Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

El niño pegón

Algunas tardes me gusta ir con mis nietas al parque cercano a su casa. Allí entre arbolitos y jardines bien cuidados, junto a un bar cafetería con mesas en el exterior, hay una zona delimitada con columpios, toboganes, balancines, una especie de laberinto de cuerdas y barrotes además de otros artilugios que no sé como se llaman. Los pequeños se lo pasan estupendamente subiendo y bajando de los cacharritos, columpiándose, deslizándose por toboganes todos en fila uno detrás de otro, los más pequeños vigilados siempre de cerca por sus padres o abuelos, como es mi caso.

Mi hija ya me había alertado que tuviera cuidado con el niño pegón, un pequeño de entre dos y tres años que por lo visto acude casi todas las tardes al parque acompañado de su madre. Esta se sienta tan tranquila en el bar con su copita por delante, su tabaco rubio entre los labios y su móvil desde el que siempre está chateando o hablando mientras el pequeño se dedica con total libertad a aterrorizar a los otros niños que disfrutan jugando. Empujones a diestro y siniestro, tirones de pelo, algún bocado y otras hazañas bélicas son actividades habituales del niño pegón ante la absoluta indiferencia de la madre absorta en sus gesticulantes discusiones telefónicas. Al parecer si alguien se queja del comportamiento del pequeño ella no presta atención y ni se levanta del asiento. Pasa del niño, según cuentan.

La otra tarde disfrutaba yo en los columpios con mis dos nietas mayores: Celsa tiene ya cinco años y Leonor tres recién cumplidos. Llega un padre de unos treinta y largos años con un pequeño y al momento me percato que la criatura debe ser el niño pegón pues inmediatamente comienza a perseguir a otros niños que juegan tan tranquilos dando empujones, propinando manotazos, queriéndose subir a la fuerza en todos los columpios ocupados despreciando los que están libres, gritando y molestando a todos incluso a los mayores que él que no entran en las provocaciones.

Su papá –un tiarrón fuertote- se ha quedado de pie, inmóvil,  muy serio, observándolo todo desde detrás de las negras gafas de sol pero sin intervenir. A veces da unos pasos a un lado y a otro, mira el reloj con desgana y deja que pase el tiempo entre posturas.

Mi nieta Leonor se tira por el tobogán deslizándose cabeza abajo y riéndose. Yo la espero a ras del suelo para recogerla. De pronto, como salido de la nada, aparece el niño pegón y sin venir a cuento le pega un patadón en la cara a mi niña y huye corriendo a molestar a otros sin mirar atrás. Leonor llora desconsolada y sangra por el labio. Afortunadamente no le ha roto ningún diente. Miro al padre de la criatura que no se ha movido de su sitio y observa impávido a mi nieta sangrando.

Me dirijo hacia él con Leonor en brazos mientras la voy calmando y limpiando la sangre con un pañuelo.

- Oiga, ¿no cree usted que debería tener cuidado que su hijo no pegara a los demás niños? Ya ha visto lo que le ha hecho a mi nieta…
- Son cosas de niños. -Me dice como disculpando a su hijo. – Están jugando…
- No señor, está usted muy equivocado. No son cosas de niños. Estas cosas son de los padres.
- Es solo un niño, ¿qué quiere usted que haga, que lo amarre?
- Ni mucho menos. Su hijo no necesita estar amarrado, necesita que usted lo cuide, que esté cerca de él y lo eduque. ¿No se da usted cuenta que su hijo lo que hace es llamar la atención? ¿No se da usted cuenta que su hijo está reclamando que su padre esté pendiente de él, que lo suba a los columpios, que lo monte en los toboganes, que le hable, que juegue con él? Si se fija, los demás padres estamos todos pendientes de nuestros hijos y nietos, les hablamos, los tocamos, jugamos con ellos, los cuidamos, los ayudamos a divertirse sin molestar a los demás…
La expresión de su cara se endurecía por momentos.
-Además –le dije- su hijo está en la edad en que es obligación de sus padres estar continuamente protegiéndolo y educándolo, es decir, dando ejemplo con mucha paciencia y cariño hay que ir enseñando a los pequeños lo que esta bien y lo que no esta bien. Hay que corregirles los malos hábitos, hay que enseñarles a comportarse y a compartir, a respetar, a obedecer, a entender las órdenes y el significado de sí y no… Y eso usted  no lo está haciendo de ninguna manera, por eso su hijo se comporta así. El daño que su hijo a hecho a mi nieta es solo responsabilidad de usted, no se equivoque. De usted y de la madre del niño… ¿Cuándo tienen pensado empezar a educarlo, eh? -Yo ya estaba lanzado y medio acojonado por la posible tragantá que me iba a pegar el de las gafas de sol-.

