Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Alcohol, jóvenes... y adultos

Solucionar el problema del consumo de alcohol en los menores de edad -siempre perjudicial por poco que consuman- y el gran problemas de la ingesta excesiva o abusiva de los jóvenes españoles sobre todo los fines de semana en los “botellones” o en las fiestas privadas no es nada fácil.

En cualquier calle hay bares o tiendas donde es posible beber alcohol por unos euros sin controlar la edad de quien compra las botellas. Las grandes superficies ofrecen ofertas para los fines de semana de alcohol de alta graduación y refrescos para hacer mas apetitosa la compra a los jóvenes…

Las bebidas alcohólicas están presentes en el día a día bien en las costumbres familiares pues hay cervezas, vinos y licores en casi todos los domicilios, o bien en los actos protocolarios de la vida social donde quedar para comer y tomar unas copas es lo más normal del mundo.

En las celebraciones, actos festivos o cuando se trata de salir a disfrutar del tiempo libre no suele faltar y el alcohol que a poco que nos descuidemos se convierte en protagonista. Esto condiciona que los niños conviven desde pequeños viendo beber a los adultos. Y los pequeños son unos grandes imitadores por naturaleza.

Yo defiendo el consumo responsable y moderado de las personas adultas que decidan libremente tomarse una cerveza, vino o un licor, pero sin excesos que deterioren su salud física o psíquica. Cada persona adulta es dueña de sus actos y puede tomar el alcohol que considere oportuno… pero sin salpicar, es decir sin convertirse en una molestia peligrosa para sus familiares, amigos, vecinos etcétera, y sin ser un mal ejemplo para sus hijos.

Yo propongo algunas soluciones para evitar que los menores de edad y los jóvenes inmaduros tengan acceso al alcohol y pongan continuamente –cada fin de semana- sus vidas en serio peligro y además vayan deteriorando sus órganos vitales, hígado, cerebro, riñones y corazón.

1.    Los menores de edad no deben tener acceso a comprar ni a consumir alcohol de ninguna manera. Tolerancia “cero”, como se dice ahora. Eso implica también el transporte de bebidas alcohólicas. Si un menor va por la calle con una bolsa conteniendo alcohol este debe ser requisado por los agentes de la autoridad. Punto.
2.    Si el menor está bebiendo alcohol en la calle, debe ser identificado y multado por incumplir las ordenanzas municipales, sus padres deben ser informados de la sanción lo antes posible. A ver si a golpe de multas los padres consiguen educar correctamente a esos menores de edad.
3.    Si un menor consume alcohol en un local público, un bar, discoteca, restaurante, etcétera, la infracción y multa será contra la propiedad del local y los padres podrán exigir daños y perjuicios a los dueños.
4.    Restringir la venta de bebidas alcohólicas de alta graduación en pequeños comercios y tiendas de abastos que no tengan adecuado control  con multas cuantiosas si son sorprendidos vendiendo a menores.
5.    Prohibir la publicidad que impulse a consumir alcohol a los jóvenes, sobre todo en las grandes cadenas de supermercados que los fines de semana venden ofertas ya preparadas para la gran tajada del sábado noche…
6.    Perseguir a los adultos que sean promotores o permisivos con los menores de edad facilitándole las condiciones para el consumo de alcohol. Por ejemplo, el chaval mayor de dieciocho años que compra el alcohol a la pandilla de menores a cambio de unas cervezas. Esta actitud debe ser considerada una falta grave y deberá ser sancionada.
7.    Perseguir el consumo grupal y excesivo de alcohol en las llamadas “botellonas”. Aquí es donde los menores se encuentran más desprotegidos pues tienen acceso libre al alcohol amparados en la muchedumbre. Deshabilitar las zonas habituales de reuniones. Multas elevadas a los jóvenes que consuman alcohol en la calle, sancionar igualmente el escandalo público, la contaminación acústica, el vandalismo…
8.    Realizar un registro sanitario-hospitalario de los actos médicos derivados del consumo de alcohol por menores y hacer un “parte de lesiones al Juez” cada vez que un menor ingrese o sea atendido por daños secundarios al alcohol. Se le podrán pedir responsabilidades a los padres en los reincidentes.
9.    Educar desde pequeños a los niños en los colegios enseñándoles a divertirse saludablemente y fomentar la practica deportiva y la vida sana. A partir de los diez años deberían recibir educación sanitaria dentro del horario escolar impartida por personal adecuado -pediatras, psicólogos, médicos- para ir concienciando a los pequeños del daño al que se exponen si consumen bebidas alcohólicas.
10.                  Dar ejemplo. Nosotros adultos que nos gusta tomar unas cervecitas de vez en cuando, que nos gusta un buen vino con la comida y un gintoni gilipoyesco de vez en cuando, nosotros somos los que tenemos que educar con el ejemplo a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, sin abusar del alcohol ni fomentar su consumo indiscriminado… por mucha Navidad que sea.


