Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que peor canta de Europa. Ronco a compás de Martinete.

Veraneo 2014

Recién llegado a Sevilla después de un mes sin salir de El Rompido. Vuelvo como nuevo con un estado de relajación y tranquilidad que no sentía desde hace años.

Este veraneo de 2014 ha sido especial y espectacular. Especial porque por motivos domésticos he tenido la gran suerte de disfrutar junto a mi Primera Dama de un chalet de alquiler en una zona silenciosa y tranquila lejos del bullicio y de las luces del pueblo, una preciosa construcción antigua a la sombra de pinos centenarios con una gran terraza orientada al sur mirando a los caños y a la marisma. La pleamar trae el agua hasta el mismo muro de piedras ofreciendo una vista de la ría pletórica de azul y plata, siempre suena el agua al correr llenando o vaciando los caños impregnando el entorno de aroma a marisma y a salitre, marisma verderona que se  llena de vida durante la bajamar y que ofrece cada día un espectáculo distinto a quien lo quiera observar: el espectáculo de la Naturaleza.

Desde el amanecer esta marisma se llena de aves limícolas y ánades que van a los caños fangosos a pegarse una buena comilona de cangrejillos, camarones y alevines de peces, de lombrices y gusanas, de verdigones y moluscos. Esa vista al despertar solo a escasos metros de la mesa del desayuno es impagable.

Antes de que apriete el calor en un paseo me planto en el Paseo para recoger a mis nietas que me acompañan a los mandados, el periódico y mi tostaita con aceite y tomate. Es un palizón que me pego con gusto cada día con Leonor revolviendose en el carrito y con Celsa en brazos o viceversa, cargando con las bolsas del super y a la vez cantando ola don Pepito ola don José o la gallina turuleta… una verdadera maravilla que voy a echar de menos desde mañana mismo. 

Sobre el Angelus paseito marinero en el Huevofrito para gozar del baño salado y desbravar un poco a las dos rubias de ojos azules que tiene mucha más energía que el conejito de duracel. A las dos de la tarde los niños deben estar a la sombra comiendo purés de pescado y el sitio de los mayores es una buena taberna marinera donde despachen muy fria cerveza y condumios del lugar. A veces incluso se descorcha una botella de vino pálido. No perdono la siesta.

Y las tardes en esta casa con tanta solera (su propietario fue el arquitecto sevillano Joaquín Diaz Langa –mi padre decía: hay días buenos, días malos y Díaz Langa…- y hoy es de su sobrina) han sido las culpables de mi precioso veraneo. Porque cuando el sol va cayendo por poniente una luz rojiza tiñe los caños de oro y plata. Entonces me siento comodamente con mis buenos prismáticos a observar lo que sucede por esa marisma, ha sido como ver cada día un documental de La2 en vivo y en directo. He observado detenidamente a una gran variedad de aves limícolas (creo que viene de “limo” o fango en el que se alimentan) como una elegante Garza blanca que correteaba graciosa tras los peces, los ruidosos Zarapitos de pico curvo comiendo cangrejos, los Archibebes de patas rojizas y andares cuidadosos, los Ostreros, los Chorlitejos, los Correlimos… Por supuesto he aprendido todo esto con un librito de aves por delante que me prestó mi primo Manuel Diego que es el que sabe más de pájaros del mundo, sin exagerar. Cuando la marisma se va llenando de agua aparecen patos diversos y gaviotas argenteas, a veces he visto pasar bandos de Flamencos rosados y de Picospátulas con un volar ordenado y serio. Me he pasado tardes enteras disfrutando con los prismáticos hasta la puesta de sol y forzando la vista para no perderme un detalle.

También he disfrutado muchos días ventosos pintando unos lienzos que me han regalado entre mi hija y mi 1ªD para tenerme según ellas “entretenido” y de paso aprovechar para hacer unos regalos de compromiso. Pintar para mi es como hacer un puzle que no tiene fin… lo difícil es saber cuando hay que parar de hacer manchas. Pintando se me pasa el tiempo como volando.