El padre me escrutaba con cara seria, demasiado seria, le temblaban los labios. De pronto una lagrima gorda y densa apareció bajando por el surco de la nariz. El buen hombre no dijo nada. Sacó un pañuelo del bolsillo, se secó las lágrimas sin quitarse las gafas, se acercó al pequeño lo aupó abrazandolo y hablándole al oído se lo llevó mientras el niño pegón, aturdido, miraba a su padre con cara de extrañeza.


Animalistas

Mi hermana Lourdes escribe:

Tengo en mi patio florido una salamanquesa que ya ha asomado el hocico y eso que hay días de lluvia, pero ellas presagian el calor. No le deseo ningún mal ni ningún bien, aunque por aquí no puedo decir que le he dado un zapatazo para que no se cuele por la ventana de mi salón porque me he enterado que está prohibido atacar a las salamanquesas bajo multa; pues no, no la he tocado, espero que no cruce la frontera de la reja, persiana y cortina. 

Se que hay seres racionales que aman a los animales vivos, a todos.

Cierta vez di con una ser viva que amaba a los virus y bacterias y por eso no vacunaba a sus niños -juro que es así- y que tuve tres palabras con ella, artista por cierto de la pintura, (pista: O.ka L..). Esta persona es vegana que quiere decir que no come carne ni pescado porque no le da la gana, así que pensé que después de anunciar lo de la no vacunación, tendría una falta de alguna vitamina indispensable para las neuronas, le pregunté si tomaba leche y huevos y me dijo que no, que desayunaba un zumo de extracto de avena con dos cucharadas de polvo de maíz y un boniato hervido, de almuerzo verduras varias y tapioca y de cena pan de pita pero sin lagarto detrás y fruta del tiempo; bueno no está mal, con el tiempo se le pondrá cara de desamparo como dijo Gabo.

Amar a los animales desde una cucaracha que es un ser vivo que no pica ni se come a nadie hasta a un elefante pasando por la serpiente de cascabel, es una nueva corriente que estoy viendo cada vez más extendida. Yo comprendo que los tiempos cambian, todo lo que me ha rodeado en la vida de mi niñez y juventud tiene que ver con el mundo de los animales y del campo, todo o casi todo está o no va a tardar en estar prohibido.

En mi raciocinio y en la manera en la que estoy llegando a los sesenta y un años de vida, no me interesa mucho el mundo del toro ni de la caza, aunque no puedo dejar de estar agradecida a un arte que nos ha mantenido a toda la familia, porque mis ancestros son de ganadería de campos de arroz y de pichones. Son otros tiempos y lo sé, y me gusta que sea así, pero respetando enormemente a la afición, sobre todo a la del toro bravo.

Hoy me han llamado facha, si, y me ha dolido porque no lo soy, si lo fuera no me dolería. Me han llamado facha porque he entrado al trapo cuando han puesto un panfleto diciendo que algunos niños tendrían que salir de casa amarrados y con bozal.

Quién semejante cosa decía es dueña de un perrito al que le da de comer puturrú de fuá, arroz con faisán y jamón de york, le pone chalequitos aunque el perro es peludo y tiene camita -que no va a tardar en tener dosel con cortinas de damasco-. Le dije que no me parecía normal y me contestó que con el tema de los niños, que bien Herodes que volviera. Sin comentarios.

Estamos llegando a un punto de insensatez tan grande que la tierra se va a parar y va a empezar a dar vueltas para el otro lado porque ni las leyes de la física pueden ya con tanta tontera, tanta crueldad y tanta mentira. Otra cosa es la sensatez, tengo amigos que adoran a sus peros y mascotas y lo entiendo y lo comparto, mi amigo Gusy dice que cuando va por la calle con su perro, no es un hombre solo que va caminando, es un hombre que pasea a su perro, toda la razón y mi admiración por estas personas que aman a los seres que les acompañan, se acompañan mutuamente, eso es otra cuestión. Pero no se puede despreciar a un semejante por un animal porque síquicamente no es normal, es un desvarío de la mente, un frikismo una exageración que trae malas consecuencias para los mamíferos humanos.


