Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

LA TATA REMEDIOS

Lourdes Pareja-Obregón López-Pazo, escribe:

En realidad se llamaba Purificación Carrascal Garrido, aunque todo el mundo incluso ella creíamos que se llamaba Remedios, hasta que un día en el que necesitó arreglar cualquier papel de emergencia y tuvo que acceder a su partida de nacimiento, descubrió su verdadero nombre, su padre la había inscrito así pero como a su madre le gustaba Remedios y no le importaban los papeles, así se llamó para siempre.

Era la pequeña de cuatro hermanos, tres mujeres Paca, Carmen y ella, y un varón que no sé su nombre, solo sé de él que siendo joven lo atropelló un tren de mercancias. Mi madre dice que recuerda los gritos desolados de Remedios cuando la llamaron para darle la triste noticia.

Pero me estoy adelantando a la historia. Su hermana Paca trabajaba en Huelva en casa de mi abuela, de modo que a los catorce años se trajo a su hermana pequeña del pueblo para ayudar en la casa, sobre todo de tata con las niñas. A esa edad ya empezó a ser lo único que sería siempre: la mejor tata del mundo, única en ese noble oficio de criar y querer a hijos que no ha parido.

Cuando mis padres se casaron se vino con ellos a Sevilla, así que después del viaje de bodas, en un coche del año 1952, hicieron el viaje sin retorno, mis padres, mi tata Remedios y mi tata Antonia, buena mujer donde las haya que ayudó también mucho a mi madre y fiel amiga de Remedios.

Mi tata Reme, nos vio nacer a los ocho, nunca la vi enfadada, jamás una palabra mal dicha, le gustaba la buena educación y las buenas formas, cantaba rematadamente mal, pero mientras hacía su trabajo cotidiano a la perfección, siempre desentonaba alguna coplilla.

Confidente de mi madre, lúcida, bálsamo de paz, buena y señora, ésa es su semblanza.

Una de las últimas noches que me quedé con ella en el hospital, me senté a su lado y le cogí la mano, el silencio solo lo rompía el glogló del aparato del oxígeno, se apartó la mascarilla de la cara y me dijo algo que llevo clavado de por vida.
Con los ojos serenos y aceptando lo inevitable con una dignidad sin precedentes habló, "yo te ví nacer a tí y tu me vas a ver morir a mi".

Es una triste historia pero así ocurrió, tal día como hoy 29 de Junio de 1998, día de San Pedro y San Pablo.

Descanse en Paz toda una Señora, mi tata Remedios.

-
Lourdes Pareja-Obregón.-



Yo escribo:

Mi madre me parió en su cama de matrimonio en nuestro piso de la “casa Torras” en la avenida de Eduardo Dato. Estoy completamente seguro que la primera persona que me cogió en brazos después del médico que me pondría encima de mi madre para que me viera la horrorosa cara de rano con la que nací, fue mi tata Reme. Me la imagino envolviéndome un una toalla y dándome un bañito templado para quitarme las miasmas mientras el Dr. Recasens terminaba de asistir a mi madre.

Seguro que ya entonces estaba canturreando alguna coplilla a la vez que me mecía arriba y abajo y me acurrucaba entre sus brazos para que dejara de llorar. Yo debo tener grabado en mis neuronas esos primeros sonidos de las canciones tristes que desentonaba, el calor maternal de su cuerpo, el tacto de sus manos tan fuertes y delicadas, sus besos tan tímidos, el amor que desprendía su mirada, su risa tan inocente…

Creo que yo no dejé de berrear ni una sola noche los primeros años de mi vida, que no comía absolutamente nada, que era nervioso… mi tata Meme me dormía cada vez que me despertaba, me cambiaba los pañales mojados, me cogía en brazos, me daba un biberón apaciguador, me cantaba, me mecía y me dejaba dormido otro ratito.

Cuando fui cumpliendo años, la tata seguía durmiendo en el cuarto con los niños. Se quedaba dormida como un tronco antes de poner la cabeza en la almohada, pero si uno de nosotros se movía en la cama, tosía o la llamaba, ya estaba despierta y tranquilizandonos. Me tenía que poner a hacer pipi cada noche, por lo menos hasta los seis o siete años, para que no me lo hiciera en la cama..

¿Cuántas maicenas con cola-cao me habrá preparado? ¿Cuántos zumos de naranja? ¿Cuántas sesadas? ¡Con que paciencia me daba de comer!

Nos llevaba de la mano a Concha, Lourdes, Josemaría y a mi, al colegio de La Sagrada Familia y nos recogía todos los dias. Yo la recuerdo con su uniforme –le encantaban sus uniformes- siempre impecable esperando en la puerta del cole y lo contenta que se ponía cuando nos veía salir corriendo hacia ella, siempre estuvo orgullosa de sus niños.

Aunque era delgada en su juventud tenía una fuerza descomunal en los brazos y en las manos, nos daba “los puños” cariñosos en los brazos y las piernas y nos dejaba baldados un buen rato. Si se acercaba algún extraño se engallaba y lo mandaba a freír espárragos trigueros.

Pasábamos las tardes de los sábados y domingos en el “campo del Sevilla”, muchas tatas con uniformes sentadas en un corro y una tropa de chiquillos correteando libres por los montones que había entonces. Bocadillos y botellas de agua. Soldados de paseo que se acercaban a ligar. La tata mirando para otro lado. Al caer la noche cruzábamos de su mano la desierta avenida hasta casa, nos bañaba y a la cama.

Cuando me fui haciendo “mayor” fui testigo de cómo crió a mis hermanos pequeños sobre todo a Fernando y a Jesús, con que cariño y paciencia los fue educando y a la vez mimando, con cuanto amor les hablaba y los corregía cuando era necesario, como los protegía bajo se armadura de fuerza si los veía desvalidos…

La tata Reme era feliz con sus cosas: rodeada de niños y haciendonos jugar a mil cosas distintas, planchando y oyendo las novelas por la radio, tomando su café con su tostada cada tarde de su vida, llevandonos al cine Nervión, al Goya, o sobre todo cogiendo el autobús para llevarnos a los cines del centro, al Coliseo España, al Pathe, al Imperial, al Llorens, al Regina, al Apolo… entonces se venía arriba, se arreglaba como la señora que siempre fue, con su permanente, sus collares y su maravillosa colonia, una sonrisa de oreja a oreja, y a pasear a sus niños por toda Sevilla, a comprarnos chucherías, pasteles, bocadillos, batidos, luego de vuelta a casa otra vez en el autobús -el 9 o el 17 en el Banco de España- nos venia contando alguna historia de su vida y de su familia en su pueblo de Higuera La Real, provincia de Badajoz.

A veces cuando íbamos a Huelva a casa de mis abuelos, nos llevaba a ver a sus padres, unos viejecitos entrañables que vivían en una casa con corral, conejos y gallinas. Pura, su madre, era igual de cariñosa que la tata. Su padre José María era de pocas palabras y se marchaba a fumar con los amigos a la plaza del estadio del Recre.

Mi madre fue siempre su mejor amiga, -eran de la misma edad- y a mi madre le contaba todas sus cosas con absoluta y plena confianza. Mi madre le enseño a leer y a escribir con soltura. Le compraba revistas y cuentos que la Meme devoraba una y otra vez. Le gustaba Manolo Escobar, Lola Flores, la canción española, las películas de Sarita Montiel, de Gracita Morales, de canciones y amores. Escuchaba la radio con interés, lo mismo las novelas que las noticias.