Dios me oiga.

Comidas Navideñas

Ya están aquí, llegaron ya. Finaliza otro año y desde mediados de este noviembre hasta el día de Reyes del año venidero las “Comidas de Navidad” van a poner a prueba nuestros estómagos y nuestros higadillos.

Sabemos que los banquetes habituales y familiares de Nochebuena, de Navidad, de Fin de Año y el Rosco de Reyes no hay quien nos los quite. Pero además tenemos “la obligación” de asistir a varios comilonas extraordinarias: la de Empresa, la de la Hermandad, la del Club de lo que sea, la del Gimnasio, la de los amig@s de la infancia, de los amig@s del padel, la de los amig@s de cada uno de los siete grupos distintos de WhatsApp… Rara será la semana que no nos convoquen a una de estas comilonas en un restaurante multitudinario donde nos podremos atiborrar de entrantes abundantes y suculentos al centro, luego plato principal de carne entrecotada o pescado plancheado y variados postres achocolatados, todo bien regado con aperitivos y vinos diversos sin que falte al final el licor digestivo y el gintoni con aromas supercalifragilisticos.

 Ojalá solo fuera eso –pensarán algún@s- y el almuerzo o cena acabara aquí, pero lo normal es que después de tamaña ingestión se rompan filas para beber a discreción los mas inverosímiles cócteles de ron, ginebra y güisqui con refrescos de colorines, hasta la total tajada del individuo o individua.

Si solo estuviéramos hablando de acudir a uno o dos de estos ágapes pantagruélicos en toda la Navidad nos podríamos dar con un canto en los dientes, pero lo más seguro es que tengamos una convocatoria semanal, hagan ustedes las cuentas si no.

Hagamos la prueba del algodon de la atrocidad a la que nos vamos a someter. Vamos a pesarnos mañana por la mañana, desnudos (como los hijos de la mar) y anotemos el peso con sus decimales y todo. Y vamos a volver a pesarnos el día siete de enero a ver como hemos escapado. Lo mas seguro es que tengamos unos dos o tres kilos de más y unos dos o tres (cientos) de euros de menos.

Porque los atracones de comida y bebida tienen efectos perjudiciales para nuestra salud, sean en la época del año que sean, pero en estas fechas se repiten casi semanalmente.

Una comida abundante en grasas, azucares y alcohol -lo que llamamos los médicos una “transgresión dietética”- significa poner a prueba todo nuestro organismo. Si estas transgresiones se acumulan en poco tiempo pueden producirse complicaciones:

- someter al estómago a una dieta inadecuada y persistente de alcohol y grasas produce hipersecreción de ácidos que pueden producir gastritis y reflujos al esófago muy peligrosos.
- el duodeno también se inflama y pueden producirse erosiones y pequeñas úlceras dolorosas, nauseas y vómitos.
- se puede producir una indigestión por el desequilibrio de los encimas hepato-biliares y producirse un cólico.
- el hígado se inflama y se llena de grasa produciendo hepatitis.
- una irritación pancreática por el alcohol puede producir una pancreatitis aguda que a veces es muy grave.
- el colon se irrita y se pueden producir molestas colitis y diarreas.
- el cerebro también se ve afectado por los excesos del alcohol y los productos tóxicos de su metabolismo, la llamada resaca, que produce cefaleas, cansancio, malestar general y trastornos del sueño.

