y chumberas.
Y descalzo como vine al mundo. Y tozudo yo sin querer volver atrás (aunque lo hice y no encontré el camino).
Perdí hasta mis propias huellas. A punto de perder mi dignidad.
Un soplo de aire entre dos dunas me llevó al camino.
Un soplo de luz, como siempre.
Y ahora se que cuando estuve perdido fui feliz.
Tengo mil espinas en los pies.
Y PAZ.

Gaviotas


Esta tarde he dado mi primer paseo y carrerita deportiva por mi pista particular que es la playa de la “otra banda”, la orilla que da a la mar de la ria que forma el Rio Piedras en su desembocadura. La playa a la que me refiero es un paraíso natural, salvaje y desolado, orientado al sur, donde rompen las olas del océano Atlántico alisando las blancas y finísimas arenas que son amontonadas allí desde hace miles de años por las corrientes marinas y el viento de poniente, el bendito suroeste tan fresco y fragante, que se encarga de ordenar estos minúsculos granos de tierra del fondo del mar formando dunas de oro y plata.

En mi paseo, que comienzo de cara al sol que ya busca el oeste para dormir, voy siguiendo la orilla. Tengo a mi derecha la playa encendida de millones de brillantes granos de arena que relucen titilando calor y a mi izquierda el inabarcable mar azul que se funde con el celeste cielo allá en el horizonte. Acaso la silueta de un pesquero se difumina o el dibujo de una vela blanca recortada y apacible. Bajo mis pies una lámina de agua transparente fresca y limpia, cuajada de vida y de futuro. De vez en cuando mi pausado trotar asusta a un banco de pececillos que huyen con movimientos coordinados y precisos. La banda sonora original la compone el murmullo del mar y el piar de los charranes en sus cortejos amorosos. El sentido del olfato se funde con el regusto a sal que impregna el aire vivificador  y deja salitre en mi cuerpo con cada respiración.

Pero me emociono especialmente cuando veo a lo lejos el bando de gaviotas que parece me estuviera esperando en el mismo sitio todos los años. Serán unas doscientas entre adultos y pollos de este año. Allá están ellas, posadas muy serias y quietas casi formando un circulo, siempre de cara al viento aprovechando los últimos rayos caloríficos del día. Se balancean y columpian casi imperceptiblemente, y de vez en cuando alguna aletea sin desplazarse, solo para desanquilosarse o para que el sol caliente sus plumas mas interiores.

Cuando me voy acercando a ellas aflojo el paso haciendolo mas pausado y silencioso si cabe. Procuro no hacer movimientos bruscos. En la parte externa del perímetro del grupo se suelen colocar los adultos, mas robustos, de plumas blancas nacaradas, alas de un gris perlado precioso y picos gruesos. Se van apartando de mi rumbo con parsimonia, muy discreta y elegantemente, casi sin mirarme, formando una especie de pasillo de unos diez metros de ancho. Yo disimulo y las miro de reojo, con respeto, y percibo que se sienten algo halagadas por mi actitud con ellas. Los pollos, de plumas todavía en tonos grises y andares nerviosos no aguantan tanto mi cercanía e inician -en grupos de quince o veinte cada vez- un vuelo bajo y elegante, como un ballet orquestado planeando, sin esfuerzo a unos metros de mi cara para rodearme y volver a posarse enseguida otra vez a mi espalda. Entonces entonan un chillido especial de estas aves que les sirve para reconocerse y comunicarse. A veces me recuerda un lamento quejumbroso y otras veces un saludo afectuoso.

Yo sigo mi camino sin prestar atención a sus chillidos, sin hacer movimientos bruscos y disfrutando del gozo de compartir con las aves unos momentos mágicos a solas en la orilla del mar. Y estoy seguro que muchas de ellas me recuerdan de años anteriores pues las gaviotas viven hasta veinte años, forman parejas estables y anidan siempre en el mismo lugar, sin trasladarse.

Y esto lo sé no porque lo haya leído, sino porque muchas de ellas cuando paso y las observo de reojo me saludan con un leve movimiento de cuello y me dedican un guiño cómplice con sus redondos y observadores ojos.



El Psicópata.