Le gustaba el Rompido, no sabía nadar pero se bañaba en la orilla con sus enormes bañadores y nadaba apoyando las manos en el fondo. Nos lavaba la cabeza en el mar con huevo y vinagre. Por las tardes se sentaba en la terraza a tomar el fresquito, junto a mi madre, a charlar y ver pasar los barcos. Era su mejor momento del día.

También le gustaba mucho enseñar las faenas y tareas de la casa a las asistentas que venían a ayudar en la limpieza. Ella era la que imponía las normas y se hacía respetar.

No le gustaba pelar pájaros –lo tuvo que hacer toda su vida sin rechistar- ni limpiar pescados. Por un pinchazo infectado con una espina de pescado le tuvieron que cortar un dedo a la pobre.


Además ha criado a nuestros hijos a los que quería igual que ha nosotros: a Quique, Ana, Lourdes, Pepe, Celsito, Manolo, Rocío, Cristina, Josemaría,   Blanca y Piyi, todos han pasado por sus brazos y todos han sido sus niños.

Cuando se puso malita, muy poco a poco, pero sin mejoría, nos demostró quien era de verdad nuestra tata Remedios. Se quedaba sin aire y quería seguir haciendo cosas, siendo util. Por supuesto que todos nosotros, incluso mi padre y sobre todo mi madre, nos ocupamos de ella hasta el último momento de su vida. La recuerdo sentada en su silla, con su revista por delante, sus piernas hinchadas, sin poderse mover pero preocupada por todos y cada uno de nosotros. Nos la comíamos a besos entre todos… 

Mi madre no se separó de ella durante toda su enfermedad y cuando hubo que ingresarla se quedó en el Hospital a su lado todas las noches porque la tata era muy pudorosa y no quería que la cambiara nadie si no estaba mi madre con ella.

Yo le decía, le digo, que ha sido nuestra segunda madre, a la que queríamos de la misma manera… ella no decía nada solo me cogía de la mano y la guardaba entra las suyas, muy seria, se quedaba pensativa… y luego sonreía y me daba un beso…

 ¿Qué no daría yo por poder abrazarla y darle muchos besos ahora mismo?

Te quiero mucho Tata. Y te echo mucho de menos ahora con mi nieta. Por eso escribo esto tata, para que Celsa te conozca, porque tu eres también su abuela.


PRECAUCIONES VERANIEGAS

PRECAUCIONES VERANIEGAS y CONSEJOS DE BALDE.

Es mi obligación como médico y terapeuta, en estos meses que vienen entrando -los famosos Julio y Agosto- proporcionar a mi distinguida clientela bloguera, parientes, afectos, amigos y afines a Casos Clínicos, ciertos consejos y advertencias, con los cuales estoy seguro que ustedes se verán beneficiados en su salud física y psíquica y muy probablemente en su pecunio dinerario, de manera que al llegar el abominable septiembre encaremos con salud renovada, fortaleza mental y la cartera sin grandes destrozos, el proceloso paso ferroso por estos dos meses tan traicioneros.

Hogar dulce hogar. El primer consejo es que, si tiene la suerte de tener empleo, no deje usted de trabajar en estos dos meses, ¡Que no pida vacaciones que la cosa esta muy mala! No se deje usted llevar por la absurda tradición que nos obliga a hacer de corderos para el matadero todos los veranos, siguiendo el hormiguero humano que conduce al atasco seguro, al apartamento sofocante, al ruidoso concierto de la botellona nocturna, a las playas anegadas de bañistas sombrillíferos y obesos futbolistas areneros, a la cola del chiringuito ruidoso donde le servirán de malos modos unas sardinas torradas, cervezas calientes y tintos venenosos… para después darle una soberana estocada en las agujas de la cartera, suficiente para amargarle la siesta  ya de por sí caldeada por el colchón de goma-espuma plastificado que el propietario impone por si se le ocurre a usted mearse en la cama.
Es decir, si puede, no se mueva de su casa haga usted el favor. Pienselo: en el currelo todos los capullos de los jefes se han ido de vacaciones a tomar por culo y se trabaja relajadamente y sin agobios. Además seguro que en su pueblo o su ciudad hay magnificas piscinas de agua fresca, chiringitos estupendos con cervezas heladas, tintos de verano al gusto, sardinas asadas con paciencia, chocos y pescados fritos en freidurías de prestigio, acompañado de pimentadas y demás especimenes mucho más frescos que el de los chiringuiteros playeros. Todavía mas: tiene usted cines de verano con selecto ambigú, cines de invierno con aire gélido, aparcamiento asegurado donde vaya, las tiendas vacías, el cortingles de rebaja, la parienta satisfecha con el dinerito fresco de la paga…

¿Cómo? ¿Qué dice usted? ¿Qué me quede yo en Sevilla con to mis mulas? ¿Qué usted se va a Marbella al Don Pepe y luego en yate a Sotogrande a jugar al polo?

Bueno hombre, no se ponga así, que esto no va por usted… Esto son reflexiones que me hago yo a mi mismo, sin ánimo de ofender a nadie… son consejos de amigo, hombre, para los que estamos mas o menos igualados con las pagas y las trampas, con los chavales estudiando, con las letras de los coches, con las hipotecas… Usted vaya donde tenga que ir con su yate y disfrute… como si se quiere montar en globo… o bailar la jota en pelota…

¡Ah! ¿Ustedes también se cabrean?  ¿Qué quieren seguir veraneando en Agosto en Matalascañas/ Mazagón/ Punta Umbría/ El Rompido/ La Antilla/ Chipiona/ Sanlucar/ Rota/ El Puerto, etc? ¿Qué me den mucho por la retambufa, dicen? ¿Qué me vaya al mismisimo carallo? (Me lo tengo merecido por meterme donde no me llaman).

Bueno pues a la playa nos vamos todos, no he dicho nada, ¿vale? Nos vamos quince días o un mes donde podamos, para eso están las tarjetas de crédito de colores, para meterles caña en verano. Se paga luego poquito a poco y no se nota.

El sol. Sigamos con los consejos. Mucho cuidado con el sol. El sol quema muchisimo, hace verdaderos estragos en las pieles de nosotros, blancos incautos ciudadanos de pisos. Protegerse del sol es fundamental para no pasarnos media vida achicharrados y la otra media vida expuestos al melanoma. Las cremas protectoras son un camelo carísimo, solo protegen un ratito y se van con el agua de los baños y con las toallas. La mejor crema es una chilaba de algodón con su capucha y todo, o una camisa blanca de manga larga, o una toalla grande, siempre cubiertos con una mascota por favor… no se debe de ir a la playa sin mascota de verano.
Es de verdader@s gilipollas estar después de comer tirados en la arena al sol. Es la hora que más daño hace por dentro y por fuera Las playas deberían estar llenas de sombrajos (de esta tierra), con sus parras tupidas, sus búcaros, sus bancos de maderas… y una buena palangana en medio con nieve y sandía fresquita. Una sombrilla no sirve nada mas que para poner debajo la bolsa de las toallas y de las comidas… ¡A comer a casa hombre!

La digestión. La gente se cree que lo del corte de digestión es un bulo para amedrentar a los niños. Pues mire usted, el corte de digestión es mucho más frecuente de lo que cree, y casi siempre le sucede a personas adultas, casi nunca a los benditos chiquillos. Le suele acontecer a el típico playero metido en carnes que se lleva toda la mañana al sol, juega a las palas y al futbol en la orilla, aluego se hinca una caja de botellines mientras se mete entre pecho y espalda dos bocadillos de tortilla de papa, uno de bisté empanado, otro de mejillones en escabeche, medio melón y dos melocotones… y cuando esta completamente abufao decide darse un bañito, coge carrerilla y se tira de panza en el agua fresquita… el shock suele ser fulminante.