Por todo esto las recomendaciones son obvias:

* Acuda usted a cuantas celebraciones navideñas le apetezca y su cartera le soporte sin chirriar, pero con sensatez y sin excesos.
* Modere la ingesta de calorías eligiendo los menús menos calóricos y mas mediterráneos: verduras, hortalizas, ensaladas, mariscos y pescados fresco, evitando las bombas calóricas como los asados grasientos y los dulces.
* El alcohol siempre con moderación y respeto. Un buen vino español es mil veces más sano que cualquier combinado con licores ingleses, americanos, caribeños, mejicanos o alemanes. No se olvide nunca de que el agua fresca es lo mejor para calmar la sed.
* Evite la acumulación de comilonas en poco espacio de tiempo pues su organismo necesitará reponerse durante unos días a base de abstinencia de alcohol, dieta hipocalórica, ejercicio físico y vida sana.
* De siempre buen ejemplo a sus hijos haciéndoles ver lo importante que es tener respeto a las bebidas alcohólicas y saber beber con moderación.
* La mejor medicina es la prevención de los factores de riesgo y llevar un estilo de vida de saludable.

Espero que disfruten todos ustedes de una Muy Feliz Navidad con Salud y sin daños colaterales.



Los Deberes

Recuerdo –mi madre me ayuda a recordar- mis primeros años en el Colegio de la Sagrada Familia de Urgél en la calle Marqués de Nervión de mi barrio sevillano. En aquellos años el material escolar era escueto: una Enciclopedia Álvarez y unos cuadernos de caligrafía con dos líneas horizontales y paralelas para poner las letras y hacer las planas dentro de sus renglones y otros con páginas cuadriculadas para encuadrar los números del uno al diez sin olvidarnos de ninguno y los signos de las cuatro reglas con los que hacer las cuentas. Entonces los niños llevábamos y traíamos libro, libretas, plumier, lápices, sacapuntas y goma de borrar dentro de una cartera de cuero con sus hebillas para cerrar y sus asas de mano; cartera que nunca debimos tirar y que yo no se lo que daría por volverla a recuperar.

Estos primeros deberes de párvulos no me causaron ningún trauma apreciable  ni tampoco me robaron un ápice de tiempo de disfrutar de mi requete-feliz vida familiar, de hecho recuerdo que era perfectamente capaz de estar haciendo los deberes y a la vez contarle a a mi madre o a mi tata lo bien que lo había pasado en el recreo jugando a los combois con mi hermano Josemaría -un año menor que yo- mientras mis hermanas gemelas Concha y Lourdes, -un año mayores que yo- bailaban el twist con un aro en la cintura y la coqueta Pilar se reía sin parar y bailoteaba con esa gracia natural que Dios le ha dado a mi hermana pequeña.

Pienso que esos deberes escolares fueron quizá la primera responsabilidad que nos impusieron en nuestra recién estrenada vida colegial. Mañana tenéis que traer este copiado, o completar estos números o hacer estas cuentas, ordenaba la monja  (Madre Lucía o Madre Presentación) y nos la marcaba en el libro o cuaderno con una cruz. Y adquiríamos la responsabilidad de hacer caso a nuestro educadora y profesora. El “deber” de obedecer. Empezábamos a ser responsables.

Con ocho años me cambiaron mis padres a Portaceli, un Colegio de curas concertado y muy exigente en la educación donde la mayoría de los profesores eran seglares. Los deberes fueron aumentando en cantidad y dificultad, pero no me impidieron llevar una vida psicológicamente sana y sin complejos durante mi adolescencia y juventud. Creo que no se puede haber sido mas feliz.