Y quizá mi mayor alegría este verano ha sido volver a ver el cielo de mi infancia y juventud, cuando en El Rompido no había luces eléctricas o eran amarillentas y escasas, entonces los chavales nos tumbábamos en la arena mirando al cielo a ver estrellas fugaces con las novietas y recuerdo que la Via Lactea estaba siempre arriba. Este verano, con la luna nueva y las luces apagadas, tumbados en las cómodas hamacas hemos visto el espectáculo del cielo cuajado de estrellas y el borrador algodonoso de la Via Lactea… a veces me he quedado cuajado hasta medianoche.

Y es que no hay mejor medicina que La Naturaleza, ya sea respirando el aire fresco de la mañana, un poco de sol a primera o últimas horas, el baño tonificador, un paseo por la playa o por el campo, mirar y ver, observar y aprender, escuchar lo que nos dicen las olas, las aves, los animales, mirar al cielo sin miedo y contar estrellas, pedir un deseo infantil, volver a ser inocentes…

Gracias.


Playas? de Huelva

Opino que las playas de Huelva tienen unas características especiales que las hacen extraordinarias. La franja del litoral español comprendida entre la desembocadura de los ríos Guadalquivir  y Guadiana conforman una playa continua de la más blanca y fina arena creada por miles de años de sedimentación gracias al oleaje suave de un fondo marino poco escarpado, más la erosión constante originada por el viento que viene de la mar, el foreño, que alisa la costa fabricando las dunas que caracterizan su espectacular orografía. Su orientación al sur las llena de luz que encala de blanco y azul la vista de quien las quiera mirar. El aroma salitroso de su aire y el rumor de la mar en calma proporcionan paz y serenidad en el alma de quien las quiera gozar. Bañarse en sus aguas llenas de vida es aportar salud y regeneración diaria a nuestros organismos, medicina natural.

En la desembocadura del Guadalquivir hacia el oeste comienza la enorme playa de El Coto de Doñana, playa virgen que guarda el tesoro de la provincia de Huelva detrás de sus enormes dunas que vieron partir a Colón y a tantos barcos camino de América. De Matalascañas a Mazagón persiste el espíritu salvaje de una costa inmaculada. Cruzamos la ría de Huelva -desembocadura del Tinto y del Odiel- hasta Punta Umbría y el verde de los pinos que se quieren bañar con nosotros ya no nos abandonará hasta el Guadiana. Las playas de La Bota y El Portil, y ya en Cartaya el Caño de la Culata entrada de la maravillosa ría de El Piedras donde se esconde El Rompido detrás de la Flecha Litoral de Nueva Umbría, un paraje asombroso y original que cada año nos ofrece distintas perspectivas de sus playas cambiantes. La Antilla lepera e Islantilla isleña, Pozo del Camino, la Redondela y en Ayamonte la Punta del Moral e Isla Canela donde sus blanca arenas y sus bajos se enfrentan en belleza a la costa portuguesa.

Todas estas playas y otras que no he nombrado que forman la Costa de la Luz gozan de la más fina arena, de la temperatura más agradables, del viento más bondadoso y del agua más azul, y deberían ser ejemplo de todas las costas españolas… pero…

Hay un “pero” señores. Y es una verdadera pena porque es un desagradable y sucio “pero”… Y es una pena porque depende de nosotros, los que habitualmente visitamos y gozamos de esta maravillosa costa choquera. Desde el Coto de Doñana a Ayamonte se acumulan miles de kilos de basuras que ensucian y contaminan las playas y el fondo marino. Basura generada por nosotros, los bañistas, los pescadores, los veraneantes, los oriundos, los visitantes, hombres mujeres y niños que arrojamos impunemente a la mar y las playas nuestras miserias.

Colillas de cigarrillos, plásticos de todo tipo, envases de lata y cartón, botellas de cristal y briks, pañales de niños, resto orgánicos variados, trozos de redes, sedales y anzuelos, bollerines de palangres, latas y aceites usados, grasas de motores… en algunas zonas del paraje supuestamente protegido de la Flecha de Nueva Umbría hay vertederos de electrodomésticos, neumáticos, restos de colchones y tiendas de campaña.