El dichoso barco. El mejor barco es el del amigo. Quien tiene un barco tiene un problema. Toda embarcación nautica es manifiestamente mejorable hasta la absoluta ruina de su dueño.
Todo el año en secano y durante quince días nos creemos que somos el Comandante Cousteau porque tenemos una lancha con más o menos caballos en la popa. Gasolina a destajo (aquí no hay límite de velocidad). Barcazo va barcazo viene. No respetan ni una sola norma de navegación por el sencillo motivo que la gran mayoría no tienen titulación y las desconocen o no saben que existe. Creen que por tener un barco en propiedad tienen derecho a navegar por donde quieran y como quieran poniendo en peligro la seguridad de sus tripulantes y pasajeros, la integridad de los barcos cercanos, la vida de los pacíficos bañistas… ¡Que vergüenza dan algunos por mucho barco que tengan! ¡Que ridículo mas grande! Mi consejo es que no se embarquen jamás con alguien que no acredite estar en posesión de la titulación pertinente y que tenga experiencia y practica suficiente para el manejo de la embarcación. Y que nunca moleste a los bañistas. Exíjanlo sin miedo.

El hijo de la gran piiiiiita de la moto de agua.  Yo me pregunto ¿es uno solo repetido o son varios clones, todos iguales? ¿Por qué tiene todos pintas de “Canis Marinus”? ¿No les entra a ustedes ganas de que se les escacharre la motonautica al primer acelerón que den entre bañistas y niños chicos, y se la tenga que meter por el mismo bu? ¿Por qué se permite este peligroso artefacto?
Pues no señores, no, los mamelucos de nuestros gobernantes van a seguir permitiendo que estos descerebrados a bordo de  un arma potencialmente mortal que puede alcanzar más de treinta nudos, se embalen por las orillas de nuestras playas y nos tengan con el alma en vilo durante todo el día. Mi consejo es que cuando sean testigos de que se este poniendo en peligro a alguien por culpa de las motos de agua, avisemos a la Guardia Civil o a Protección Civil denunciando a estos “jinetes” de mojones. La moto requisada y a pagarla enterita ¡Ojala!

Relajarse y disfrutar. Vamos a pasar un buen verano, relajados y tranquilitos, por favor. Sol y baños a primera y últimas horas del día. La chilaba fundamental. Todos los días un buen paseo, a comprar la prensa, a la plaza, a tomar un cafelito. No tirar el dinero donde no nos sirvan bien. A comer preferentemente a casita, mucho gazpacho y pescado azul, mucha fruta. La siesta es sagrada. Un remojón por las tardes. Ver muchas puestas de sol en bañador paseando por la orilla, en buena compañía. Acostarse mas temprano que tarde.

Y los libros. No se dejen atrás la lectura. A leer novelas, poesías, lo que ustedes quieran… pero vamos a pararnos un buen rato al día, en un sitio fresquito y cómodo a leer un buen rato… nuestras neuronas lo agradeceran.

P.D. ¡Viva la Cruz del Campo!




Sevilla.

                                      SEVILLA




Se han dicho tantas cosas de Sevilla… Yo no estoy a la altura de los inmnumerables poetas y cantantes que le han compuesto a Sevilla un precioso traje de versos y adjetivos perfectos, pero como (s.D.q.) dentro de unos días va a ser mi 55 cumple, y me ha parecido notar a mi ciudad un poco celosa de Huelva y de El Rompido, por lo que debo decirle a Sevilla unas palabritas.

Es para mi Sevilla mi cuna inmensa que de niño me mecía entre alamedas y tranvías, me alimentó con biberones de sol y de luz, de claridad y cielo azul, me vio crecer jugando feliz e inocente, rodeado siempre de buena gente.
Respirar sus imborrables olores: en mi barrio a café torrefacto, en el centro a casa antigua y señorial, a parque verde montado en triciclo los sábados, a ozonopino en la sesión de tarde del domingo, a alcanfor en otoño, a castañas asadas en invierno, a  río estancado y césped de piscina en verano,  a azahar cada bendita primavera… el olor a sahumerio de la Semana Santa, a cagajones de caballo y zotal en la feria, el olor acogedor de mi casa, de la colonia de mi tata, el de las cremas de mi madre, de las escopetas de mi padre…
Todavía puedo escuchar perfectamente sonidos que tengo grabados de por vida, el amarillo tranvía y su campanear camino de la Gran Plaza, los autobuses pifiando y abriendo sus fauces, el retemblar de los finísimos cristales de las ventanas, el viejo ascensor  que sube y baja y da portazos con su cancela de hierro, el cante flamenco en la radio de baquelita de Manolo el portero mientras nos enseñaba a jugar al tute subastado, los balonazos en la pared del campo del Sevilla FC, la campana verde del colegio llamando a clase, las bandas de música ensayando marchas en los descampados, la guitarra de mi padre siempre afinada … y muchos, muchísimos tiros -desde que tengo memoria- al lado de mi padre siempre feliz y tranquilo, cobrandole miles de zorzales, tórtolas, perdices, por los mas bonitos parajes que os podáis imaginar.
En mi retina siguen grabados mis primeros recuerdos: un largo pasillo con la luz salvadora del dormitorio de mis padres al final a la derecha, los baberos con flecos para tomarme la maicena con cola-cao, los primeros juegos con amigos en el patio interior de albero de nuestra casa, los frondosos árboles de la avenida que dejaban caer gordas pelotas con pinchos, las monjas de la Sagrada Familia enseñandome a leer y a escribir, mi babi celeste, las tronantes tormentas de inviernos con chaparrones y riadas, las primeras luces de neón con colores cuando íbamos en coche al centro…
Sevilla no solo es la ciudad donde ha nacido. Es la ciudad donde me han educado, donde me he formado como persona desde niño, en mi barrio de Nervión, en mi casa, en mi Colegio Portaceli, en la Universidad de Sevilla, Facultad de Medicina, donde me he casado, donde han nacido mis hijos, donde ha nacido Celsa (que me tiene loco), donde está mi padre enterrado…
Sevilla, clasista, antigua y anticuada, que se mira tanto el ombligo, tan diferente, con su color especial, con la  Giralda,  la Torre del Oro, el rio Guadalquivir, Triana, La Catedral… y muchisimas mas Obras de Arte…
Sevilla no es nada sin sus gentes, sin los que llenamos cada día sus calles, los que le damos su verdadera identidad y su carácter, los que nos emocionamos con un Paso silencioso, con un detalle de Curro, con un óle en su momento justo, con las mujeres guapas, con las más guapas flamencas, con que no haga mucho calor en la Feria, con que pierda el Betis o el Sevilla, con El Corpus Christie, con La Virgen de los Reyes…
Soy sevillano, orgulloso de mi ciudad y de todos los que se sienten igual de sevillanos que yo, que seremos como seamos, pero no conocemos la envidia, estamos tan a gusto siendo de Sevilla…


Mis padres y El Rompido.


Quien tenga interés por conocer la genealogía e historia de mi familia paterna solo tiene que visitar esta página:    Pareja-Obregón.

Mi padre nació en 1930 y vivió entre La Pilarica, que era la finca de sus padres en Gines, y la casa de la tía Concha en la calle O,Donell en Sevilla. Nunca habló mucho de su infancia ni de su adolescencia. Mi abuelo Joaquín Pareja-Obregón Sartorius, Conde de Prado Castellano, era un buenazo que no creo que se llevase muchos sofocones por el tema de la educación de sus hijos. Mi abuela Pilar García Fonfrede estaba sembrada y cuentan de ella anécdotas graciosísimas, entre otras que le gustaba montar timbas de cartas con todos los profesores que llegaban a dar clases a sus propios hijos.