Es verdad que con el paso de los cursos hacer los deberes precisaban algo mas de concentración y un ambiente menos festivo (cosa difícil a veces en mi caso particular en una casa de ocho hermanos) por lo que mi madre con buen criterio dispuso un buró en el dormitorio compartido con Josemaría para que hiciéramos los deberes con la tranquilidad adecuada. Era un buró de madera marrón que mi padre había usado para guardar herramientas y recargar cartuchos. Tenía una tapa que se desplegaba sirviendo de mesa y que dejaba al descubierto cajones llenos de lápices, plumillas y reglas, algunos cajoncillos todavía al abrirlos guardaban el olor de cartuchos, fulminantes, pólvora, pegamentos y material de soldadura. Ambientado con esos aromas hogareños hacía yo mis deberes diarios después de llegar del colegio y merendar tranquilamente, mientras la vida domestica transcurría plácidamente sin que mis padres se traumatizaran por no tenerme encima dando la lata o jugando al futbol en el pasillo.

Ni la Gramática, con sus antipáticas oraciones llenas de complementos directos o indirectos (que nunca supe distinguir correctamente) ni la Aritmética, que se iba complicando cada vez más con ecuaciones misteriosas, no me dejaron trauma alguno en mis cortas entendederas ni me impidieron jugar al futbol cada día de mi vida durante muchos muchos años.

Tampoco me afectaba tener que rellenar un mapa de España situando los ríos principales y las cordilleras en sus regiones correspondientes o poner nombres a los mares que nos han rodeado desde que el mundo es mundo. Era capaz de hacerlo y después cenar con mis padres y hermanos como si nada, fíjense ustedes.

Tampoco me causaba gran desazón los problemas de Matemáticas con los decimales y las cuentas con fracciones, hasta conseguí saber usar el libro-tabla de los logaritmos neperianos, lo cual todavía hoy día me sigue llenando de asombro.

Las Ciencias Naturales son fascinantes, estudiábamos los planetas, los fenómenos meteorológicos, la formación de los continentes y de las montañas,  los animales, los mamíferos,  los peces, los anfibios, etcétera; leer una lección de Ciencias era disfrutar de la aventura de la vida para cualquier chaval con imaginación. Las Ciencias siempre fueron compatibles con leer en la cama los libros de Tintin y luego soñar con aventuras en globos y eso, pero comprendiéndolo.

Mas tarde disfruté con los deberes de Química, con la Tabla Periódica y las fórmulas de las uniones entre elementos, de los ácidos y las bases que daban sal más agua (el buró termino convertido en un laboratorio de Alquimia) y no daba crédito a las maravillosas reacciones que imaginaba ocurrían constantemente a nuestro alrededor. Estos deberes si debo confesar que afectaron a mi relación con mi madre cuando  quemé los visillos de mi cuarto ensayando la fórmula de la pólvora.

Los deberes de Física me costaba mas trabajo comprenderlos en los libros pero recuerdo fascinado los experimentos fabulosos que realizábamos en el laboratorio del cole y que desvelaban los arcanos ocultos mágicos de la materia y la energía. Hacer problemas de Física en casa podía resultar exasperante o aburrido, pero no conozco a nadie de mi curso que necesitara apoyo psicológico por eso.

Nunca me gustó estudiar Historia y confieso que estoy totalmente pegado en esa asignatura y mentiría si no confesara que me aburría soberanamente con los avatares de los Reyes Godos y todo lo que vino después con los tejemanejes reales. La historia de cómo aprobé la Historia de cuarto de Bachillerato es un mal ejemplo y no pienso contarla.

Hacer los deberes –repito- era la única responsabilidad que teníamos no impuesta por nuestros padres. Los deberes eran ni más ni menos que una verificación de que lo explicado en clase por el profesor había sido bien entendido y asimilado por los alumnos. Llevar los deberes hechos constituía una señal de respeto para con nuestros profesores y una demostración de interés en su asignatura. Así el profesor iba evaluando al alumno día a día teniendo en cuenta la predisposición a aprender y el interés demostrado en clase, ambos se reflejaban en el resultado de los deberes.