Con respecto al “caso Bretón” que creo que todos conocemos, muchos amigos me preguntan mi opinión acerca de la salud mental del acusado de asesinar quemando en una hoguera a sus dos hijitos, al parecer previa sedación con pastillas para dormir, y luego intentar ocultar este pavoroso crimen con la falsa coartada de un rapto a todas luces inverosímil… y todo esto con el objeto de hacer sufrir a su esposa y madre de estos dos angelitos…

Voy a intentar dar mi opinión profesional desde el prisma médico y psicológico, pero solo será una opinión sin mucho fundamento, muy personal, y voy a intentar que sea lo más desapasionada posible... si puedo.

Ni siquiera he leído los resultados de las pruebas psiquiátricas y psicológicas que le han realizado los peritos tanto de la defensa como de la acusación. Me imagino que la defensa intentará que los peritos testifiquen que es un enfermo psiquiátrico y no se le puede hacer responsable de sus actos y la acusación alegará que es una personal normal, sin patologías psiquiátricas, y que es completamente responsable de todos y cada uno de sus actos.

Yo creo que la verdad está en una terrorífica mezcla de esas dos posibilidades.

Cada persona somos como un diamante en bruto con muchas facetas que debemos ir puliendo a lo largo de nuestra vida (la personalidad) pero sobre todo es en nuestra niñez, adolescencia y juventud es cuando mas huella dejan los sucesos en cada una de esas facetas. 

Así cobra tanta importancia el entorno psicosocial y la educación, el colegio, la familia, el ejemplo de nuestros padres y hermanos, las amistades, el uso o abuso de drogas o alcohol, la violencia doméstica, los abusos, etc. Todas estas situaciones –y  muchas más- van modelando nuestras distintas "caras" y por eso cada uno es como es y se dice que no hay dos personas iguales.

En Psiquiatría es muy difícil a veces diagnosticar actitudes personales como “patológicas” pues en realidad lo que estamos intentando es hacer un juicio de una sola de estas facetas o cara de las múltiples facetas o caras distintas que contiene la “personalidad” de cada uno de nosotros. A saber:

  • -       La faceta personal, es muy complicada, pues es difícil saber lo que vemos cuando nos miramos al espejo. Vemos una cara que se parece a nosotros… pero ¿Quién es en realidad el que nos mira desde el otro lado del espejo? Para contestar esa pregunta muchas veces tenemos que acudir al psiquiatra o Psicólogo… y eso no significa estar enfermos. Solo significa que queremos conocernos mejor y es una muestra de salud mental.
  • -       La faceta de los afectos los normal es que sintamos afectividad por las personas que nos rodean, que el roce humano deje en nosotros una huella en forma de emociones. La empatía es la capacidad de sentir en nosotros mismos las emociones que pueden estar sintiendo otros individuos si nos encontramos en un entorno similar. Forma parte de la “inteligencia emocional” necesaria para comprender y respetar a los demás.
  • -       La faceta interpersonal esta regulada por las normas básicas de convivencia y educación. Esta faceta es muy importante pues significa como nos vemos nosotros en relación a los demás: La autoestima. Es la faceta que mas solemos manipular a nuestro antojo dependiendo de muchas variables: simpatía, objetivos, interés, etcetera.
  • -       La faceta social, lo habitual es que aceptemos y colaboremos con las normas y leyes que regulan la vida en sociedad. Esto forma parte de nuestra “responsabilidad social” y aunque a veces dejemos de pagar algún impuesto, nos saltemos un semáforo en rojo, o tiremos la basura fuera de horas, lo normal es que cooperemos en el mantenimiento de la paz y la justicia social.
  • -       La faceta sexual, que tiene gran importancia en nuestra vida, implica aceptación ordenada de impulsos biológicos, control de muchos deseos compulsivos, y ya en la madurez, respeto, tolerancia…
  • -       Hay otras facetas: laboral y profesional, matrimonial, religiosa… a las que cada uno saca provecho y las hace destacar… o no… Son facetas más propias de la edad adulta que muchas veces se usan como escaparate o caretas de usar y tirar.