Desde niño mi padre tuvo dos grandes pasiones: el futbol y la escopeta. Jugaba al futbol en el equipo de Gines, en los aficionados (amateurs) del Sevilla F.C. y en todos los equipos y partidos benéficos de toreros, artistas, etc, que lo dejaban jugar. Era un gran deportista y destacaba también en frontón y en tenis.

Su otra gran afición fue pegar tiros con la escopeta, ya fuera cazando en el campo o en el Tiro de Pichón del Carambolo, del que mi abuelo fue Socio Fundador. Desde pequeño desarrolló una habilidad especial que no pasó desapercibida para su padre que le ayudó y fomentó su destreza. Empezó a destacar desde muy joven en el Tiro de Pichón de Sevilla, de Huelva y por toda Andalucía. El Conde de Teba, entonces Campeón de España lo vio tirar y se convirtió en su mentor y en su “padrino” de Tiro de Pichón. Con “Bunting” empezó a viajar por todos las canchas de Tiros de España y formó parte del equipo Español en varios Campeonatos de Europa y del Mundo. Fue su “profesión” durante muchos años de su vida. Ganó infinidad de Premios y Copas, varias veces el Campeonato de Andalucía, cinco veces el Campeonato de España, la Copa de Oro de España, el Campeonato de Europa, el Campeonato del Mundo por Equipos y fue subcampeón del Mundo individual.

También le gustaba divertirse un poquito, tocaba muy bien la guitarra y siempre le gustó el flamenco. Fue Hermano Mayor de la Hermandad del Roció de Gines en 1954-1955 y cuentan que llevaba una Carreta muy divertida con todos sus amigos del pueblo y muchos artistas.

Mi madre Pilar López-Pazo Noval, nacida en Sevilla en 1932 en la Puerta Real. En 1938 durante la guerra, se trasladan a vivir a Huelva, primero a Cartaya donde mis abuelos tenían la casa de veraneo y luego a Huelva definitivamente en 1939. Fue al Colegio de la Teresianas, pero con trece años mis abuelos deciden que estudiara en Sevilla en el Colegio de las Irlandesas de Castilleja de La Cuesta, interna. Allí tuvo a sus mejores amigas (Carmen Ybarra Hidalgo, luego Mother Miriam, era como su hermana) aprendió inglés, se lo pasó estupendamente y salió del Colegio siendo una señorita con 17 años.

Bueno, pues resulta que en el año 1950 mi madre va al Rocío con sus padres y con su hermana Delia. A esta casa también iba un señor muy amigo de mi abuelo Pepe que se llamaba Manolo Ruiz (creo que era tío de nuestro amigo Jose María Ruiz Romero, “Rosco”, actual Hermano Mayor del Cachorro). Este buen hombre conocía también a la familia de mi padre. Me cuenta mi madre que mi abuelo le pidió a Manolo Ruiz que buscara un caballista “de confianza” para que montara a sus hijas. Manolo se lo dijo a mi padre, que no le dijo que no, pero que tampoco se lo tomó muy en serio lo de montar a unas desconocidas hijas de un señor que no conocía.

Mi madre salió a dar un paseo a la grupa de un amigo suyo de Huelva, y por casualidad coincidieron con el grupo de mi padre. Mi madre lo miró como sin mirarlo. Mi padre se quedo embobado cuando la vio, y cuando Manolo Ruiz le dijo quien era la guapísima rubia, se tiraba de los pelos. Mi padre, siempre cayadito pero con las ideas muy claras, pegó su caballo al del amigo de mi madre y no se separó de ella en todo el día, hasta que consiguió subirla a la grupa. Creo que se enamoraron al instante, un flechazo en toda regla…

Mis abuelos paternos veraneaban en Cadiz, en “Villa Celsa”, un chalé junto al Hotel Playa. Como mi madre veraneaba en Cartaya, ese verano mi padre decidió ir a verla, pero no conocía a nadie en Cartaya. Tenían amigos comunes en Punta Umbría, Consuelo Vazquez (hermana de Pepe Luis y Manolo, este intimo de mi padre) casada con Eleuterio Población, amigos de Huelva de mi madre, y allí se encalomó don Celso. Para ir a de Punta Umbría a Cartaya no había la carretera que hay hoy día, sino que se tenía que coger la canoa hasta Huelva, Gibraleón y Cartaya. La segunda vez que fue a Punta Umbría se llevó en la canoa una moto Harley-Davidson prestada por su cuñado Paco Aymat, y decidió acortar camino por un carril que discurría paralelo a la costa, camino del Rió Piedras y de Cartaya. De esa manera descubrió el poblado de El Rompido en 1951-52.

Me imagino a mi padre cuando llegó por primera vez a ese paraíso natural y vio aquellas cabañas con techos de brezo, los barcos de pesca fondeados o navegando cargados de atunes, la Almadraba funcionando enfrente en la otra banda, la naturaleza desnuda y virgen dibujada en las caras de aquellas buenas personas… decidió quedarse por allí. Me lo imagino parandose a conversar, con su inicial timidez natural, pero que al momento convertía en simpatía, en camaradería, en confianza, en amistad. Me lo imagino charlando con José Catalina, con Calentura, con El Gallo, con El Colorao, con Lázaro, con El Chulo, con Gumersindo… preguntando mucho, tomando una cerveza o un vaso de vino y haciendo planes para volver pronto e irse de pesca con todos ellos. Después me lo imagino llegando a Cartaya a ver a su novia y contandole las maravillosas personas que acababa de conocer en El Rompido, los planes de pesca que tenía proyectados, y lo que le había gustado aquel poblado tan solitario y tranquilo, tan romántico, que sería el futuro lugar de veraneo de ellos cuando se casaran y tuvieran hijos.
Ni que decir tiene que mi padre enseguida hizo participe de este hallazgo a su hermano Manolo, el cual no dudó ni un segundo en trasladarse con mi padre a El Rompido, y en cuanto se casó con la guapisima tía Carmen de los Reyes se vino a Cartaya a veranear con nosotros. Mi abuelo Pepe lo quería como a un hijo, igual que a mi padre, y se mataban de risa cuando estaban juntos. Mis primos les decían también abuelos.

Mis padres se casaron en 1952 y empezaron a tener hijos, las primeras esa collera de gemelas que ustedes conocen perfectamente y se llaman Concha y Lourdes o Lourdes y Concha, tanto monta monta tanto. Después: yo, Josemaría, Pilar, Fernando, Reyes (fallecida) y Jesus.

Por supuesto que en cuanto pudieron, y después de veranear en Cartaya unos años -aunque íbamos a El Rompido casi todos los días a bañarnos y a pescar- mis padres se compraron una casa preciosa en la misma orilla de la Ria del Piedras. Esta casa es donde nos hemos criado mis hermanos y yo, entre mareas altas y bajas, pleamares y bajamares gloriosas con baños de mañana o de tarde, siempre encroquetados de agua salada y de arena fina, o embadurnados de negro barro entre barriletes y cangrejas, cogiendo coquinas, almejas y verdigones, luchando contra las corrientes nadando hasta los pesqueros fondeados para pescar a fondo mojarritas con gusanas  o calando trasmallos con nuestros amigos de la infancia.