Por lo tanto no hacer los deberes sin causa justificada era considerado una indisciplina, también una falta de respeto a los compañeros y como es lógico acarreaba una nota negativa. Eso era aceptado por todos: profesores, educadores y padres, sin excepciones. Lo contrario constituía un agravio comparativo.

Bien es verdad que a veces, sobre todo cuando se acercaban los controles mensuales o los exámenes trimestrales la carga de deberes diarios podía ser excesiva… para quien no los hubiera hecho antes. Pero en estos casos recuerdo que los profesores se esforzaban en ayudar a aquellos alumnos que tenían más dificultades y se les deba la oportunidad de repasar de nuevo las lecciones que no hubieran asimilado, incluso en horas extraordinarias fuera del horario normal.

Recuerdo la satisfacción que sentía las veces que me sacaban a la pizarra para revisar mis deberes y explicar los problemas o tomarme la lección del día anterior y escapaba mas o menos decentemente, volvía a mi pupitre pavoneándome relajado y feliz además del orgullo personal por el deber cumplido. Cr Por cierto mi padre no era muy y a los compañeros.e no sab que ir a que un profesor se esforzare por supuesto si hubieran hechoéanme si les digo que muchas otras veces volví a mi banca abochornado y con un cero patatero y angustiado por un “castigo” al tener que acudir a esas clases extraescolares incluso algún sábado por la tarde. Y si he resistido "tamaña crueldad" -tener que ir en horario especial a que un profesor se esforzara en enseñarme lo que no había estudiado en su día para que pudiera aprobar los exámenes-, digo que si entonces pude superar ese “daño” sin secuelas psicosomáticas… era debido a la extraordinaria calidad humana y labor educativa excepcional de mis profesores. Por cierto mi padre no estaba muy de acuerdo con eso de los castigos los sábados pues se quedaba sin su “can/cobrador de pájaros”, de tal manera que en la época de cacerías me instaba a estudiar y a que hiciera los deberes con gran interés. Cosas de mi padre.

La sensación gratificante del “deber cumplido” es lo que esperan los profesores de los alumnos a los que mandan deberes para hacer en casa. La educación escolar no debe limitarse a asistir a las clases y escuchar las lecciones o hacer los trabajos durante el horario lectivo. Trabajar y estudiar sin la presencia del maestro o del profesor es muestra de madurez y de sensatez, fortalece la disciplina y la autoestima y es una señal de respeto a los educadores y a los compañeros.

Enfrentar a los alumnos con los profesores, quitándoles a estos autoridad y docencia es una actitud desconsiderada y negativa en la educación de los jóvenes. Quienes defienden esta opción en contra de la obligación de hacer deberes fuera del horario escolar están dando mal ejemplo a los educandos y creando un precedente muy nocivo para la excelencia de la educación en España.

Los Deberes son también Obligaciones en la Educación y no van a traumatizar ni a quitar tiempo para que los jóvenes tengan una normal relación familiar. (Siempre que esta “normalidad familiar” exista previamente). Eso -en mi humilde opinión- es una paparrucha, señores.

Sinceramente el motivo esgrimido me suena a coger el rábano por las hojas. Y el significado exacto de este dicho o refrán viene muy bien al caso de estas asociaciones de padres de alumnos en contra de los deberes.

Que por supuesto si estos señores hubieran hecho bien los deberes en su día no tendrían dificultad en comprender lo que quiero decir.



El Quijote Pedro Sanchez

Mi hermana Lourdes ha escrito esto:

No voy a hablar de política porque entre otras cosas le estoy echando poca cuenta a toda esta feria de vanidades en la que se ha convertido la lucha por lograr un sillón presidencial y el rifirrafe que hay entre los candidatos aforados, cosa que en democracia en el fondo es sana hasta que llega el momento en que los políticos de turno se dan cuenta que vivimos mejor sin nadie que nos mande y cambie de leyes a su antojo y que el país marcha con la fuerza de lo que más vale, la de el empuje honrado de sus ciudadanos.