Nos terminaran cazando a nosotros con sus perritos a cuestas, y eso tampoco.......

MasterChef

Reconozco que a continuación voy a escribir de un asunto que me viene cabreando desde hace años. Igual se me nota.

Me parece desproporcionada la importancia que se le está dando en los medios de comunicación a los programas de MasterChef (o como se escriba) y similares, esos adonde van unos aspirantes a cocineros, -jóvenes o niños- que se prestan a concursar para ver quien es el “chef” mas cualificado según los “entendidos” jurados de los programas televisivos. Allí los hacen competir cocinando contra ellos mismos y contra sus compañeros, guisando y presentando platos diversos. Los televidentes se entretienen viendo como utilizan a los concursantes para crear un ambiente competitivo como de telenovela, pero lógicamente los que miran (miramos) a la pantalla ni huelen ni degustan los platos preparados con lo que se tienen que creer lo que digan los “master chefs”. Absurdo. Es como si nos ponen un programa concurso de músicos tocando instrumentos sin escuchar como suenan, solo viendo como se mueven.

En otros medios como la radio y la prensa se da publicidad a bombo y platillo a estos concursos de cocineros y se ensalza a los vencedores mas o menos como si hubiesen finalizado con sobresaliente la carrera de Físico Nuclear y les esperara un prometedor futuro en la NASA.

Creo que esta comida de coco –nunca mejor dicho- que nos intentan realizar con la cocina de vanguardia y las nuevas técnicas de preparación de los alimentos no es más que una estrategia de márquetin para marear la perdiz (o el conejo) y que de aquí a unos meses todos compremos determinados cacharros de cocina robotizados o esferolíticos que no nos servirán para nada, pero que tendremos que tener si no queremos parecer unos catetos. Esa es mi opinión.

Y creo que la culpa de esta tontuna persistente que tiene amamonados a los cocineros aficionados la iniciaron personajes tan disparatados como el del “El Bulli” y similares que se aprovecharon del dinero de los nuevos ricos para vender humo a precio de quilates de oro en restaurantes donde había mas camareros que comensales. Y por supuesto los clientos snob que acudían como abducidos a que les metieran la mano en la faltriquera a cambio de dejarlos sentarse en la mesa de su restaurante para darles de comer lo que les daba la gana a los “creadores”, en forma de perlas nitrogenadas al aroma de algas, de esferas de camelo caramelizado, de pastel de mocos de búfala viuda, de  melindres de gilipolluá y de pasteles invisibles de aire marino. Así se mantuvieron varios años engañando al personal con estafa organizada en forma de menú “largo y estrecho” hasta que por pura lógica reventó la burbuja culinaria con pérdidas millonarias, tanto para los “sine nobilitate” como para los estrafalarios “masterchefs”.

Da vergüenza observar como estos estelares cocineros “creadores” de los restaurantes de moda se comportan como si fuesen catedráticos de química, ingenieros agrónomos, nutricionistas, filósofos y estrellas de rocanrol, todo a la vez. Y la mayoría no ha superado ni el COU. Patéticos.

Señores: no engañen ustedes a los chavales, que ganarse la vida siendo cocinero no es tan fácil. Merece la pena intentarlo –por supuesto- empezando por las Escuelas de Hostelería y aprendiendo el oficio junto a los cocineros honrados de toda la vida. Después como en todo en la vida hay que tener perseverancia, honradez y suerte.

Menos rollo y más manteca al bollo.


Yo Cazador


Mi amigo Cesar Cadaval hace tres años estuvo de viaje por Africa y se hizo fotos en una reserva cinegética con algunas de las piezas cazadas por cazadores profesionales. Esas fotos han sido publicadas en las redes sociales Twiter y Facebook, al parecer con malas intenciones, puesto que desde entonces le han llamado de todo menos bonito, asesino, criminal, le desean la muerte y la ruina económica, insultan a su mujer y a sus hijos, lo amenazan constantemente… y todo en nombre de la “defensa de los animales” y de una supuesta “ecología” esgrimida por unos bestias que no tienen la menor idea de lo que hablan porque no se preocupan de informarse, tan solo disfrutan del insulto soez y de rebuznar consignas estrafalarias. Ellos mismos se convierten en depredadores feroces, en alimañas sedientas de sangre humana, en zombis cazadores de personas que buscan su minuto de gloria en 140 caracteres llenos de mierda y fetidez.