Por las mañana temprano esperabamos que llegaran los vendedores con los burros que traían el pan, la leche, las verduras… Teniamos que sacar el agua del pozo del patio hasta el redondo deposito de uralita del tejado, palanqueando con una bomba mecánica porque casi nunca llegaba la luz electrica. Por la noche nos acostabamos derrotados después  de jugar todo el día en completa libertad en nuestra Macondo choquera, cada día descubriendo nuevos tesoros en los caños inexplorados, en las calles de arena de playa, en las dunas de la orilla. Me acostaba con la ventana abierta para escuchar romper las olas de la mar de leva en la otra banda, melodía interrumpida de vez en cuando por el monótono pistonear de los primeros motores de un cilindro de los antiguos velachos ahora mecanizados, cuando salían de madrugada a faenar.

Esos fueron los primeros y maravillosos años de nuestra vida. Años que, gracias a nuestros padres y a la vida en familia, dejan huella profunda en nuestra educación: amor por la vida al aire libre y admiración por las costumbres marineras, el respeto a el carácter de los hombres de la mar, los amigos para toda la vida, la certeza de donde esta la verdad y la tranquilidad de espíritu…

Hoy, a punto de cumplir la bonita cifra de 55 años, todavía sigo escuchando las antiguas olas, el tracatrá de los viejos motores, las pisadas de los burros al subir una loseta, el agua rebosando del depósito al caer al patio, mi padre silbando después de la siesta, a mi tata llamandonos para merendar, la mecedora de mi madre en la terraza…

Todo gracias a mis padres.

Mi hermana Lourdes escribió:

Mi madre se llama Pilar Lopez-Pazo Noval, nació en Sevilla en La Puerta Real, me cuentan algunas personas mayores que era una niña vivaracha y muy lista, ella, graciosamente decía desde muy pequeña, "soy Pilarita de la Puerta Real". Adorada por sus padres y sus tíos Agustín y Rafael -que no tenían hijos- y ella fue la primera sobrina. Ahí pasó sus primeros años. Cuando empezó la guerra era muy pequeña pero dice acordarse de hombres corriendo asustados. Fue entonces cuando a mi abuelo José López-Pazo, su padre, le dieron Huelva como destino de trabajo en la Previsión Española, allí se fueron y allí vivió una niñez y juventud muy felices, también en Cartaya, dónde mi abuelo compró una casona de veraneo, y ése es el origen de nuestro amor a Huelva y a El Rompido y Cartaya.

En la adolescencia la pusieron sus padres interna en el colegio de Las Irlandesas de Castilleja de La Cuesta, de allí guarda grandes amigas, en especial Carmen Ybarra (para mi Mother Miryam).
Conoció a mi padre en el rocío, para entonces su belleza era ya muy grande. Rubia oscura con unos ojos de un azul intensísimo, azul oscuro, y unas facciones muy perfectas, guapísima.
Se casaron pronto y se fueron a vivir a Sevilla, frente a Portaceli y junto al Barrio de San Bernardo.
Su primer embarazo de los ocho hijos que tuvo fue el de nosotras las gemelas. Cuenta que como al final estaba muy molesta mi padre dispuso que la acompañara a todas partes "el mudo", un señor que no sé de dónde salió pero que era de la confianza de mi padre, hablaba casa sin que se le entendiera, pero siempre mi madre iba a Misa de San Bernardo con la barriga del embarazo avanzado… y el mudo detrás.

Mujer inteligente a más no poder, con fuerza de carácter (como todas las mujeres de mi familia), buena, educada, culta, sabe defenderse bien en inglés, lee y tiene gusto por la cultura. No la oigo mucho hablar de música, sé que le gusta, pero creo que con la música que ha tenido que oír toda la vida al lado de mi padre...tiene bastante. Le gusta estar tranquila pasear y sentarse tranquila a pensar... siempre en sus hijos, no ha hecho otra cosa desde hace 56 años.

Tiene una capacidad de aguante impresionante, es fuerte y se asombra por muy pocas cosas.
Ha pasado en la vida, pero sé que ha sido feliz, ha querido y la han querido, y ahora está viviendo uno de los momentos más felices de su vida, está tranquila… y aunque la vida le ha jugado alguna mala pasada, le ha dado el regalo de conocer a dos biznietas preciosas.

Este es el ejemplo de ésas mujeres de la vieja estirpe, fuertes luchadoras en tiempos de dificultad, han sabido no solo construir una familia, también desde sus casas han construido un país que quedó asolado, y ellas tienen mucho que ver en el bienestar de hoy…
Muchas gracias a mi madre y a todas las mujeres de ésa generación que TANTO han hecho por nosotros,  sin hablar, sin darse a notar, sin proclamas ni pancartas....no perdieron el tiempo en eso, tenían que sacar adelante a toda una generación y construir una sociedad... VIVA MI MADRE....Y TODAS NUESTRAS MADRES..




Mi familia López-Pazo.


Mi bisabuelo materno se llamaba Agustín López Pazo, nacido en Marianao, Cuba, pues sus padres eran emigrantes ¿gallegos? Con catorce años se vino con sus padres y hermanos y otras familias de ascendencia española desde Cuba a Sevilla. Aquí se instalaron, estudió Derecho y se hizo Abogado, llegó a ser Secretario de Sala. También se dedicó a los negocios con éxito y llegó a ser muy conocido. Se casó con Pilar Ganzinotto Ordoñez -hija de Rafael Ganzinotto y Amparo Ordoñez Cáceres- y vivieron en la Plaza de San Ildefonso, donde nacieron sus hijos Agustin, Pilar, Mercedes y Amparo (gemelas), Rafael y Jose Antonio (Pepe), este último mi abuelo materno.

Mi bisabuelo Agustin, el cubano, murió en 1913 en Sevilla con cerca de cincuenta años. A su muerte su viuda decidió unir el apellido para honrar a su marido. Pilar Ganzinotto Ordoñez murio en Sevilla en 1943.

Agustin López-Pazo Ganzinotto, el hijo mayor, nació en 1985. Heredó las cualidades de su padre para los negocios y los tratos e intermediaba en la compra-venta de fincas, cosechas, etc, siendo su arbitraje ejemplo de seriedad y honradez. Fue uno de los primeros A.P.I. Colegiados de Sevilla, profesión a la que se dedicó con éxito; perteneció y cumplío las Bodas de Plata como socio de Honor del Circulo de Labradores; socio fundador del Aero-Club; perteneció a la Junta de la Quinta Angustia… (todos estos datos están extraido de la maravillosa Hemeroteca del ABC). Su pasión eran los toros, siempre tuvo su Abono y fue jurado de diversos premios taurinos de la época.
Se casó con Juana Payo, la tía Juana, y vivieron en Heliopolis en la calle Lima nº 26, más tarde en la calle Moratín nº 30, en una casa preciosa, que recuerdo que en verano ocupaban los pisos bajos y en invierno se mudaban a las plantas de arriba. No tuvo hijos. Eran mis padrinos de bautismo.

Pilar era epileptica y murió joven, soltera.

Mercedes y su hermana gemela Amparo se casaron con dos hermanos Francisco Resa Arteaga y Pepe Resa Arteaga y se fueron a vivir a Madrid, yo no las recuerdo.

Rafael López-Pazo Ganzinotto nació a principios del siglo XX. Estudio Perito Mercantil, se dedicó desde joven a los seguros en La Previsión Española, de la que llegó a ser Delegado Provincial y Apoderado. Vivió en la calle Tomas de Ybarra y tuvo las oficinas en la calle Rosario. Casado con Carmen Heraso Budia, la tia Carmela, no tuvieron hijos. Toda su vida convivió con ellos la hermana mayor de la tía Carmela, la graciosisima tía Rita, que era chiquetita y tenía una voz muy graciosa. Mi tio Rafael no paraba de meterse con ella y todos nos reiamos de las cosas que le decía. Muy bético, perteneció a la Junta del Real Betis Balompié durante 1933-34. Rafael era falangista y fue nombrado Secretario Provincial de Auxilio Social en 1939. Era el padrino de mi hermano Josémaría. Murío en 1973 de diabetes.