Al margen del juego democrático, desde el principio me llamó la atención el guapito del Psoe, una figura figurín que se alzó con sus pasos a lo Obama, con esa cadencia de quién tiene un cuerpo flexible y rítmico y sabe moverlo, hablo de Obama, Pedro, y siento ser dura, era una mala imitación andante de ese prototipo de fachón.

Enseguida se alzó por encima de todos los demás feos y se deslizaba por la pasarela del congreso como un modelo de alta postura, no le dí más importancia, pensé que para un sin servir poco atractivo que pusieran mejor un guaperas, era una cuestión de imagen o de marketing, igual después nos salía listo y todo. Pero no, y la primera certeza de esto la tuve con el mano a mano que tuvo con Rajoy, que dicho sea de paso tampoco es santo de mi devoción aunque la noche ésta aciaga me llegó al alma el insulto lanzado a lo personal del guapito a su contrincante cuando le dijo sin compasión, sin comprensión y para el sin solución, "Sr. Rajoy usted es un indecente".

Ahí el guapito firmó su sentencia de muerte política porque ante el país entero esas no son formas ni formaciones y mi santo y yo lo dijimos, ea Pedro, te quedan tres telediarios, como no podía ser de otra manera. Los partidos se pueden insultar unos a otros en el debate político, las personas no, al menos en público y en prime time que se dice ahora. Siguió el bello Pedro viniéndose arriba y diciéndo NO a la izquierda, derecha, centro, Catalanes y a todo bicho viviente, el No era su bandera y su obsesión, creo que pensó que desestabilizando el juego e impidiendo formar gobierno, al final le darían a él el sillón porque los guapos son muy suertudos en esta vida.

Pues no, alma cándida, la suerte de la fea la bonita la desea, el NO de Pedro dirigió a el congreso de la nación a un callejón oscuro y sin salida donde ya no podían moverse en ninguna dirección ni siquiera mirar para arriba y ver la luz, era una batalla perdida que los mienbros del Psoe entendieron porque no les quedaba otro remedio, así que ondearon al aire los trapos blancos de la rendición y dijeron vamos a la abstención.

Rajoy ganó la presidencia porque fue el partido más votado y porque el Psoe se abstuvo, el otro porqué, si lo hay, que lo hagan los analistas políticos, que yo de análisis se NADA y además ando muy desentrenada en lo de escribir y pensar más allá de mis amores cada vez más cercanos a Dios gracias.

Vi al guapito derrotado y emocionado, ahí nada que decir porque las emociones me producen mucho respeto, así que pensé que al dejar su acta de diputado a disposición de otr@ más feo, se dignificaba el mismo sellando su rendición con lágrimas que no hay cosa más digna en esta vida. Pero no, mi gozo en un pozo, que refranera estoy...

Jordi Évole lo entrevistó la otra noche, camisa vaquera y sentados en un bar cantina a modo de paisano sencillo y ave fenix que cae de la corbata consular a los más humildes grados de la sociedad, la puesta en escena fue perfecta, lo que oí a continuación me dejó helada porque no sabía que se podía ser tan guapo y tan tonto a la vez, presuntamente.

Nos dijo que quería acercarse a la formación de Pablo Iglesias, que tampoco es santo de mi devoción, Podemos le contestó que llegaba tarde, ni que fueran tontos, ya veremos, como lo admitan los morados se autodestruyen, no sabemos que será mejor. Le oí hablar de conspiraciones empresariales, de bancos y de editoriales, me pareció un arrepentido de la Cía esaaa, y que está de acuerdo con el referendum catalán, Peeedrooooooooooooooo, hasta que por fin dijo que cojería su coche a modo de Rocinante y se iría por todos los pueblos y ciudades españolas a dar mítines y sermones para que los ciudadanos que estamos hasta nuestras partes de promesas y vendedores de crecepelos, le prestemos atención, y lo peor, nos lo creamos... Los hay con moral...


Pedro, leete el Quijote, en tu casa tranquilito miarma, si te deseo eso es porque te deseo lo mejor.-