Estos insultadores mediáticos se retratan a sí mismos destilando odio y violencia, pero no aportan ni una sola razón que justifique su postura. Insultar está de moda y si es a un famoso pues mejor. Y si además me gano unos cuantos seguidores en las redes mejor aún. ¿Qué chuli, eh?

Pienso yo: ¿defienden con el mismo ahínco la vida humana que la de los leopardos?

Yo sí se de lo que hablo. Me declaro cazador desde que mi padre me enseñó siendo un niño.  Gracias a mi padre y a su afición desmedida por la caza he disfrutado del campo y de la naturaleza durante los años más importantes de la vida de una persona, la infancia, la adolescencia y la juventud. Lo recomiendo como parte de la educación social pues la caza enseña a disfrutar del campo abierto, de sus colores y olores, de sus sonidos de vida, de sus luces, sus sombras, sus solanas y sus umbrías, pero sobre todo a conocer las costumbres de los animales en libertad.

Aprendí del mejor cazador el uso y disfrute de las armas de fuego que me han acompañado desde entonces. He cazado zorzales, palomas, tórtolas, perdices, patos, conejos, liebres, zorros, jabalíes, ciervos… Gracias a la cacería hoy soy un amante de los animales, les tengo un gran respeto y soy su mayor defensor.

Los cotos de caza son explotaciones cinegéticas absolutamente legales y con unos rígidos controles de calidad en la conservación del equilibrio medio-ambiental. Los cazadores regulamos el número de especies para mantener el equilibrio correcto de aves, de conejos, de reses, para que no haya sobrecrecimiento potencialmente peligroso para la fauna de una región.

Y si esto es así en Andalucía, en Africa los controles son mucho más estrictos, los animales están protegidos en grandes áreas vigiladas constantemente, tan solo se permite la caza regulada de machos adultos de especies no amenazadas. Los permisos de caza se dan con cuentagotas. La caza furtiva e ilegal se paga con la cárcel, a veces con la vida del cazador furtivo si se enfrenta a los policías custodios de las reservas de caza.

Y porque mi amigo Cesar Cadaval, que es cazador legal y con todos los permisos en regla, se hace unas fotos con unos animales recién cazados, le estáis llamando asesino y deseándole la muerte a él y los que lo defendemos.

Son ustedes unos cobardes. Unos necios. Incultos voceros de los manejadores de masas aborregadas. Se os está poniendo cara de carceleros de campos de concentración, con tanta mala baba que destiláis. Nazis.

Y ya os digo que no voy a perder ni un solo segundo en defenderme de vuestros insultos y amenazas por una razón muy simple: No os tengo miedo.


Soy cazador.

La actualidad de Umberto Eco

“Los hombres de antes eran grandes y hermosos (ahora son niños y enanos), pero ésta es sólo una de las muchas pruebas del estado lamentable en que se encuentra este mundo caduco. La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan, María ya no ama la vida contemplativa y Marta ya no ama la vida activa, Lea es estéril, Raquel está llena de lascivia, Catón frecuenta los lupanares, Lucrecio se convierte en mujer. Todo está descarriado. Demos gracias a Dios de que en aquella época mi maestro supiera infundirme el deseo de aprender y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero.”

Este fragmento de “El nombre de la rosa” escrito por Umberto Eco en 1980 parece que lo escribió pensando en la actualidad de la España de principios de 2016.

Porque si bien es verdad que desde hace años estamos viviendo y padeciendo la decadencia social e institucional en forma de corrupción generalizada: políticos de todos los colores, empresarios, gestores, funcionarios, banqueros, jueces y hasta familias al completo de supuestos prohombres de estado con ínfulas independentistas que se comportan como aves de rapiña, la actual situación que vivimos con esta camada de jóvenes parlamentarios recién estrenados que han llegado a la política aduciendo “nuevos tiempos y nuevas formas” es para echarse a llorar.  Creen que el dialogo consiste en acusar al contrario abundando en insultos y reproches torticeros dando muestras de una gran falta de educación intelectual y a veces personal que desgraciadamente está contagiando como un virus zika al Parlamento al completo y a la parte de la sociedad que los contempla como abducidos.