Pepe Lopez-Pazo Ganzinotto, mi abuelo, nació en 1905, era el más pequeño y creo que su padre murió cuando tenía siete años, por lo que se crió con su hermano Agustín haciendo las funciones de padre pues era veinte años mayor. Vivió en Sevilla, creo que empezó a estudiar Derecho, pero no terminó y desde joven trabajó con su hermanos Agustín y Rafael. Le gustaban las relacciones públicas y tenía un don de gentes especial. Era un tio simpatiquisimo, con tela de arte y era capaz de venderle un burro cojo a un gitano. Empezó en los seguros con Zurich, ganaba mucho dinero y vivía esplendidamente. Era guapo, calvo, fuerte y muy bético. Se enamoró perdidamente de Delia Noval de Orta, que era un bellezón de mujer, y se casaron en 1930. Viveron en Sevilla en La Puerta Real, donde nacieron sus dos primeras hijas Pilar (mi madre) y Delia. Su hermano Rafael lo convenció para que se fuera a vivir a Huelva a abrir delegación de la Previsión Española, y sin pensarselo dos veces se trasladó a nuestra querida capital.

En Huelva vivió hasta el final de sus dias, como un choquero más. Allí nacieron sus otros hijos, Pepe, Carmen y Lucía. Tuvo allí sus mejores amigos, recuerdo al tio Juan Rebollo, Miranda, Alvarez Rementería, los Damas, los Galvez Cañero, los Población, los Summer. Trabajó mucho y ganó mucho dinero. Siempre estaba trabajando y recuerdo que decía que su hora de llegar a almorzar a casa era de una a siete de la tarde… y podía llegar con cinco o seis invitados a comer, pues la fama de cocinera de mi abuela era grande en Huelva.

Vivían en un chalé en La Isla Chica, “Villa Delia” que todos recordamos con muchisimo cariño por lo felices que eramos las temporadas que pasabamos allí. Era enorme, con grandes jardines con bancos y fuentes de agua. Tenía un gallinero al fondo repleto de huevos, las cocheras, el lavadero…la despensa tenía varios pasillos. Yo me perdía por allí con mis hermanos y primos durante toda la mañana feliz de descubrir cada día un nuevo rincón para explorar. En los trasteros de la planta de arriba había verdaderos tesoros para un chaval de siete u ocho años.

Al poco de llegar a Huelva se compró una casona de veraneo en Cartaya, en la Rivera del rió Piedras, junto a toda la familia de mi abuela Delia (los Orta y Balbontin), que ya estaban instalados en ese maravilloso “cerro colorao” cartayero. Allí me llevaron a mi con siete dias y allí pasé mis primeros veraneos, con mis abuelos Delia y Pepe, con mis queridas tias Delia, Carmen y Lucía Lopez-Pazo, con mi tío Pepe, con todos mis primos, con la luz cartayera, con el agua mágica de la ribera, con el olor a eucaliptos y sabor a chumberas e higos chumbos, con una manta y un búcaro en la hora de la siesta entre los pinos con las chicharras y los grillos, con las bicicletas pinchadas, con los baños en el pilón de agua helada, con el carrito de los helados por las tardes y el cine de verano por la noche… ¡bendito sea Dios!

Al Rocío iban mis abuelos con los Reales, con su amigo Perez de Guzman, con los Ruiz. Fue en un Rocío donde mi padre conoció a mi madre de una manera muy graciosa que ya os contaré.

Cuando mi madre se casó, mi abuelo compró un piso pared con pared al nuestro en Eduardo Dato, para cuando venía a Sevilla estar cerca de su hija Pilar. Mi padre se llevaba espectacularmente bien con el, adoraba a mi abuelo Pepe y siempre estaban gastandose bromas.

En los primeros veraneos en Cartaya mi padre convenció a mi abuelo para que se comprara un bote con un fueraborda, todos los días se iban de pesca temprano y luego nos recogían y saliamos a bañarnos a la Punta de El Pozo. Impresionantes recuerdos de mi abuelo con su mascota y su camisa, su bañador negro, sus gafas, su petaca, su mechero… riñendonos para que no nos movieramos cuando navegavamos. Después de la siesta regaba los arriates con una mangera de tela que se hinchaba con el agua, mientras mi abuela Delia, en su mecedora, le liaba con precisión los cigarrillos de picadura Alvaro y los guardaba muy ordenaditos en la petaca de cuero.

Mi abuela Delia era una de las mujeres con mas elegancia natural que he visto en mi vida. Siempre siempre estaba guapa, siempre tranquila, siempre discreta, siempre una palabra tranquilizadora y un gesto bondadoso, siempre una sonrisa a tiempo, siempre un abanico que alejase las penas, siempre un chal para quitar el frio del ambiente, siempre soportando su reuma con entereza, sin quejas, siempre cuidando de mi abuelo, de sus hijo Pepe, de todas sus hijas, de sus nietos… Mi abuela Delia se murío un día de pronto, sin quejarse, como ella decía que quería morir, sin darle la lata a nadie… el día que se murió estaba arreglada y guapisima.

Mi abuelo Pepe derrocho generosidad con sus hijos y con sus nietos, pero también era esplendido con sus amistades y ayudó a muchas personas a ganarse la vida. Cuando ya estaba mayor y no pudo conducir contrató a un chofer, Domingo, que fue un santo con mi abuelo. Era su chofer del Dodge Dart americano tan bonito, y del seiscientos antiguo que mi abuelo no quiso desprenderse nunca, pero después, cuando le dio la congestión que lo dejó sin habla y en una silla de ruedas, Domingo fue sus manos y sus pies, su apoyo y su cuidador hasta que se murió.

Esta es una breve semblanza de mi familia López-Pazo de la que tan orgulloso me siento y de la que estoy seguro que llevo una gran carga genética, por mi abuelo Pepe, por mi tío Pepe (que os contaré maravillas de el), por mi madre con la que tengo una identificación y complicidad “sobrenatural” desde que era un niño.

Gracias a esta familia Lopez-Pazo, gracias a mi madre, yo soy la persona que soy ahora. Sin dudas.


http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1981/03/29/081.html - Agustin López Pazo


 En la foto de la Hemeroteca de ABC de 1922, parece  que Agustin ya estaba sobre los cuarente y tantos años, por lo que debío de nacer sobre 1870-1880. Curiosamente don Armando Soto Morilla es el bisabuelo de nuestro amigo Jose Manuel Soto… ¿Casualidades de la vida?

LAS ABUELAS DELIA

Quiero hablar de dos mujeres muy importantes en la vida de las familias Pareja-Obregón, tanto para los Pol como para los López-Pazo. Se trata de las dos primas hermanas Delia Tornero de Orta y Delia Noval de Orta, que se criaron juntas como hermanas en la Sevilla de los años…..

Para iniciar la historia nos remontamos al Alosno donde Manuel de Orta Limón se casa con su prima María Blanco de Orta y tienen un hijo, Juan José de Orta Blanco, un alosnero nacido en 1836, que emigró a Argentina en 1862 supongo que a buscarse la vida. Allí conoció y se casó con una dama que se llamaba Ana Sousa-Martins Rocamora, hija de Antonio Sousa-Martins Branco de Hasedo, portugués y de María Dolores Rocamora y Cruz, uruguaya de Montevideo.