Y lo peor es que parace ser un mal endémico de este trozo de tierra bendita por la naturaleza. No se merece que le demos este trato tan inhumano o humano… como ustedes prefieran. Me da la impresión que es un problema muy localizado, ya que cuando visito otras playas de Andalucía que no tienen estas características tan especiales, me impresionan por su limpieza y por su aseo. No he visto a ningún bañista ni paseante arrojar residuos o basura a la arena.

Y conste que no culpo a los ayuntamientos respectivos, hace años me puse en contacto con el que me corresponde y me contestaron que no existe presupuesto para ese tipo de limpieza.

Creo que la solución depende únicamente de nosotros los que vamos a estas playas onubenses y queremos verlas limpias y saludables. Cumplir la normativa y hacerla cumplir con respecto a las condiciones básicas de salubridad e higiene de las playas. Educar con el ejemplo a nuestros hijos y vecinos, no solo no arrojar residuos sino recoger lo que podamos de nuestro entorno en bolsas de basura y dejar la playa más limpia que cuando llegamos.

Y por supuesto, no volver a dejar la bolsa de basura en la playa…


Noticias poco claras

Por supuesto que quede claro que todo lo escrito a continuación es una opinión mía y solo mía, personal e intrasferible (como las sillas de la Plaza Nueva)

Supongo que debido a mi estado pasota veraniego y a mi desidia por entender las noticias me estoy quedando fuera de juego en varios asuntos de actualidad de los que todos los periodista escriben en los diarios, explican con imágenes absurdas en las telediarios o farfullan gilipolleces en las tertulias de radio y televisión.

Lo que sucede en Andalucía desde hace decenas de años en el que un partido político tiene secuestrada la democracia de nuestra región a base de dilapidar y choricear miles de millones de euros mientras seguimos siendo una autonomía tercermundista… manda huevos con be y con uve. Da igual que se llame caso EREs o estos “cursos de formación” que están saliendo ahora y que nos tienen que sorprender todavía mucho más, si cabe más sorpresa en esta farándula esperpéntica llamada Junta de Andalucía. Lo que me deja atónito como andaluz, español y europeo es que en esta bendita región ninguno de sus máximos dirigentes desde hace decenas de años haya asumido alguna responsabilidad y se sienta avergonzado y se disculpe con nosotros los andaluces de bien, los honrados, los justos, los profesionales que aman esta tierra y no nos vamos porque ya somos mayores, los trabajadores (ahora en paro casi todos), los autónomos de mil impuestos, los funcionarios asfixiados, los parados que no tienen dinero para llegar a fin de mes con la miseria de subsidio que tienen y con las pensiones del tebeo que tienen nuestros abuelos, mientras ellos los déspotas que forman esa pandilla de cuatreros que medran como “políticos” pertrechados detrás de un carnet del soe y de un escaño en el Parlamento  de Andalucía son los únicos que pueden decir con la boca llena que forman parte del “estado del bienestar”, de su propio y absoluto bienestar y de sus familiares y amigos que han despojado las arcas de Andalucía en nombre de la “izquierda”, juntos socialista y comunistas, dejando a esta región a los pies de los caballos y siendo mal ejemplo de gestión para todo el resto de Europa en todos los aspectos incluida la educación y el futuro de nuestros hijos. Y  cada día sigo esperando que algún golfo de estos me pida disculpas… me voy a sentar a esperar.

Y en el resto del mundo me asombro con lo que cuentan de las barbaridades que están haciendo cada día los distintos y variados grupos radicales musulmanes -ya sean árabes o afganos, europeos, americanos, africanos o de cualquier otra raza- con el resto de las personas que no piensan como ellos. Están masacrando sin miramientos a etnias enteras, mujeres y niños incluidos, solo por no profesar su “religión” o por no ser de la raza adecuada, genocidios y crímenes horrendos incluyendo rapto y violación de niñas, asesinatos en masa con cabezas humanas cortadas como trofeos de guerra, en nombre de Dios sabe que dios o dioses… Y asistimos los europeos como espectadores impávidos a estas burradas y nos tenemos que tragar que cada día nos amenacen estos retrógrados con otro holocausto como el del 11S u 11M…