Lo normal es que cada una de estas facetas estén imbricadas entre si y afectando e influyendo unas sobre otras y ejerciendo entre ellas un control para que ninguna destaque y se desligue del “super yo”, de nuestra consciencia regida por nuestra ética o moral, con nuestros remordimientos y nuestras preocupaciones ante las situaciones o temores que no hemos podido controlar… ¡lo normal!

El Psicópata.

Definir la Psicopatía es difícil. Igual de difícil que catalogar a una persona de psicópata… antes que cometa un delito que no haga sospechar de su trastorno psicopatológico.

En Psiquiatría podemos encontrar opiniones y teorías diversas referidas a la etiología (causa y origen) y a la manera de diagnosticar a un psicópata. No existen estudios específicos que den un resultado 100% patognomónico de este trastorno cerebral. No podemos pedir unos análisis ni hacer una resonancia y demostrar que una persona padece una psicopatía. Pero sabemos que existen unas personas que se salen de lo normal, estadísticamente hablando, y que no “sienten ni padecen” como lo hacemos la mayoría de nosotros. Esas personas tienen unas características especiales en su forma de comportarse, en su historial biográfico desde la juventud hasta la madurez, que conforman un grupo especial para los estudiosos del comportamiento humano, de sus desviaciones y comportamientos patológicos.

En el plano personal, el Psicópata tiene un alto concepto de él mismo, un marcado egocentrismo, es megalómano pues sobrevalora su personalidad y su capacidad para conseguir sus deseos. Crean sus propios códigos de conducta y comportamiento y se rigen por ellos, aunque de cara a la galería social tiene un comportamiento adaptativo para pasar inadvertidos, solo para eso. No se sienten bien si incumplen sus propios preceptos y reglamentos, lo que les hace entonces especialmente huraños o violentos. No es raro que sean meticulosos y puedan desarrollar comportamientos repetitivos o fóbicos.

En el plano afectivo e interpersonal, el Psicópata no solo no es capaz de sentir afectos y empatía, tal como nosotros entendemos estos sentimientos, sino que tampoco tienen remordimientos de ninguna clase y por ello interactúan con las personas de su entorno como si fueran objetos animados y se limitan a imitar comportamientos que simulen afectos. Si parece que dan algo, es solo que esperan sacar recompensa en el futuro. Utilizan a las personas para conseguir sus objetivos personales y satisfacer sus propios intereses. Solo para eso.

En el plano social, los psicópatas saben desenvolverse como peces en el agua. Pueden adoptar distintas actitudes según la ocasión lo requiera. Pueden ser simpáticos sin saber lo que es la simpatía, o graciosos, o parecer inteligentes o sensatos e interesantes. Pero no dudarán en mentir, engañar, falsificar, ocultar, manipular o incluso dañar a los demás, sin sentir el mínimo atisbo de remordimiento con tal de conseguir sus objetivos. No tienen conciencia de estar cometiendo delito alguno.

En el aspecto sexual (nunca amoroso), el psicópata suele tener necesidades especiales y atípicas formas de resolverlas, con rituales y comportamientos no comprendidos ni aceptados socialmente, que suelen generar el disconfort de sus parejas, incluso el rechazo, que el psicópata interpreta como una clara ofensa hacia su persona.

Y es en este momento, cuando el psicópata se siente rechazado, cuando desarrolla un comportamiento más “psicopático” valga la redundancia, poniendo toda su “inteligencia” y todo su caudal de conocimientos adquiridos de cómo funciona la sociedad “normal”, de cómo y porqué son capaces de sentir dolor y sufrimiento las personas comunes y corrientes, para idear y tramar con frialdad pasmosa las mas atroces venganzas y proporcionar el mayor de los sufrimientos a aquellas personas en las que ha puesto su punto de mira.

Y el psicópata mientras lleva a cabo su venganza se mantendrá hierático y frío. Impasible. Como si no fuera con él.

¿Sano o enfermo? ¿Cuerdo o loco?

Mi opinión: Me da igual. Encerrado de por vida hasta que no se realicen con facilidad pasmosa los transplantes de cerebro…

PD: Reitero que esta es una opinión personal e intransferible (como las sillas de la Plaza Nueva). Hay cientos de páginas en Internet que explican las psicopatologías con mucha mas profundidad y exactitud, pero yo he querido darle un toque campechano y sencillo.