El alosnero Juan José de Orta Blanco y la argentina Ana Sousa-Martins eran aficionados a la coyunda pues tuvieron trece hijos: Juan José, María Manuela, Ana, Dolores, Manuel, Emilia, Elena, Eduardo, Elisa, Roberto, Delia, Fernando y Enrique de Orta y Sousa-Martins. Los ocho primeros nacidos en la Argentina y los siguientes en España.

Según me cuenta mi madre, el bisabuelo Juan José al llegar a España se instaló en Sevilla y compró una casa esplendida en la Plaza de San Martín, que se conserva ahora igual que entonces. Veraneaban largas temporadas en Cartaya, donde se casaron y quedaron a vivir algunos de sus hijos e hijas.

María Manuela de Orta y Sousa-Martins, nace en Buenos Aires en 1869. Al llegar de niña a Sevilla vive en la Plaza de San Martin. Se casó con Juan Tornero Toresano, y tienen tres hijos: Fernado, María Luisa y Maria Delia Tornero de Orta.

Delia de Orta y Sousa-Martins nació en Sevilla en 1883 en la casa de sus padres. Se casó en Sevilla con Antonio Noval de Celis, que vivía muy cerca en la calle Cervantes, era militar y marino mercante igual que todos sus hermanos. Tuvieron dos hijas María Teresa y Delia Noval de Orta que también nació en la casa de sus abuelos en la Plaza de San Marín.

El marino Antonio Noval se olvido de volver de uno de sus viajes, creo que a Argentina, por lo que mi bisabuela Delia su tuvo que ir a vivir con su hermana María Manuela, de tal manera que las primas se criaron juntas en la misma casa como hermanas.

Bueno pues ya tenemos ubicadas en Sevilla a las dos primas hermanas Delia Tornero Orta y Delia Noval Orta.

Delia Tornero Orta se casó con Ramón Pol Carbonell y tuvieron dos preciosas hijas, Maria Luisa Pol, casada con Francisco Nuñez Naranjo y Delia Pol Tornero, casada con Juán de Dios Pareja-Obregón Garcia.

Delia Noval Orta (Chichí) se casó con mi abuelo José López-Pazo Ganzinotto y tuvieron cinco hijos: Delia (Jaime de Toro), Pepe (María Isabel Terrades), Carmen (Juan Peña) y Lucia (Jaime Gastalver) y Pilar Lopez-Pazo Noval, casada con Celso Pareja-Obregón García, que la pongo al última pero es la mayor de los hermanos.


Ahora escribe mi prima Rocio Pareja-Obregón Pol:

Eran primas hermanas, hijas de María y Delia Orta Sousa-Martíns, nuestras bisabuelas. No sé si sabéis que eran argentinas (de ahí nuestra pasión por el tango). Miembros de una familia numerosísima. Todavía en Sevilla se cuentan sus historias.
Vivían en la Plaza San Martín, en una preciosa casa sevillana que todavía existe. Todas las noches, hacían una representación de teatro en su salón, el balcón abierto y lo escuchaban todos los vecinos. Se disfrazaban, declamaban a voz en grito, cantaban y al final saludaban ante el aplauso de los espectadores figurados. Gratis sesión de tarde. Cuentan, que por la tarde las niñas, se disfrazaban de pueblerinas, con delantal, pañuelo en la cabeza y canasto en brazo y se iban a dar paseos por delante de los coches de caballo y se llevaban mil piropos de los cocheros. Se rellenaban con cojines, para estar de más buen ver a la moda del tiempo. De Emilia, otra prima, se enamoró un espectador, que se declaraba perdidamente enamorado de su trenza rubia que le llegaba a la cintura. La realidad es que tenía tres pelos, y se ponía una peluca, por lo que nunca bajó del balcón y se limitó a pelar la pava desde arriba para que no descubriera su engaño. Tiraban una cuerda para que los admiradores treparan y a mitad de camino lo dejaban caer. Ninguno llegó al balcón. 
La bisabuela María, era muy coqueta. Ya muy viejecita, cruzaba las piernas y le decía a mi madre que admirara la blancura y la finura de su piel. Vamos, que sentía una admiración por si misma tremenda. Cuando nuestras bisabuelas enviudaron, se fueron a vivir juntas a una misma casa con todos sus hijos. Y allí los criaron en una casa sevillana todos juntos. Y es allí, donde se crían las dos Delia. Eran más hermanas-primas que primas-hermanas. Todo lo hacían juntas. Una noche, salieron del teatro las dos muy nerviosas porque un pollo pera guapísimo, ojos azules, metro noventa, elegante y con un porte que daba miedo, las había estado mirando desde "el gallinero" toda la noche a ellas, abajo en butaca.
Se dieron cuenta que las seguía y Delia (Tornero), le dijo a Chichí (Delia Noval): Se ha enamorado de ti seguro… porque la admiración que sentía por su prima y su belleza le daba a ella por pensar que aquel hombretón no podría mirarla a ella, porque iban a parecer "la una y media".
Se equivocó. Ramón Pol Carbonell, se fue a una cerillera y le pidió el nombre de esa dama. Al día siguiente, le envió una carta por debajo de la puerta del zaguán que empezaba "Adorada Dalia:..." Y continuaba una preciosa carta de amor a primera vista y le pedía permiso para pasear su calle. Después vino lo de hablar por la ventana. Después noviazgo y boda. Y amor eterno, que es lo que sintieron el uno por el otro. Sin una sola pelea, ni una mala frase, ni una discusión. ¡Que maravilla para mi recuerdo¡. Eso me enseñó lo que debe ser un matrimonio.
Después se casó Chichí con José López-Pazo Ganzinotto, otro hombre guapo y bueno donde los haya. Se llevaba a la gente de calle por su simpatía. Por su trabajo es por donde se separan las primas, pues se van a vivir a Huelva.
En  Cartaya,  era donde nuestras abuelas pasaban veranos y temporadas con ella (de ahí nuestro amor por esa tierra). 
Y los dos matrimonios, tuvieron la suerte de tener las hijas mas guapas de Sevilla. Que no es presumir, es que lo eran y punto. Carteles de feria, carteles de Semana Santa, postales de Sevilla, ahí, las caras de nuestras madres con mantilla, blanca o negra, vestidas de flamenca, en los toros. Un espectáculo. Por como están educadas y formadas nuestras madres, es de dónde yo aprendí como se deben educar a los hijos.
Las dos dedicaron su vida entera a lo mismo. A querer a su marido, a educar y adorar a sus hijos, a mimar a sus nietos, a disfrutar de sus biznietos.
Eran sabias. Servían para las labores más difícil de la vida. Sabían escuchar, acompañar, aconsejar, divertir, charlar, opinar, querer, enseñar, apoyar. Y es que eran buenas, tolerantes, flexibles, divertidas, enfermeras, jardineras, cocineras, amantes y amadas, con una elegancia sencilla y natural por encima de cualquier moda. No necesitaban más. No había un atisbo de sofisticación en sus vidas.  Siempre una sonrisa, una mano amiga a tu lado. Una ayuda para todo el que lo necesitaba.  Nos dejaron por herencia ser recordadas y lloradas por una multitud de personas a las que ayudaron sin que nadie lo supiera porque les hacía falta. Y allí estaban ellas, unas ONG andantes que daban más de lo que tenían y podían. En sus entierros caras anónimas llorando en la puerta de la iglesia. Consideradas SEÑORAS, a palo seco, con mayúsculas, por ellas mismas.
Gracias a ellas, aprendí, que no hay nada como educar con el ejemplo.
¿Qué haría mi abuela? me pregunto en los momentos difíciles. Solo tengo que recordarla para saber la respuesta.
No sólo es la sangre Pareja la que nos une. Nos unen las dos Delia, grandes donde las haya, merecedoras de unas cuantas páginas del blog de Celso.