Discursos vacíos de contenido, incoherentes y sin estudios basados en la evidencia, manufacturados a conciencia para adoctrinar a jóvenes y menos jóvenes con escasa formación intelectual que desean poner el mundo patas arriba sin saber ni el como ni el porqué, que desprecian a la ciencia porque no tienen experiencia y así se dejan guiar ciegamente camino de los despeñaderos por otros que están más ciegos que ellos porque están obnubilados por el ansia desmesurada de poder que les perturba la visión real de las necesidades de los ciudadanos corrientes y molientes.

Y además -para mas inri- estos noveles se encuentran al llegar a políticos caducos aferrados a las ramas seguras de los árboles del pan, que no quieren –ni ya pueden- levantar el vuelo para elevarse y tener otra perspectiva de la realidad, incluso ascender más y más para gozar de la placidez del vuelo de altanería y dejarse llevar por las térmicas hasta otros bosques, otras voces, otros ámbitos… donde no escuchen al asno tocar la lira y puedan ver el obsceno espectáculo de los bueyes bailando.

Estos recién llegados, algunos con muy escaso bagaje de votos, quieren cambiar la historia de España (y del mundo) a su antojo y conveniencia sin tener en cuenta la inmutabilidad del pasado, de igual manera que Lea y Raquel -esposas de Jacob- o las hermanas de Lázaro Marta y María, han pasado a la historia por sus actos que ya nunca podrán ser modificados; y por eso Catón seguirá siendo siempre sobrio y estoico y Lucrecio hedonista y epicúreo. 

Estos indignados contra la historia reciente de nuestra nación -e indignados igualmente con todos los que no piensen como ellos-  pretenden cambiar el pasado a golpes de falsedades repetidas, de desprestigios personales a sus predecesores en el gobierno de España, de acusaciones infundadas, de insultos groseros, de reiterar mantras hipnotizadores en las redes sociales y en las televisiones predispuestas para adocenar electoralmente a los mas insatisfechos con promesas incumplibles al mas puro estilo de los caudillos bolivarianos, esos que han llevado a la ruina a sus propios países en pocos años.

 “Todo está descarriado” afirma Adso, quien agradece haber tenido un maestro que le infundió el deseo de conocer La Verdad “y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero.”

En estos tiempos poco importa la verdad y la rectitud en la vida y mucho menos en la esfera política. Están la mayoría de los responsables de los partidos (las excepciones son extraordinarias) tan pendientes de ellos mismos, tan metidos en su rígido papel maché de figurones cual ninots parlanchines que peroran con la misma sinceridad que lo hacen los muñecos de los ventrílocuos: cada día mueven la quijada guiados por una mano distinta que les hace decir el discurso según convenga.

Da vergüenza ajena observar como estos servidores públicos se creen poco menos que elegidos para la gloria y al momento de pisar el Parlamento han comenzado una grotesca interpretación de peleas de gallos donde el arbitraje no existe y gana el gallo que revienta al oponente.

Es bochornosa la actitud altiva y prepotente de algunos líderes de partidos políticos sin experiencia democrática que deambulan rapiñando ministerios, pero más desoladora es la borreguil condescendencia de los representantes de los partidos que han sido mayoritarios durante muchos años que se pliegan cobardemente y se arrugan sobre si mismos sin tener el coraje de superar desavenencias personales para sacar a España del atolladero, desoyendo el mensaje de las urnas que no es sino el mensaje de los votantes, una enorme mayoría de votantes, que cada día nos sentimos mas decepcionados con lo que estamos viendo.  

Me temo que al final no nos quedará otra que asistir impávidos a ver nuestro mundo patas arriba dirigido por ciegos que conducen a una gran mayoría de ciegos a ver bailar a los bueyes y a escuchar tocar la lira a los asnos.

“Tal vez el mayor peligro para el totalitarismo sea la persona que toma su ideología literalmente” Slavoj Zizek (1992)

Así no va…