Y me quedo de piedra cuando escucho las barbaridades que se dicen de Israel y de su respuesta militar en Gaza ante las repetidas provocaciones de unos reiterados asesinos como son las criaturitas de Hamas: unos tipos capaces de llenar a cientos de niños palestinos de bombas y comerles el coco para que se “inmolen” en los cines y en los mercados de cualquier ciudad de Israel, que por eso tuvieron que cerrar las fronteras y establecer controles de paso. Y que tienen la franja de Gaza minada de túneles hasta más allá de la frontera para poder lanzar cohetes contra los israelitas indiscriminadamente. Y que no tienen cuarteles oficiales sino que sus “soldados” son tan cobardes que no dudan en usar a la población civil –mujeres y niños- como escudos humanos y se resguardan y atrincheran con el armamento en las sinagogas, escuelas, hospitales, etcétera… Y que saben además que están provocando al mejor y más eficaz ejercito del mundo, contra el que no tienen nada que hacer, pero la estrategia es clarísima: ellos provocan y provocan sin descanso ni compasión (el desencadenante fue el rapto, tortura y muerte quemados vivos de tres estudiantes judíos) hasta desencadenar una ofensiva militar israelita y luego venden las muertes colaterales de los civiles palestinos para impulsar el odio del resto del mundo contra Israel. Y hasta nosotros, muchos europeos, picamos y nos tragamos el anzuelo ponzoñoso y envenenado de radicalismo islámico… de Gaza, pero nos olvidamos de todos los demás crímenes y genocidios que ocurren en el mundo.

Y en Cataluña, los sinvergüenzas de sus gobernantes que parece que están queriendo “radicalizar” a los catalanes por cojones y desde niños, a base de menospreciar o despreciar todo lo que huela o suene a español, de la mano de un clan de golfos apandadores llamados Pujol y Ferrusola, tanto monta monta tanto, el padre, la madre, los hijos, y el espíritu Seny con Arturo Más haciendo de payaso o mejor de marioneta porque tiene cara de muñeco de esos que se le mete la mano por debajo y se les mueve la quijada mientras el que habla es el astuto ventrílocuo, que es el que cobra y se mete la pasta en la faltriquera… pues eso… ¡Que lástima de Cataluña, pa lo que ha quedao…!

(continuaré...)



Sobre héroes y honorables


Mucho tiempo hace que deseaba escribir acerca de tantos sinvergüenzas con nombres y apellidos y cargos honorables, reputados políticos, empresarios turbios, destocados jueces, abogados sin escrúpulos, corruptos banqueros, sibilinos mediadores, testaferros de barro y otros personajes alpinistas de las economías que van por la vida de ejemplares triunfadores y no son más que despreciables sabandijas que se comportan como sanguijuelas chupopteras de nuestra sangre, de la sangre de los inocentes.

Y como la Literatura es mi aliada y siempre acude cuando la necesito, resulta que leyendo como estoy la maravillosa novela de Ernesto Sábato Sobre Héroes y Tumbas me encuentro en su tercera parte Informe Sobre Ciegos en el capítulo 13 estas maravillosas palabras que vienen a decir todo aquello que yo quería decir pero que no sabía como hacerlo. Es justo lo que yo hubiera dicho, con las mismas palabras...

Y se lo dedico al muy “Honorable” Jordi Pujol y su afanosa familia que tanto quieren y admiran a los andaluces...

“… Me considero un canalla y no tengo el menor respeto por mi persona. Soy un individuo que ha profundizado en su propia conciencia ¿y quién que ahonde en los pliegues de su conciencia puede respetarse?

Al menos me considero honesto, pues no me engaño sobre mí mismo ni intento engañar a los demás. Ustedes acaso me preguntarán, entonces, cómo he engañado sin el menor asomo de escrúpulos a tantos infelices y mujeres que se han cruzado en mi camino. Pero es que hay engaños y engaños, señores. Esos engaños son pequeños, no tienen importancia del mismo modo que no se puede calificar de cobarde a un general que ordena una retirada con vistas a un avance definitivo. Son y eran engaños tácticos, circunstanciales, transitorios, en favor de una verdad de fondo, de una despiadada investigación. Soy un investigador del Mal ¿y cómo podría investigarse el Mal sin hundirse hasta el cuello en la basura? Me dirán ustedes que al parecer yo he encontrado un vivo placer en hacerlo, en lugar de la indignación o del asco que debería sentir un auténtico investigador que se ve forzado a hacerlo por desagradable obligación. También es cierto y lo reconozco paladinamente. ¿Ven qué honrado que soy? Yo no he dicho en ningún momento que sea un buen sujeto: he dicho que soy un investigador del Mal, lo que es muy distinto. Y he reconocido además, que soy un canalla. ¿Qué más pueden pretender de mí? Un canalla insigne, eso sí. Y orgulloso de no pertenecer a esa clase de fariseos que son tan ruines como yo pero que pretenden ser honorables individuos, pilares de la sociedad, correctos caballeros, eminentes ciudadanos a cuyos entierros va una enorme cantidad de gente y cuyas crónicas aparecen luego en los diarios serios…

… De manera que estoy muy lejos de sentirme avergonzado. Detesto esa universal comedia de los sentimientos honorables. Sistema de convenciones que se manifiesta, cuándo no, en el lenguaje: supremo falsificador de la Verdad con V mayúscula. Convenciones que al sustantivo "viejito" inevitablemente anteponen el objetivo "pobre"; como si todos no supiéramos que un sinvergüenza que envejece no por eso deja de ser sinvergüenza, sino que, por el contrario, agudiza sus malos sentimientos con el egoísmo y el rencor que adquiere o incrementa con las canas. Habría que hacer un monstruoso auto de fe con todas esas palabras apócrifas, elaboradas por la sensiblería popular, consagradas por los hipócritas que manejan la sociedad y defendidas por la escuela y la policía: "venerables ancianos" (la mayor parte sólo merecen que se les escupa)…

Si se hicieran alinear todos los canallas que hay en el planeta ¡qué formidable ejército se vería, y qué muestrario inesperado! Desde niñitos de blanco delantal ("la pura inocencia de la niñez") hasta correctos funcionarios municipales que, sin embargo, se llevan papel y lápices a la casa. Ministros, gobernadores, médicos y abogados en su casi totalidad, los ya mencionados pobres viejitos (en inmensas cantidades)… gerentes de grandes empresas, jovencitas de apariencia frágil y ojos de gacela (pero capaces de desplumar a cualquier tonto que crea en el romanticismo femenino o en la debilidad y desamparo de su sexo), inspectores municipales, funcionarios coloniales, embajadores condecorados, etcétera, etcétera.

¡CANALLAS, MARCH! ¡Qué ejército, mi Dios! ¡Avancen, hijos de puta! ¡Nada de pararse, ni de ponerse a lloriquear, ahora que les espera lo que les tengo preparado!

¡CANALLAS, DRECH! Hermoso y aleccionador espectáculo.

Cada uno de los soldados al llegar al establo será alimentado con sus propias canalladas, convertidas en excremento real (no metafórico). Sin ninguna clase de consideración ni acomodos. Nada de que al hijito del señor ministro se le permita comer pan duro en lugar de su correspondiente caca. No, señor: o se hacen las cosas como es debido o no vale la pena que se haga nada. Que coma su mierda. Y más, todavía: que coma toda su mierda. Bueno fuera que admitiéramos que coma una cantidad simbólica. Nada de símbolos: cada uno ha de comer su exacta y total canallada. Es justo, se comprende: no se puede tratar a un infeliz que simplemente esperó con alegría la muerte de sus progenitores para recibir unos pesuchos en la misma forma que a uno de esos anabaptistas de Mineápolis que aspiran al cielo explotando negros en Guatemala. ¡No, señor! JUSTICIA Y MÁS JUSTICIA: A cada uno la mierda que le corresponda, o nada. No cuenten conmigo, al menos para trapisondas de ese género.

Y que conste que mi posición no sólo es inexpugnable sino desinteresada, ya que, como lo he reconocido, en mi condición de perfecto canalla, integraré las filas del ejército cacófago. Sólo reivindico el mérito de no engañar a nadie. Y esto me hace pensar en la necesidad de inventar previamente algún sistema que permita detectar la canallería en personajes respetables y medirla con exactitud para descontarle a cada individuo la cantidad que merece que se le descuente. Una especie de canallómetro que indique con una aguja la cantidad de mierda producida por el señor X en su vida hasta este Juicio Final, la cantidad a deducir en concepto de sinceridad o de buena disposición, y la cantidad neta que debe tragar, una vez hechas las cuentas.

Y después de realizada la medición exacta en cada individuo, el inmenso ejército deberá ponerse en marcha hacia sus establos, donde cada uno de los integrantes consumirá su propia y exacta basura. Operación infinita, como se comprende (y ahí estaría la verdadera broma), porque al defecar, en virtud del Principio de Conservación de los Excrementos, expulsarían la misma cantidad ingerida. Cantidad que vuelta a ser colocada delante de sus hocicos, mediante un movimiento de inversión colectiva a una voz de orden militar, debería ser ingerida nuevamente.

Y así, ad infinitum…



Veraneo en Cartaya


Escribió Tomás Balbontín en el ABC de Sevilla el lunes 21 de julio de 2014:

Cartaya, mi patria.

"Es el lugar para mí más hermoso del mundo porque en él ejercí de perfecto salvaje
RAINER María Rilke dejó escrito que la verdadera patria de un hombre es su infancia y, si eso es verdad, yo he conseguido por fin volver a la mía. Estoy de nuevo en Cartaya, para mí el más hermoso lugar del mundo porque en él, durante todos los veranos de mi infancia, rodeado de abuelos, padres, hermanos, tíos, primos y amigos, muchos de los cuales ya no están aunque siguen vivos en la memoria colectiva de nuestro peculiar reducto familiar, ejercí de perfecto salvaje y fui el más feliz de los niños hasta que la vida y los años me llevaron a otros lugares, otros menesteres y otras fidelidades. Solventados los compromisos, vuelvo para encontrar todo casi como estaba en mi memoria con unas mínimas modificaciones, además de las inevitables arrugas en los rostros y en el alma de quienes un día fueron mis cómplices de barrabasadas infantiles, ahora adultos responsables y abnegados padres de familia que arrastran las mismas nostalgias, querencias y recuerdos que yo. Engañándome, he pretendido justificar esta vuelta a los orígenes en la necesidad de regalar a mis hijos al menos una parte de aquella felicidad que Cartaya me dio a manos llenas cuando era un niño, pero en el fondo sé que lo hago también por puro egoísmo, respondiendo a una irresistible llamada interior imposible de ignorar. Me pierdo en estas filosofías mientras la tarde muere sobre el eterno paisaje de la sinuosa ría de El Piedras que, pasando El Rompido, y dejando a un lado el puerto de El Terrón, se adentra hasta la ribera de Cartaya después de bifurcarse a la altura de la Punta del Pozo buscando el camino de Lepe bajo el puente de La Barca.

Sé que estas referencias geográficas a muchos no les dirán nada pero para mí lo significan todo porque, aunque nací y he vivido siempre en Sevilla, que es mi ciudad, esta soñada Cartaya, si le hacemos caso al bueno de Rilke, ha sido siempre mi patria."


Y yo añado: ----------------------------------------------------

Como todo lo que escribe mi primo Tomás, no tiene desperdicio y cada una de las palabras que dice sobre su (nuestra) infancia en esa bendita tierra cartayera están llenas de cariño y de melancolía de la buena… a mí me pasa lo mismo.

Dice mi madre que me llevó a Cartaya a pasar mi primer verano con 8 días de vida. La casa de mi abuelo forma parte de lo que se conoce en el pueblo como “el chalé” o “los chales”, entonces una docena de chales construidos sobre el “cerro colorao”, orientados al suroeste y abiertos de par en par a la ribera y a los caños del río Piedras que desde ese mirador privilegiado se hace dueño de la marisma hasta donde alcanza la vista. Entre pinos y eucaliptos, chumberas, almendros, higueras, lentiscos, retama, más el poderoso aroma del fango vivificador y del agua que llega del mar, se fabrica por las tardes el perfume mas armonioso que la brisa nos pueda regalar. Son los aromas de mi niñez, de nuestra niñez.

Y cuando digo de “nuestra” me refiero a todos los primos que veraneamos allí, primos todos descendientes de las familias Balbontín y Orta que, como dice Tomás, ahora casi todos sentimos ese lugar como nuestra “patria” por los recuerdos tan especiales que nos dejaron aquellos años para toda la vida.

Alberto Royo, Tomás y Manolo Balbontín, Curro Suarez, Fredy Valverde, Roni Balbontín, Angel Zibikoski, Sebaldo y Antonio Perez…y otros muchos, todos mas o menos de la misma edad y todos unos perfectos salvajes con menos de diez años que teníamos todo el santo día libre para hacer lo que nos diera la gana.

Imposible olvidar los primeros baños en la ribera de Cartaya entonces con el “baño de los hombres” y el “baño de las mujeres”, dos playitas de arenas coloradas separadas por pocos metros; y las excursiones en bote de remos a la Punta del Pozo con los bocadillos. Cangrejas, bocas, lenguados, langostinos, eran nuestros compañeros de aquellos baños diarios.

Si la marea estaba baja aprovechabamos para hacer arcos y flechas de los mejores materiales que cortabamos del campo; otra buena distracción era arreglar bicicletas, las cadenas rotas, los pinchazos, la dinamo… Por supuesto subirmos horas y horas a los árboles de la cuesta o a los pinos de la “cabaña” cuando estaba construyendo.

Cuando llegaba el calor fuerte nos bañabamos en los pilones de agua clara que había en algunos chalés, en el de tia Manola la madre de Tomás o en del tío Manolo Suarez. Mi abuelo Pepe también tenía un pilón en su casa donde creo que aprendí a nadar.

En la hora de la siesta había que guardar silencio obligado. Cuando éramos pequeños mi abuelo nos mandaba a los niños con la tata Reme a los pinares de La Joya, enfrente de la casa, con una manta y un búcaro… No se me olvidarán esas horas de la siesta a 40 grados sentados en una manta sobre las marabujas punzantes de los pinos escuchando a las chicharras y bajo los enormes nidos de las procesionarias que amenazaban con caerse sobre nuestras cabezas. El silbido de mi padre (yiuuuiii, yiuuuiii) anunciaba el final del “destierro” y volvíamos corriendo y gritando a bañarnos en el pilón.

Me emociono al recordar los partidos de futbol por las tardes en la “Plaza de las Palmeras” desde que terminaba la siesta hasta que se hacía de noche, jugábamos todos, mayores y pequeños, mientras en el picú de Bubi sonaba Leonard Cohen o Janis Joplin o Carole King… A veces el partido se interrumpía porque llegaba el carrito de los helados, otro momento cumbre da casi todas las tardes…

Otras veces teníamos partidos de futbol (desafios) en “el llanito” de la ribera contra los cartayeros… casi siempre eran verdaderas batallas campales que podían terminar con peleas a pedradas, otra de las distracciones de los veranos cartayeros…

Y cuando empezamos a ser mayorcitos y nos dejaban ir al pueblo en bici y al cine de verano… mis padres me llevaron al Rompido. Pero yo seguí durante muchos veranos después compartiendo mis tres meses de veraneo entre el Rompido con mis padres y Cartaya con mis abuelos y mis primos, primos que aunque no tengamos los mismos apellidos para mi son tan cercanos como el que más, con ellos pasé los años mas importantes de mi vida: la infancia.

Y aunque mi “patria” es El Rompido, tengo muy presente que subiendo el río Piedras corriente arriba cada vez que la marea me lo permita puedo llegar a la ribera de mi infancia y al paraíso de “los chales” de mi familia cartayera.