Sigue escribiendo Rocio:


 Mi padre (Juan de Dios), apareció en Cervantes, de manos del tuyo (Celso), que era ya novio de tu madre (¡que favor le hizo). Mi abuelo Ramón lo caló, y no lo quería ni en pintura, pero tuvo una aliada, la bisabuela María, que se volvió loca de como tocaba a la guitarra "El emigrante", debía ser que eran familias de emigrantes, y todos los días le pedía a tu padre, que llevara a Juanito a tocar la guitarra. Mi abuelo tragando el pobre. Y ella, la abuela, le decía a mi madre: A quién le tiene que gustar es a tí, tu no hagas caso de tu padre.
En Feria, tu madre se venía a Cervantes con la mía. Para mis abuelos, era una diosa, por su belleza y además la adoraban. Así que como eran tan guapas, la calle Cervantes se llenaba de caballistas desde muy temprano. Hacían cola para poder llevarlas a la grupa. Esto es cierto y me lo han contado ellos mismos. Mi abuelo, cuidando de ellas, escogía a los mas seriecitos y formales para tu madre y la mía y te digo, que los conozco y eran feos y pardillos pa reventá.
Los guapos peligrosos, los mejores, se ocupaba mi abuela de que montara a amigas que se juntaban allí porque no tenían pretendientes y las iban colocando a todas encima de una grupa. Tu madre y la mía a buen recaudo, con mi abuelo mangoneando en su caseta, negras de los esperpentos elegidos, y las otras, encantadas aprovechando las mejores sobras del festín. ¡Que arte¡.
(Tengo una revista antíquisima llena de fotos de las dos, te la voy a copiar y enviar "Carmen de España 1952" esa es la exclusiva de la revista. Pa morí.
Primo, ¿Qué hay de extraño en que tengamos nosotros a Ana y Triana? Yo siempre pienso, tan guapas como sus abuelas…

PD: Yo, Celso, suscribo todas y cada una de las palabras de mi queridisma prima-hermana hermana-prima Rocio


INDIGNADO


Yo estoy indignado desde hace mucho tiempo, y tengo mis motivos, pero no molesto a nadie ni insulto a ninguna otra persona ni le doy por culo a mis inocentes convecinos. Y eso que tengo muchos motivos para estar verdaderamente indignado por muchísimas razones…

·      Estoy indignado porque parece que nadie, en este cada vez más cateto país, aprecia la importancia que tienen la educación, el respeto y la responsabilidad.
·      Estoy indignado porque no se tiene en cuenta el valor añadido que implica para toda la sociedad el estudio y la formación.
·      Estoy indignado porque da la impresión que no tienen importancia los estudios superiores, la formación profesional, la formación Universitaria, la especialización y la formación continuada.
·      Estoy indignado por la falta de reconocimiento a el esfuerzo que hemos tenido que hacer los de mi generación (1956) y el que ahora realizan muchos jóvenes encerrándose a estudiar muchos años de su vida, formándose hasta los veintilargos años (incluso pagándolo de su bolsillo), para servir a la sociedad como abogados, arquitectos, ingenieros, economistas, sanitarios, etc, etc,… y después encontrarse con la dura realidad del paro, los sueldos basura o la emigración.
·      Estoy indignado porque he trabajado como un mulo durante muchos años de mi vida dejandome el sueño y la salud haciendo guardias en hospitales y clínicas privadas sin que me hicieran un contrato legal y sin haber cotizado por eso a la Seguridad Social.
·      Estoy indignado porque me han robado muchos años de cotización a sabiendas, con el “toco mocho” de “o lo tomas o lo dejas, porque hay muchos médicos en paro”.
·      Estoy indignado porque debido a lo anterior, para mantener a mi familia he tenido que trabajar en dos o tres empleos al mismo tiempo, a veces saliendo de guardias de noche en Huelva para entrar temprano en Sevilla, jugándome la vida en la carretera, mientras los colocados “a dedo” no han hecho una guardia en su vida.
·      Estoy indignado porque me he tenido que tragar “sapos y culebras” con las condiciones laborales abusivas, incluido el SAS, que he tenido que soportar a lo largo de mi vida profesional.
·      Estoy indignado porque desde que abrí mi primera cuenta corriente en un Banco para depositar mis primeros sueldos de currelante, me han estado robando a base de comisiones ilegales, cargos indebidos, cláusulas abusivas, etc.
·      Estoy indignado de la persecución que sufrimos por parte de Hacienda los que llevamos toda la vida trabajando honradamente, mientras a los de la pandilla de “Ali Babá”, a los de las grandes empresas, les perdonan cienes y cienes de millones.
·      Estoy indignado de que Hacienda me quite dinero de mi cuenta corriente sin especificar los motivos, ni molestarse siquiera…
·      Estoy indignado porque he visto durante muchos años como el “éxito” económico se ha basado en la especulación pura y dura, llevada a cabo por individuos cuasi analfabetos, con la aquiescencia de los banqueros marrulleros, para aumentar las cuentas corrientes de fantoches desalmados arrimados a los políticos adecuados.
·      Estoy indignado por ser testigo de la estafa al por mayor urdida contra los ciudadanos corrientes y molientes, con la connivencia de la Banca que ha sido cómplice de expolios y desfalcos, en el tema de la hipotecas sobrevaloradas.
·      Estoy indignado porque parece que lo único verdaderamente importante es destacar en lo que sea y a costa de lo que sea, para salir mucho en la tele basura contando tus miserias familiares y tu podredumbre personal… eso es lo que se cotiza en esta adocenada sociedad “incivil”.
·      Estoy indignado por la gran diferencia moral y/o ética que se aprecia en la sociedad española entre el ciudadano normal “libre de toda sospecha” y la “clase política” con sus adlateres y satélites, sus designados, sus cargos de confianza, sus amiguetes, sus payasetes...
·      Estoy indignado por las informaciones que nos llegan de los sueldos y los contratos blindados que se auto-otorgan los dirigentes empresariales de las principales empresas del IBEX, mientras muchas de ellas despiden trabajadores y recortan plantillas.
·      Estoy indignado por el mal uso que hacen los políticos con mi voto prestado cada cuatro años, (el voto solo lo “dan” los del carnet y los paniaguados).
·      Estoy indignado por los comentarios que se hacen entre sí los políticos en el parlamento, como si nosotros no estuviéramos presentes…
·      Estoy indignado por la falta de responsabilidad de muchos Presidentes del Gobierno que hemos padecido.
·      Estoy indignado…

¡Ayudadme por favor!

¿Porqué están ustedes indignados?


Sombras.

j



Cuando tú te hayas ido
me envolverán las sombras…

Cuando tú te hayas ido
con mi dolor a solas
evocaré este idilio
con sus azules horas.

Cuando tú te hayas ido
me envolverán las sombras…

Y en la penumbra vaga
de la pequeña alcoba,
donde una tibia tarde
me acariciaste toda,
te buscarán mis brazos,
te buscará mi boca
y aspiraré en el aire
como un olor de rosas…

Cuando tu te hayas ido
me envolverán las sombras…

Impresionante como canta Alberto Cortez este poema de la poetisa mejicana Rosario Sansores con música del ecuatoriano Carlos Brito.

Mas datos de ella en esta página: